“La masa monetaria argentina creció 575.000 millones de pesos en 2020”

“La masa monetaria argentina creció 575.000 millones de pesos en 2020”

29/03 EL PAÍS continúa con una serie de conversaciones con los encargados de manejar las reservas financieras de los países de América Latina. En esta entrega, Miguel Ángel Pesce, al frente del Banco Central argentino, explica cómo enfrenta el desafío de mantener a raya el valor del peso cuando el país no tiene acceso al crédito externo

Miguel Ángel Pesce (Buenos Aires, 1962) preside el Banco Central argentino desde el 10 de diciembre de 2019. Ha sido uno de los ejecutores de la estrategia financiera para hacer frente a la pandemia en un país cuya economía se encontraba en una situación crítica ya antes del coronavirus. Pesce afirma que, sin acceso a mercados de crédito, la emisión de dinero necesaria para hacer frente a la crisis fue muy alta (la masa monetaria creció 575.000 millones de pesos) pero ha sido parcialmente esterilizada gracias a su colocación en instrumentos de ahorro. El presidente de la entidad emisora asegura en un cuestionario por correo que las entidades bancarias argentinas son solventes.

Pregunta. ¿Qué porcentaje de la emisión monetaria puede atribuirse a las necesidades creadas por la pandemia? ¿Cuál sería la cifra total?

Respuesta. La pandemia de la covid-19 encontró a la economía argentina en una severa crisis de sobreendeudamiento público y privado, con grandes desequilibrios macroeconómicos y una situación social acuciante. Argentina, sin acceso al mercado internacional de crédito y con un mercado de capitales interno poco desarrollado y dañado por el período de inestabilidad previo, tuvo que diseñar una estrategia con los instrumentos disponibles. Las medidas fiscales para hacer frente a la pandemia ascendieron en 2020 a 1,13 billones de pesos, lo que representó el 4,2% del Producto Interior Bruto (PIB). La financiación al Tesoro mediante adelantos transitorios y transferencias de utilidades desde el 20 de marzo [inicio del confinamiento estricto] hasta fin de año ascendió a 1,78 billones de pesos (6,6% del PIB) y en todo 2020 fue de dos billones (7,4% del PIB). El 64% del financiamiento del Banco Central al Tesoro puede atribuirse a las necesidades de la pandemia.

P. ¿Cuánto ha crecido el dinero circulante?

R. El circulante en poder del público acumuló, desde el 20 de marzo hasta fin de año, un crecimiento nominal del 52%, equivalente a una subida del 16,4% una vez descontada la inflación. El fuerte aumento del circulante estuvo vinculado a las medidas de aislamiento social y a la demanda de dinero por precaución en un contexto de alta incertidumbre. Ese crecimiento del dinero en circulación respondió a las medidas de emergencia desplegadas por el Gobierno, para evitar disrupciones en la cadena de pagos y sostener los ingresos de las familias. Esa transferencia de recursos se dirigió fundamentalmente hacia los sectores sociales más vulnerables, propensos a utilizar el pago en efectivo.

P. ¿Qué medidas se han adoptado para esterilizar esa enorme emisión monetaria y evitar nuevas tensiones inflacionarias?

R. La masa monetaria creció 575.000 millones de pesos durante 2020, el primer año de pandemia. El 44% de esa expansión de la base monetaria fue esterilizado con su colocación en letras de liquidez (Leliq) y pases pasivos. Esos instrumentos de ahorro pagaron un interés promedio del 36% en 2020. El pago de intereses en términos nominales fue tan sólo un 4% superior al registrado en 2019.

P. ¿Cuál ha sido el efecto sobre los tipos de interés?

R. Para incentivar el ahorro en pesos es fundamental que las tasas de interés que reciben los depositantes ofrezcan rendimientos acordes con la inflación. Esto, a su vez, contribuye a preservar la estabilidad financiera y el tipo de cambio respecto al dólar. Actualmente las tasas de los depósitos a plazo fijo son del 44% anual para ahorros de personas físicas de hasta un millón de pesos, y del 40% anual para el resto.

P. ¿Ha cambiado la pandemia el funcionamiento del sistema bancario?

R. Hubo que tomar diversas medidas. Durante el periodo de mayores restricciones se garantizaron las operaciones cambiarias mayoristas y las licitaciones de letras de liquidez. También se mantuvo el funcionamiento de las cámaras electrónicas de compensación. Las operaciones bancarias presenciales disminuyeron mucho, pero hay que destacar que a lo largo de 2020 se abrieron más de ocho millones de nuevas cuentas. Los programas del Gobierno para atenuar los efectos negativos de la pandemia, como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción, junto a la necesidad de utilizar servicios financieros digitales, explican gran parte del aumento histórico, el mayor en 20 años, en el número de cuentas bancarias. El conjunto de las transferencias electrónicas medidas por adulto se incrementó un 122%. El creciente uso del teléfono celular como medio de pago o billetera electrónica determinó un aumento del 246% en este tipo específico de transferencias.

P. ¿Ha afectado la pandemia la solvencia de las entidades bancarias?

R. No ha habido sobresaltos. Eso fue posible por el importante nivel de coberturas previamente constituidas por el sector (altos niveles de liquidez, provisionamiento y de capital regulatorios) para afrontar posibles situaciones de tensión. Por otra parte, se suspendió, en línea con las iniciativas de otros bancos centrales, la posibilidad de que los bancos distribuyeran beneficios a sus accionistas ante el escenario de pandemia. También se abrió la posibilidad de que las cuotas impagadas fueran transferidas al final de la vida de los préstamos, generando solamente intereses compensatorios. Gracias a ello, el porcentaje de préstamos en situación irregular fue a finales de 2020 del 3,9%.

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