La marcha por el cambio en Cuba da un vuelco con el giro en la estrategia de su impulsor

La marcha por el cambio en Cuba da un vuelco con el giro en la estrategia de su impulsor

11/11 El principal impulsor desconvoca la manifestación del 15 de noviembre en La Habana y marchará solo un día antes

Cambio radical de estrategia de los principales organizadores de la llamada Marcha Cívica por el Cambio, convocada por la plataforma opositora Archipiélago para el próximo 15 de noviembre, y declarada ilegal por el Gobierno. El principal líder de Archipiélago, el dramaturgo Yunior García, emitió este jueves una declaración en la que asegura que las presiones del Gobierno estos días han sido brutales y que, para evitar que desde el poder se ejerza violencia contra los manifestantes, o que estos sean enviados a la cárcel por participar en la protesta, ha decidido marchar él en solitario en La Habana un día antes “en representación de todos los ciudadanos a los que el régimen ha privado de su derecho a manifestarse”. A los cubanos que aún así quieran salir a las calles el 15-N, les exhortó a no “poner en riesgo su integridad física y la de otras personas”.

“No seré yo quien impida al resto de los manifestantes dentro de Cuba el ejercicio de sus derechos, ni el 15, ni el 16, ni el resto de los días”, dijo el activista. “Solo les pido humildemente a todos que evitemos cualquier tipo de enfrentamiento violento, toda acción que genere represión, todo acto que los coloque en situación de peligro. Que cada quien encuentre maneras ingeniosas y pacíficas para lograr expresarse sin dar pie a que se desate la violencia contra ellos, contra nadie, absolutamente”.

La anulación de la convocatoria de la marcha como estaba prevista —a una hora y en un itinerario preciso el 15-N en La Habana y diversas ciudades del país—, llega después de varias semanas de arremetida oficial contra los organizadores, que han denunciado una campaña de presiones sin precedentes, con actos de repudio, ofensivas mediáticas de descrédito, arrestos arbitrarios, intimidaciones a las familias, despidos laborales, condenas ejemplarizantes a los detenidos durante las protestas del 11 de julio y amenazas de que si ese día salen a la calle serán sancionados severamente por diversos delitos, incluido el de sedición, que puede conllevar penas de 20 años de cárcel.

El miércoles, el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, fue tajante al declarar ante el cuerpo diplomático que el Gobierno no tolerará de ningún modo una marcha que considera una provocación subversiva, fraguada, organizada y financiada por EE UU. “Cuba tiene el derecho de protegerse frente a la agresión de EE UU y el deber de salvaguardar la paz, la estabilidad y la tranquilidad que EE UU desea alterar”, aseguró Rodríguez, pidiendo a los embajadores ecuanimidad y distancia. “Sé que algunos de los diplomáticos sufren hoy la presión, a veces pública y personal, para que se sumen a estos actos de desestabilización, y también sé que no lo harán porque son respetuosos con la convención de Viena”, indicó el Canciller.

Archipiélago y Yunior García han rechazado frontalmente las acusaciones gubernamentales de “mercenarismo” y de servir a los intereses de Washington, exponiendo que la marcha cívica —convocada para exigir “la liberación de todos los presos políticos, el fin de la violencia, que se respeten todos los derechos de todos los cubanos y la solución de las diferencias a través de vías democráticas y pacíficas”—, fue desde un principio una iniciativa genuina, nacida en Cuba producto del malestar popular debido a las penurias económicas y la falta de libertades políticas.

“El Gobierno de los Estados Unidos sabe perfectamente que no tiene ninguna relación con Archipiélago o con la marcha. Nuestra plataforma aspira de manera irrenunciable a que nuestros conflictos internos sean resueltos sin injerencias”, expresó García en su comunicado, en el que señala que al principio la manifestación fue convocada el 20 de noviembre, a lo que el Gobierno respondió anunciando unas maniobras militares ese día. Cuando Archipiélago reaccionó cambiando la fecha al 15-N, las autoridades declararon ilegal la marcha y, recordó García, anunciaron la reapertura del curso escolar ese día, con fiestas infantiles en las calles.

“El Gobierno ha usado, para disuadirnos de ejercer un derecho legítimo, al ejército, a la Seguridad del Estado, a los intendentes, a la Asamblea Nacional (…) a sus paramilitares y sus palos con clavos en la punta, a toda la prensa oficialista, a la Fiscalía, e incluso a los niños. Esto último es verdaderamente intolerable y supera todos nuestros límites. Ya resultaba exagerado declarar movilizaciones militares, pero hacer una fiesta popular con la presencia de niños en las calles, es la demostración más evidente de hasta dónde están dispuestos a llegar para evitar la marcha. Sabemos todo lo que están preparando contra nosotros ese día”, expresó el dramaturgo en su declaración.

Yunior García aseguró que, tras consultar su decisión con otros miembros de Archipiélago, decidió marchar él en solitario el domingo 14 de noviembre “en nombre de todos los ciudadanos a los que el régimen ha privado de su derecho a manifestarse el 15N”. “Caminaré en silencio a las tres de la tarde por la avenida 23 del [barrio del] Vedado habanero, desde el Parque Quijote hasta el malecón, portando únicamente una rosa blanca. Y esto no es un acto de heroísmo, es un acto de responsabilidad”, señaló.

Originalmente, la manifestación en la Habana estaba convocada en el malecón, el paseo del Prado y el Parque Central, donde se depositaría una ofrenda floral en la estatua del héroe Nacional de Cuba, José Martí, muy cerca del Capitolio, donde fueron mayores las protestas ocurridas el pasado 11 de julio. En otras ciudades donde Archipiélago convocó marchas el 15-N, como Santa Clara, también sus organizadores decidieron cambiar de estrategia y pidieron a la gente que expresase su apoyo vistiéndose ese día de blanco y saliendo a la calle, pero sin desfilar por una ruta determinada. También la plataforma ha hecho un llamado para una cacerolada de protesta los días 14 y 15 de noviembre.

Todavía es una incógnita lo que sucederá en los próximos días. Pero, con independencia de si hay o no caceroladas, enfrentamientos o protestas en las calles, parece claro que la sacudida del tablero político cubano no es coyuntural, y que la agitación y el movimiento continuará.

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