La leche y otros malos presagios

La leche y otros malos presagios

El proteccionismo habla de las miserias del Mercosur y de un mundo timorato, que no reconoce ni las causas de su opulencia
El último pujo proteccionista de Brasil, esta vez ante la industria lechera, exhibe impúdicamente las miserias del Mercosur. La amenaza del vecino también aumenta al escepticismo que campea respecto a un eventual acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, cuya política agraria es un muro insuperable.
 
Brasil considera excluir la leche en polvo del libre comercio con Uruguay y Argentina, reveló su ministro de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento. La razón es el lobby que ejercen los productores lecheros de Brasil, que se concentran en los estados de Rio Grande do Sul y Minas Gerais, de clima más templado.
 
Entre enero y julio de este año, Brasil importó más de 18.000 toneladas de leche en polvo entera desde Argentina y unas 35.000 toneladas desde Uruguay. Los productos lácteos uruguayos tienen libre acceso al mercado brasileño, en tanto los argentinos están limitados por cupos. El ministro desea negociar para los lácteos un régimen especial, tal como existe para el azúcar y los automóviles, aunque no hay que descartar que la amenaza sobre la leche sólo sea usada como moneda de cambio por otros asuntos.
 
La industria lechera es el cuarto sector exportador de Uruguay, y coloca en el exterior alrededor del 70% de lo que produce. Conaprole fue la principal empresa exportadora en 2016, por octavo año consecutivo. 
 
Los productores lecheros uruguayos, que son unos 3.000 y extraen más de seis millones de litros por día, lo están pasando mal. El precio de la tonelada de leche en polvo entera, que rozó los US$ 6.000 en 2013, cayó a menos de US$ 1.600 y ahora se estabilizó por encima de US$ 3.100. A la volubilidad de los precios se suman los altos costos internos medidos en dólares: combustibles, electricidad, maquinaria, insumos.
 
La demanda mundial por lácteos crece en forma constante, impulsada por China, pero la producción ha ido más deprisa: aumentó más de 50% en los últimos 30 años. Los países con mayores excedentes son Nueva Zelanda (la pequeña gran potencia produce casi diez veces más que Uruguay), Estados Unidos, Alemania, Francia, Australia e Irlanda.
 
Brasil se convirtió en el primer mercado para los lácteos uruguayos tras la desaparición de los negocios políticos con Venezuela, que compraba a precios muy altos. En 2017 los brasileños están adquiriendo las tres cuartas partes de las colocaciones uruguayas de leche en polvo, que sin embargo representan apenas el 0,6% de su consumo.
 
El proteccionismo brasileño es proverbial. No importan los tratados internacionales: siempre falta alguna oficina, algún papelito, algún geitinho. Desde tiempos del imperio, nadie hace negocios allí si no se asocia con empresarios y políticos locales.
 
Dos siglos de Revolución Industrial y creciente integración económica sacaron de la miseria a la gran mayoría de los pobladores del planeta, como nunca antes en la historia. Nunca la Humanidad fue tan numerosa, ni vivió tan largo, ni dispuso de tantos alimentos, medicinas, bienes materiales y libertades.
 
Pero ahora el mundo está lleno de miedos y malos presagios, como la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, o la elección de un personaje basto y nocivo como presidente de Estados Unidos. Ya no son necesariamente los anglosajones los que encarnan las virtudes del libre comercio sino también China, hacia donde se desplaza el centro de gravedad.
 
Desde hace casi dos décadas el Mercosur y la Unión Europea negocian un acuerdo de libre comercio que, sin embargo, ninguna de las partes parece desear sinceramente. Las tendencias proteccionistas son muy fuertes en Brasil y Argentina, que contribuyen a explicar su atraso relativo, mientras Chile ha sacado enormes ventajas con el acuerdo que firmó en 2002. Por su parte la Unión Europea, esa fabulosa creación política de posguerra, que en conjunto representa la primera economía mundial, no está dispuesta a los enormes cambios que producirían su asociación con los gigantes exportadores de alimentos de Sudamérica.
 
A simple vista, las economías de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay acoplan mejor con las de países asiáticos como China, Japón o Corea del Sur, productores de tecnologías e importadores de alimentos y materias primas. Pero no habrá pasos decididos en esa dirección ni en ninguna otra.
 
El Mercosur carece de liderazgo y de convicción integradora, tanto como para mantener sus aduanas internas y perseguir el paso de leche o arroz.
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