La Isla de Pascua y las Islas Malvinas, rincones remotos del planeta en guardia ante el coronavirus

La Isla de Pascua y las Islas Malvinas, rincones remotos del planeta en guardia ante el coronavirus

En la Isla de Pascua, con dos casos confirmados, sus habitantes dependen casi totalmente del turismo, hoy inexistente. Los políticos creen que en un mes sectores importantes de la población estarán pidiendo comida en las calles.

Son poco más de 6.000 personas repartidas en los confines del planeta, dos sitios bien conscientes de los peligros del coronavirus, aunque con grandes diferencias: si entre los 3.200 habitantes de las Islas Malvinas prima el respeto, entre los 3.000 de la Isla de Pascua predomina el temor, un fuerte temor.

La Isla de Pascua, conocida también como Rapa Nui por sus habitantes originarios, ya tiene dos casos, mientras que las Malvinas aún no registran ninguno. En Hanga Roa, la capital de la remota isla polinesia en medio del Océano Pacífico, hay enojo con las autoridades de Chile, país al que pertenece la mítica tierra de los moais, esos enormes rostros tallados en piedra cuyo origen se remonta a siglos.

"Tengo una comunidad que está protestando en la calle. ¿Qué esperan en el gobierno?". La frase es de Pedro Edmund, alcalde de Pascua y la máxima autoridad de la isla. Lo dijo a mediados de marzo, cuando en su comunidad no había aún ningún caso. Los pascuenses presionaban para que en Santiago, la capital del país, a 3.500 kilómetros de distancia, se cortaran los vuelos que unen la isla con Chile y con Tahití, una posesión de ultramar francesa, porque el virus ya estaba en ambos sitios. El ambiente trocó hoy en resignación y enojo: el virus llegó finalmente a la isla, y no precisamente por avión.

"Tenemos un caso positivo que no es posible trazar, que no corresponde a una persona que llegó de alguna otra parte recientemente a Isla de Pascua, sino que es un caso originado localmente", admitió recientemente el ministro de Salud de Chile, Jaime Mañalich. "El hecho de que haya sido una persona local, sin contacto con visitantes a la isla, solo hace pensar que la enfermedad puede estar más extendida de lo que sabemos", se lamentó Edmunds. Luego se confirmaría un segundo caso, y otros tantos están en estudio. La isla y sus habitantes dependen casi totalmente del turismo, una actividad inexistente hoy, y que seguirá sin volver hasta que la emergencia sanitaria no haya entrado en vías de solución. Los responsables políticos de la Isla de Pascua creen que en no más de un mes sectores importantes de la población estarán pidiendo comida en las calles. Hoy, Rapa Nui vive en cuarentena total y con toque de queda entre las dos de la tarde y las cinco de la madrugada.

La situación es diferente en las Malvinas, un archipiélago a 500 kilómetros de la costa argentina cuya soberanía reclama Buenos Aires desde hace casi 200 años. Las islas, barridas constantemente por el viento y en las que el verano es casi inexistente como estación, gozan de un alto bienestar económico y nivel de vida que, paradójicamente, deben agradecer en buena parte a los argentinos: fue la Guerra de las Malvinas lo que hizo que a partir de 1982 Londres se ocupara de esas islas que tenía en el olvido. La pesca, la minería y la agricultura, y algunos cruceros turísticos rumbo a la Antártida, sostienen la economía de las Malvinas, que se niegan con especial orgullo a casi cualquier vínculo con la Argentina.

"El Gobierno de las Islas Falkland (Malvinas) ha puesto en marcha un plan sólido para tratar con COVID-19. Cuando haya problemas que requieran apoyo adicional, trabajaremos con el gobierno del Reino Unido", respondieron las autoridades de las islas a Buenos Aires cuando el gobierno argentino les ofreció ayuda ante la crisis.

Sin capacidad aún para hacer los análisis de coronavirus, las Malvinas deben enviar las muestras a Londres, a 13.000 kilómetros de distancia, pero el único sitio del mundo con el que tienen conexión aérea, ya que los vuelos que había a Chile y Brasil con escala en Argentina fueron cancelados. Los 28 casos testados hasta ahora dieron negativo.

Refugiados en sus casas, los malvinenses se las ingenian para pasar la cuarentena. Es el caso de Lisa Watson, la directora del único periódico local, el "Penguin News". Joven y deportista, aunque asmática, Watson está considerada persona con riesgo alto de cara al virus. No puede ir a escalar montañas con sus amigos, como hace habitualmente. ¿Solución? Se construyó una palestra en las paredes internas de la casa. Trepa, escala y cae sobre colchones convenientemente preparados. Una y otra vez, mientras ella y sus coterráneos esperan que el Covid-19 se olvide de uno de los territorios más aislados del planeta.

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