La fiebre del éxodo en Argentina: "Me quiero ir ya, no aguanto más"

La fiebre del éxodo en Argentina: "Me quiero ir ya, no aguanto más"

28/09 - 20:37 - Las clases altas buscan sacar su dinero y sus negocios de un país con cada vez mayor presión fiscal, mientras las clases medias miran hacia Europa, EEUU, Australia o incluso al vecino Uruguay, donde ya se han instalado unos 25.000 argentinos y no se aceptan pesos

La baja autoestima no es exactamente lo que define a un argentino, pero en las últimas semanas el país viene encadenando una serie de tropiezos que contribuyen a un ambiente de pesimismo que no se daba desde la gran crisis de 2001. Y, como entonces, el deseo de irse del país se convierte en un tema de conversación habitual para buena parte de una clase media con las esperanzas y la autoestima en el sótano.

"Me quiero ir ya, no aguanto más". La frase se repite en todas las redes sociales (gran pasión argentina), y si el éxodo no llegó aún a niveles impactantes es porque el país se encamina a su séptimo mes de fronteras cerradas y tráfico aéreo internacional casi nulo. Las clases altas buscan sacar su dinero y sus negocios de un país con cada vez mayor presión fiscal, mientras las clases medias miran hacia Europa, Estados Unidos, Australia o incluso Uruguay. Se preparan para cuando se reabran las fronteras.

La pasión por lo que pueda ofrecer Uruguay, a simbólico tiro de piedra en la orilla de enfrente del Río de la Plata, es por momentos desmedida y asombrosa. El Gobierno de Luis Lacalle Pou viene ofreciendo incentivos para que familias argentinas se instalen en el país, y durante la cuarentena aún vigente ya son 25.000 los que se radicaron allí gracias a que tenían la nacionalidad, la residencia o una empresa ya instalada allí.

Objeto de insistentes informes en la televisión argentina, Uruguay contrasta con la presión ambiental en un país en el que el diálogo político (y por lo tanto las soluciones) está bloqueado desde hace demasiado tiempo. Argentina agota por momentos: la tensión se respira en el aire e impacta inevitablemente en la sociedad. Uruguay, tan parecido y tan cercano al vecino en tantas cosas, funciona de otra manera. Y por eso atrae, aunque el orgullo argentino salga magullado.

En los últimos días se supo que Uruguay, ese pequeño país al que muchos argentinos describen en broma como una provincia propia, no acepta pesos. Ningún problema en Montevideo o Punta del Este con los reales brasileños, pesos chilenos o guaraníes paraguayos, pero el desprecio es palpable hacia el peso argentino, que viene sufriendo una incesante pérdida de valor en los diez meses de gobierno del peronista Alberto Fernández tras varias devaluaciones durante el de Mauricio Macri.

"¿Qué ha pasado en la Argentina para que su peso sea una molestia más que una reserva de valor o un medio de pago?", se preguntó Nelson Fernández, reconocido periodista uruguayo.

"NO HAY UN FUTURO CLARO"

Una de las novedades del nuevo éxodo de Argentina es que inmigrantes que llegaron hace unos años hoy quieran dejar el país ante la sensación de que no es un lugar para labrarse un futuro. "Yo vine en su momento para especializarme en pediatría. Me encanta el país, es un gran país, pero la economía es imposible", explicó a EL MUNDO.es Felipe Segura Tirado, médico colombiano de 33 años. "No es rentable quedarse en la Argentina, el sistema está hecho para que la clase media se vuelva pobre y no salga de ahí. No se puede ahorrar en la moneda del país, no hay posibilidad de una estabilidad. Los años van pasando y sé que me voy a agotar. El país no me da las herramientas para acceder a algo más. Siento que no hay un futuro claro".

Esa certeza de alguien que conoce la Argentina desde hace relativamente poco es mucho mayor entre los que pasaron toda su vida en el país. Y las últimas semanas no ayudan precisamente a que cambien de idea. Que un diputado nacional renunciara a su escaño tras vérselo en plena sesión vía "zoom" besando los senos de una novia a la que contrató como asesora solo profundizó en unos cuantos la convicción de que irse es el mejor camino.

No en todos. Mateo Salvatto, un especialista en robótica de 21 años, viene haciendo campaña para que sus compatriotas dejen de mirar el aeropuerto internacional de Ezeiza como su salvación. "Ezeiza no es la salida", repite insistentemente Salvatto, que le ve un enorme potencial al país pese a la inflación indomable, la desocupación y la pobreza en ascenso y el llamativo estilo de un Gobierno que por momentos atrasa décadas en sus propuestas e intentos de soluciones. Una de las últimas frases del presidente Fernández generó una gran polémica: "Lo que nos hace evolucionar o crecer no es verdad que sea el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años. El más tonto de los ricos tiene más posibilidades que el más inteligente de los pobres".

Que la máxima autoridad del Estado no crea en el valor del mérito y del esfuerzo individual terminó de decepcionar a no pocos argentinos, incluso a algunos de sus votantes. En ese ambiente espeso y de depresión, las historias de argentinos que dejaron el país y lograron iniciar una nueva vida en el extranjero son día tras día de las más leídas en los medios locales.

DE BUENOS AIRES A VIGO

Se destacó la de Verónica Kleiman, que dejó el país junto a su esposo y dos hijas para instalarse en Vigo. "No ahorro miles de euros al mes, pero vivo bien. Me doy gustos que en Argentina no podía darme. Camino tranquila por la calle, no me preocupo por la subida de precios, no me preocupo por los paros, no me vuelvo loca con los cortes y el tránsito de Buenos Aires", dijo Kleiman a Infobae.

"No todos deberían emigrar. No es algo que uno debe hacer sino algo que quiere y puede hacer. Pero a los que están en esa duda: háganlo. ¿Son arquitectos, abogados, médicos y tienen miedo a lavar copas? Sepan que cualquier lava copas tiene una calidad de vida superior a las suyas", añadió.

El fenómeno mediático de las historias de los que se fueron se complementa con otro que consiste en buscar extranjeros que residen en el país para que cuenten cómo es posible que hayan elegido la Argentina. El subtexto es sencillo: ¿cómo es que dejaron un país del "primer mundo" para instalarse en uno que no funciona? Si eso no es tener la autoestima baja, se le parece bastante.

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