La factura medioambiental de exportar materias primas para salir de la crisis

La factura medioambiental de exportar materias primas para salir de la crisis

La deforestación de la Amazonia para los nuevos campos de cultivo parece estar detrás de la actual sequía

Los gobiernos latinoamericanos tienen una gran oportunidad para aprovechar la bonanza de las materias primas y aumentar así sus ingresos tributarios, una fuente de ingresos muy útil para afrontar una crisis fiscal emergente, ya que existe un peligro real de insolvencia en la deuda soberana en diversos países, como ya ha ocurrido en Argentina y Ecuador.

Pero una recuperación basada en las exportaciones de commodities no será muy solida, advierte Elias Jabbour, economista de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. “No generará una recuperación con fuerza porque, por ejemplo, el sector agropecuario no genera efectos de encadenamiento en el resto de la economía ni genera empleo ni una renta insuficiente para mantener la economía en pie, para eso necesitamos una base industrial sólida e inversión productiva”, señala.

Consecuencias económicas
Tras sortear la crisis del 2008, los precios se desplomaron y llevaron a la región a la recesión
Hay otro problema: los precios de las materias primas son muy volátiles. A principios de la década pasada muchos gobiernos latinoamericanos consideraban que habían salido ilesos de la crisis financiera del 2008-2011 gracias a la demanda china de sus commodities . Pero entre el 2013 y el 2015 los precios se desplomaron, empezando por el petróleo, y la región atravesó una de las peores recesiones de la historia.

La Unctad , agencia económica de las Naciones Unidas, recomienda adoptar medidas fiscales contracíclicas, como fondos de contingencia que puedan ser utilizados en momentos de crisis. Pero en estos momentos de crisis y hambre en América Latina será difícil pensar en el futuro .

Medio ambiente
El escaso caudal de los ríos amenaza también de provocar una crisis energética
El problema principal de basar una estrategia de crecimiento económico en las materias primas, sin embargo, se ve en el mismo río Paraná, rodeado del nuevo paisaje de los cultivos de soja. El gigantesco río discurre a diez metros por debajo de su nivel normal y enormes rocas antes sumergidas dibujan un paisaje lunar. El río, de 4.880 kilómetros, ha perdido el 50% de su colosal caudal debido a la larga sequía en el centro y norte de Brasil . Otros ríos, como el Paraguay –que cruza desde Brasil a Asunción pasado por otras regiones de soja– y el Madeira, en la Amazonia, también están sufriendo los efectos del descenso de la lluvia en partes extensas de la enorme superficie brasileña

Esto puede parecer un problema para medioambientalistas, y no para los economistas, que buscan una recuperación como sea en América Latina. Tal vez los asesores de Jair Bolsonaro piensen así. Pero en realidad, la sequía es de importancia vital para la economía brasileña. Primero porque el bajo nivel de los grandes ríos está creando problemas logísticos para el transporte fluvial. Esto es especialmente problemático dada la mala calidad de a infraestructura viaria y la casi ausencia de ferrocarriles. Segundo, porque amenaza con provocar una crisis energética debido a la dependencia del suministro eléctrico brasileño de centrales hidroeléctricas como la gigantesca represa de Itaipú, a solo 20 kilómetros de Ciudad del Este, en Paraguay. Crecimiento económico sin energía es imposible.

Lo más grave es que la pérdida de precipitaciones, con toda probabilidad a causa de la deforestación en la Amazonia y sus alrededores para allanar el terreno para ganado y soja, es un a amenaza precisamente para los productores de estos cultivos. “La soja necesita mucha agua y no se puede cultivar en cualquier lugar”, dice el productor sojero paraguayo Karsten Friedrichsen.

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