La derecha clásica bate a Marine Le Pen y gana en las regionales francesas

La derecha clásica bate a Marine Le Pen y gana en las regionales francesas

En Provenza Alpes Costa Azul (PACA), el presidente saliente, Renaud Muselier, machacó al aspirante de la extrema derecha, Thierry Mariani: 56% frente a 44%

Los franceses confirmaron en la segunda vuelta de las regionales el triunfo de la derecha clásica. Incluida en Provenza Alpes Costa Azul (PACA), la región que Marine Le Pen soñaba con gobernar. Amargo despertar. El presidente saliente, Renaud Muselier, machacó al aspirante de la extrema derecha, Thierry Mariani: 56% frente a 44%, según un sondeo de IFOP para BFMTV. Sus tenores, envalentonados, se aprestan a pelear por la presidencia de la República.

Dos minutos después del cierre de las urnas, Xavier Bertrand, exultante tras su victoria en Altos de Francia, compareció con un discurso de candidato a la presidencia. "Este resultado me da la fuerza de ir al encuentro de todos los franceses. Mi objetivo es que el trabajo permita vivir dignamente para criar a los hijos. Mi prioridad son las clases medias y las categorías populares, a los que aplaudíamos durante el primer confinamiento antes de olvidarlos de nuevo".

Laurent Wauqiez, vencedor en Auvernia estuvo menos vibrante y más sonriente. Con la misma ambición aunque menos directo: "Siempre se gana permaneciendo fiel a sus principios". Y citó expresamente, "la seguridad y el rechazo del comunitarismo", La tercera aspirante, Valérie Pécresse, ganadora en Isla de Francia centró su discurso en la región

El sondeo citado atribuye a la derecha un 38% de votos a escala nacional, la izquierda y los ecologistas resisten bien (34,5) y conservan su perímetro de poder. La extrema derecha encaja una derrota sin paliativos (20,5%) y los fieles al presidente de la República, Emmanuel Macron, se quedan en un escuálido 7%. Eso sí, la abstención siguió batiendo récords.

Pero lo más significativo es la derrota de la extrema derecha. Que pone en entredicho la estrategia de normalización de la líder de la extrema derecha. Cambiaron el nombre del partido de Frente Nacional a Reunión Nacional (RN); reconocieron errores pasados como querer salir del euro; limaron toda salida de tono referida al Holocausto, se comportaron como leal oposición durante la epidemia de Covid...

...Y se dejaron mecer por los sondeos presidenciales que sitúan a Le Pen en cabeza (26%) en un duelo con el presidente Emmanuel Macron (25%). La derecha, en tercer lugar; la izquierda, detrás. Muy detrás. Habrá que esperar a nuevas encuestas. De momento, el castillo de naipes de Le Pen ha volado por los aires: pinchó en primera vuelta. Y no ha podido conquistar la PACA, donde su candidato, el ex gaullista Mariani, amigo de Bashar Asad y de Putin, iba a ser el escaparate de su gobierno futuro. Muselier, un conservador turbio como casi toda la política de PACA con apoyo de los partidarios de Macron desde la primera vuelta y con la retirada de la izquierda en la segunda obtuvo un triunfo rotundo.

Marine Le Pen compareció para despejar dudas: "Estoy más decidida que nunca a poner toda mi energía en rehabilitar la política. La elección presidencial permite cambiar de política. Emplazo a todos los franceses a construir la alternativa que necesita Francia".

MACRON, UN LÍDER SIN PARTIDO

Ni el presidente de la República que siguió la velada electoral en petit comité ni el primer ministro, Jean Castex, que compartió la noche con varios ministros, hicieron ningún comentario. Ni on ni off the record. Silencio, pasemos a otra cosa. Tras sus desastrosos resultados en la primera vuelta, disimulan cómo si la cosa no fuera con ellos. Pero sí va, claro. Hasta el punto que Emmanuel Macron pudo elegir entre tres papeletas en Le Touquet (Altos de Francia): la del conservador Bertrand, futuro rival, la de la izquierda y la de la extrema derecha. El Elíseo dijo con la boca pequeña que había votado "en republicano".

Los tres tenores de la derecha, que se aprestan a pelear por la presidencia de la República, confirmaron su solidez electoral. Laurent Wauquiez obtuvo una rotunda victoria (55%) en Auvernia. Xavier Bertrand no le anduvo a la zaga (53%) en Altos de Francia, con el mérito de que el propio Macron lanzó a sus tropas contra él. También Valérie Pécresse se impuso (45%) en la Isla de Francia, la región parisina, contra una lista unificada de la izquierda que no sumó más junta que por separada (33%).

Si sumamos otras victorias menos mediáticas y la reseñada en la PACA pueden jactarse de ser la fuerza mejor implantada de Francia. El polo opuesto es el gubernamental que ha hecho el ridículo en estas elecciones. Macron es un líder sin partido. Raro, raro. Alegó deberá hacer.

La izquierda salva los muebles. No está para pelear por nuevas conquistas pero conserva sus regiones. Matiz importante, los socialistas tienen que ir haciéndose a la idea de que deben compartir el botín del poder con los ecologistas. Todavía en sus feudos de Occitania y Nueva Aquitania, las dos regiones que limitan con España, el PS pudo bastarse con sus propias fuerzas. En Borgoña y la región Centro, fusionó sus listas con los verdes para asegurar la victoria. Y en el País del Loira, era el candidato ecologista quien lideró la candidatura común de la izquierda.

En Bretaña, los electores pudieron elegir entre cinco listas, caso único. Esta competencia hará que el ganador, el candidato de la izquierda, no disponga de mayoría absoluta en la cámara regional. Las regionales son un escrutinio atípico en el modelo electoral francés, tradicionalmente mayoritario a dos vueltas. Las regionales mantienen las dos vueltas con eliminación de las listas que no alcanzan el 10% en la primera vuelta. El ganador tiene una prima que le garantiza el 25% de los escaños. El resto se distribuye por reparto proporcional por lo que el ganador dispone de la mayoría absoluta de escaños... salvo que concurran más de tres listas.

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