La debacle laborista en el norte de Inglaterra pone a Starmer contra las cuerdas

La debacle laborista en el norte de Inglaterra pone a Starmer contra las cuerdas

Por primera vez en más de 50 años, el partido pierde ante los conservadores el escaño de Hartlepool, bastión pro-Brexit del norte industrial

La debacle laborista en el norte de Inglaterra ha puesto contra las cuerdas al líder del partido, Keir Starmer, que se enfrenta a una revuelta interna en el ala dura y a peticiones de dimisión al cabo de un año de haber sucedido a Jeremy Corbyn.

Por primera vez desde 1964, el Partido Laborista perdió ante los conservadores el escaño de Hartlepool, bastión pro-Brexit del norte industrial. Y lo hizo además de una manera humillante: la candidata tory Jill Mortimer aventajó en 23 puntos (51% a 28%) al aspirante laborista Paul Williams.

La victoria de Mortimer en el tradicional "muro rojo" de los laboristas da alas al "premier" Boris Johnson y supone un tremendo batacazo para Keir Starmer en su primera prueba de fuego electoral. El líder laborista dijo el jueves que asumiría "plena responsabilidad" ante los resultados.

"Si Starmer no cambia de dirección, no solo perderá su puesto, sino que el Partido Laborista nunca llegará al poder", advirtió Andrew Scattergood, co-director de la corriente del ala dura Momentum, que recordó cómo Jeremy Corbyn llegó a capturar el 50% del voto de Hartlepool en 2017.

"Este resultado es un desastre", agregó Scattergood. "Un mensaje transformador y socialista habría servido para ganar otra vez. Pero la estrategia aislacionista y llena de palabras vacías de Starmer ha fallado estrepitosamente".

"STARMER DEBERÍA DIMITIR"

"No hay excusa para lo ocurrido, Starmer debería dimitir", declaró el ex jefe de comunicación de Corbyn, Stebe Howell. "Nunca más podemos mandar un candidato a unas elecciones desnudo, sin un programa claro y sin una visión de la sociedad", declaró por su parte el ex número dos de Corbyn para asuntos económicos, John McDonnell.

A falta de los resultados finales de las elecciones locales en Inglaterra y los parlamentos de Escocia y Gales, el Partido Laborista ambiciona como mucho retener la alcaldía de Londres con Sadiq Khan. Pero esa victoria pírrica no le servirá de consuelo a Starmer, 58 años, que llegó a adelantar a Johnson en las encuestas el pasado otoño (en el momento más crítico de la pandemia) y que se ha desinflado preocupantemente desde que arrancó el año. Su estilo incisivo de fiscal fue efectivo contra Johnson en los primeros careos parlamentarios. Pero su revancha interna contra el sector corbynista y la falta de un mensaje le han pasado factura a la hora de la verdad.

Para Boris Johnson, impulsado por el éxito de las vacunas, estas elecciones locales han sido su desquite personal y la confirmación de su tirón popular en el norte de Inglaterra, frente al ascenso de los partido pro-independencia que pueden lograr la mayoría absoluta en Escocia.

El Partido Conservador confirmó por otra parte su avance en lo que empieza a conocerse ya como el "muro azul" en el noreste de Inglaterra con la victoria en Northumberland, una condado que estaba en manos de los laboristas desde 1970.

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