La cumbre de Libia exige la salida de los mercenarios extranjeros

La cumbre de Libia exige la salida de los mercenarios extranjeros

Año y medio después de una primera conferencia internacional sobre Libia en Berlín, el complicado tablero de intereses nacionales -tanto geoestratégicos como económicos- en torno a este país magrebí sumido en crisis y conflicto desde el 2011 volvió a juntarse ayer en la capital de Alemania. Objetivos declarados de esta segunda conferencia de Berlín sobre Libia, organizada por Alemania bajo los auspicios de la ONU: asegurar la prevista celebración de elecciones el próximo 24 de diciembre; conseguir el desalojo de soldados y mercenarios extranjeros; y reunificar el ejército y cuerpos de seguridad libios tras la fractura provocada por la guerra civil.

“No vamos a cejar hasta que el último combatiente, independientemente de donde provenga, abandone el país”, aseguró en rueda de prensa el ministro alemán de Exteriores y anfitrión de la cita, Heiko Maas. “Esperamos que en los próximos días se retiren los mercenarios de ambos bandos”, dijo la ministra libia de Exteriores de Libia, Najla Mangush, sin dar detalles.

El primer ministro libio, Abdul Hamid Dbeibé, advierte de que la inseguridad pone en peligro la transición

A la conferencia acudieron una docena de países que ya participaron en la primera cita del 19 de enero del 2020 –entre ellos Rusia, Turquía, Estados Unidos, Egipto, Francia e Italia–; organizaciones internacionales (ONU, UE, Unión Africana); y el nuevo Gobierno libio de unidad nacional, formado el pasado febrero a instancias de la ONU. Su primer ministro, Abdul Hamid Dbeibé, afirmó que la inseguridad en Libia pone en peligro la transición: “Hay preocupaciones de seguridad sobre el proceso político debido al control directo y armado que tienen los mercenarios en algunas zonas, la presencia de fuerzas militares con dimensión política ... y la presencia de algunos terroristas”.

Esta vez la conferencia se hizo a nivel de ministros de Exteriores; la de hace año y medio fue de jefes de Estado o de Gobierno. Las expectativas eran tibias, y se consideraba su mero seguimiento ya como un resultado aceptable. El documento final insta a las partes en Libia a asegurar “la implementación completa sin más retrasos” de la retirada de extranjeros, y a los actores internacionales a “respetarla y apoyarla”.

La salida de los combatientes extranjeros ya fue pactada en Berlín en el 2020, pero nunca se materializó. “Quienes se comprometieron la última vez en Berlín a retirar sus fuerzas no lo respetaron”, lamentó el ministro Maas. Ninguno de los países implicados quiere perder influencia en la zona, y está por ver si ahora las cosas van a ser distintas.

El pasado diciembre había en Libia unos 20.000 mercenarios y soldados extranjeros, según estimaciones de la ONU. Se trata de rusos del grupo paramilitar privado Wagner, chadianos, sudaneses y sirios, todos mercenarios, pero también hay soldados turcos. Esta presencia militar extranjera indica cómo el conflicto libio ha sido alimentado también por otros países.

Las formidables reservas de petróleo y gas excitan el interés de países extranjeros
Libia se sumergió en el caos tras la caída y asesinato de Muamar el Gaddafi en el 2011, cuando las facciones y tribus que se habían aliado contra el dictador, apoyadas por la OTAN con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU como misión de protección de civiles, empezaron a combatirse entre sí. Las formidables reservas de petróleo y gas de Libia, convertido en un Estado fallido, excitaron aún más el interés de países extranjeros.

Con los años, Libia acabó seccionada en dos poderes rivales: un Gobierno avalado por la ONU en Trípoli, encabezado por el primer ministro Fayez al Sarraj, que controlaba el oeste; y otro del mariscal Jalifa Haftar, con base en Tobruk y dominio de gran parte del este.

El avance hacia el actual Gobierno provisional surge del fracasado intento durante 14 meses del mariscal Haftar de tomar Trípoli, una ofensiva que lanzó en abril del 2019. Haftar contaba con mercenarios enviados por Emiratos Árabes Unidos, Rusia y Egipto, pero el hombre de Trípoli, Fayez al Sarraj, logró repeler el asedio con ayuda militar turca. Al Sarraj y Haftar habían acudido a la primera conferencia de Berlín de enero del 2020, pero ni siquiera aceptaron estar en la misma sala.

Finalmente, el pasado octubre, en plena pandemia del coronavirus, las dos partes pactaron la actual tregua –que, aunque frágil, está siendo medianamente respetada-; la salida de mercenarios y soldados en un plazo de 90 días –que no se ha producido-; y la formación de un Gobierno provisional hasta unas elecciones con fecha 24 de diciembre. Y las exportaciones de petróleo se reanudaron.

El ministro alemán Maas abogó ayer por un procedimiento de retirada de mercenarios y soldados extranjeros “paso a paso y equilibrado” para evitar que algún actor extranjero cobre ventaja militar sobre el terreno. A finales del pasado abril, la Liga Árabe, la ONU, la Unión Europea y la Unión Africana pidieron de modo conjunto la retirada de fuerzas extranjeras. Pero los diplomáticos de Naciones Unidas temen que la súbita dispersión de tantos hombres armados hasta los dientes se convierta en una nueva amenaza para la región. El presidente de Chad, Idriss Déby Itno, murió en abril tras un enfrentamiento con rebeldes chadianos de Libia.

Libia como puerta hacia Europa
La UE mira a los flujos migratorios
Que Libia vuelva a ser un “Estado funcional” facilitará el control de la migración africana hacia Europa, dijo ayer en Berlín el alto representante de la UE para la política exterior, Josep Borrell, quien subrayó que este “es un problema humanitario y una preocupación” para la UE. Distinta oenegés han alertado repetidamente de que migrantes subsaharianos que intentan alcanzar el continente europeo reciben en Libia trato infrahumano. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, dijo en un videomensaje que esperaba de esta conferencia “plazos claros” hacia la estabilidad de Libia, y pidió el fin del “trágico fenómeno” de los abusos contra migrantes en Libia.

En rueda de prensa conjunta con el ministro de Exteriores alemán Heiko Maas al inicio de la conferencia, el jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken, abundó en el carácter fundamentalmente necesario de las elecciones de diciembre. “Compartimos el objetivo de una Libia soberana, estable, unificada y segura, libre de interferencias extranjeras; esto es lo que se merece el pueblo, y es fundamental para la seguridad regional”, afirmó Blinken, que iniciaba así también una gira europea.

Pero persisten las dudas sobre la voluntad real del Ejecutivo provisional de celebrarlas. A inicios de junio, el exministro libio del Interior, Fathi Bashagha, probable candidato en estas primeras elecciones presidenciales por sufragio directo, emplazó al Gobierno provisional a no retrasar las urnas.

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