La crisis económica de Argentina afecta a las grandes empresas

La crisis económica de Argentina afecta a las grandes empresas

La pandemia impactará el crecimiento de Coca-Cola Femsa, Arca Continental y Alsea en Sudamérica.

Argentina se asoma a una tormenta perfecta. Al estancamiento de la economía que arrastra desde 2012 y una deuda pública por default, se suman ahora los severos impactos de una cuarentena larga.

El cóctel amenaza con provocar el mayor derrumbe económico en la historia del país sudamericano. Luego de la caída récord de 26% interanual registrada por la actividad económica en abril, el promedio de las proyecciones prevé un desplome del Producto Interno Bruto (PIB) cercano a 13% para todo el año.

Sin embargo, el número final dependerá de hasta cuándo se extienda el confinamiento iniciado en marzo en Argentina, para evitar la propagación del coronavirus.

Este escenario está arrastrando a las empresas mexicanas que tienen presencia en Argentina, como Coca-Cola Femsa, Arca Continental, Alsea y Bimbo. Estas compañías redujeron desde hace un lustro su participación y exposición al mercado argentino, apostando por otros países de la región como Brasil, e incluso otras zonas más estables como Europa.

“La situación por la que atraviesa Argentina no es nueva; si bien la volatilidad vista en los últimos meses ha sido importante, las empresas mexicanas ya han reducido su participación desde hace al menos cinco años”, dice Fernando Bolaños, analista de Grupo Financiero Monex.

Terreno peligroso A diferencia de otros países de la región, el país carece de fondos anticíclicos y no tiene acceso al crédito ante la negociación todavía inconclusa con los acreedores para reestructurar la deuda pública. Sin eso, el gobierno está lejos de poder replicar los paquetes de ayuda que pusieron en marcha otros países. Los subsidios a empresas tanto nacionales como extranjeras para moderar los efectos de la pandemia sumaron hasta ahora el equivalente a 4.8% del PIB, una cifra entre dos y tres veces menor a los programas lanzados en Perú, Chile y Brasil.

Pero con una crónica desconfianza en la moneda Argentina tras una larga historia de devaluaciones, esa oleada de pesos amenaza con poner más presión a la cotización del dólar y a una inflación que ronda 43% al año. Fernando Bolaños señala que, en el corto plazo, las empresas mexicanas con actividad en Argentina se verán afectadas tan solo por la depreciación del peso y la alta inflación del país sudamericano.

“Los ingresos en pesos argentinos, convertidos a pesos mexicanos, serán menos, aún si vendes la misma cantidad, expresado en moneda nacional será menor”, dice el analista y agrega que, “en inflación, aunque tienen más margen de elevar precios, no pueden recuperar el total de sus pérdidas”.

En ese marco, las sucesivas prórrogas del confinamiento, sobre todo en Buenos Aires y los municipios aledaños, implican un duro golpe para las empresas. La Cámara Argentina de Comercio estima un piso de 100,000 negocios que bajarán sus persianas en forma definitiva en los próximos meses. ¿Y las empresas mexicanas? El largo brazo de la crisis económica y social de Argentina amenaza con alcanzar también a las cerca de 80 compañías mexicanas que operan en el país. Más aún si se tiene en cuenta que buena parte de ellas dependen del consumo, un rubro en franca declinación ante la drástica caída del poder de compra de la población y las restricciones a la movilidad.

“La pandemia afectó a todo el mundo, pero Argentina ya venía con dos años de recesión y sin la posibilidad de acceder a los mercados de crédito, lo que provocará una caída muy fuerte del PIB”, dice el economista Martín Vauthier, director de Estudio EcoGo, en Buenos Aires. El especialista de EcoGo afirma que al consumo le va a llevar un tiempo recuperarse, incluso cuando se levanten las restricciones y se vuelva a una relativa normalidad. “Las familias tendrán que recuperar su poder adquisitivo luego de la fuerte caída de ingresos que tuvieron en los últimos meses”. Un claro ejemplo del impacto provocado por el descenso de los ingresos y las restricciones a la movilidad es la empresa mexicana Alsea.

En su última actualización operativa relacionada con la pandemia, la compañía informó que entre el 20 de marzo y el 14 de junio, 275 unidades que operan en el país sudamericano permanecieron cerradas y solo 169 sucursales tuvieron la posibilidad de vender a través del servicio a domicilio y comida para llevar. Gran parte de esas restricciones aún se mantienen. En ese marco, la compañía decidió el cierre definitivo de 5 de los 122 locales de Burger King, y 8 de los 144 de Starbucks “para conservar la sustentabilidad del negocio en el país sudamericano”, señaló la compañía. Las ventas de Alsea en Argentina representan 16% de las ventas consolidadas de la compañía. Este segmento representó un decremento de 10.7% en ventas en el país durante los primeros seis meses del año, debido principalmente a la inestabilidad política y económica y los confinamientos, detalla la empresa en su reporte financiero.

Pero Alsea no es el único que tiene un panorama complicado, Coca-Cola Femsa y Arca Continental no son ajenos a esa situación. Según la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas Sin Alcohol (Cadibsa), las ventas de gaseosas y aguas saborizadas registraron caídas de 31% interanual en abril y de 27% en mayo. Arca Continental registró una caída en ventas de 10.6% en el mercado argentino, frente al mismo lapso del año anterior. Para la zona de Sudamérica se reportó una caída de 2.9%, según datos del informe del segundo trimestre del año de la empresa refresquera.

La disminución de las ventas en el segundo trimestre fue resultado de la devaluación del peso argentino y la pandemia de coronavirus. Así lo señala la empresa en un comunicado. “En el país, la pérdida del poder adquisitivo del consumidor, como consecuencia de la inflación y la pandemia, que obligó a la gente a confinarse en su casa, explica la caída de las ventas de la empresa”, indica. Por su parte, Femsa Coca-Cola no desglosa sus ingresos por región, pero comentó en sus resultados que sigue un fuerte desempeño para el sur del continente americano, apoyado por el mercado brasileño y la mejora en Colombia.

Otra de las compañías que se vio impactada fue América Móvil; de acuerdo a sus reportes trimestrales, los ingresos totales en Argentina disminuyeron 7%, mientras que los ingresos por servicios móviles bajaron 7.2%. La compañía explicó que los clientes argentinos reducen sus niveles de consumo en línea con la contracción del poder adquisitivo, medida que afectó el segmento. Más allá de las empresas que dependen del consumo, el duro panorama en Argentina también podría empeorar para el resto de las empresas mexicanas si continúan escalando las restricciones cambiarias en el país. Por ejemplo, Bimbo registró 3% menos ventas netas en la región de Latinoamérica (excluyendo México) en el segundo trimestre del año.

La caída se debió a “las condiciones económicas difíciles de los países y al efecto negativo del tipo cambiario de las monedas locales”, señaló la compañía en un comunicado. Ante reservas netas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), que ascienden a apenas 8,500 millones de dólares (mdd), el gobierno de Alberto Fernández viene ajustando los controles. La actual administración no solo mantuvo el límite mensual de compra de 200 dólares por persona en el mercado oficial impuesto a fines de octubre por el gobierno de Mauricio Macri, sino que agregó a esas adquisiciones un impuesto de 30%. “El resultado que finalmente tengan las negociaciones en marcha con los acreedores de Argentina será clave para saber si el BCRA avanzará o no, con nuevas regulaciones para acceder al mercado cambiario”, dice el economista Lorenzo Sigaut Gravina, director de la consultora Ecolatina, en Buenos Aires.

“Hoy hay una prohibición para las compañías de girar utilidades al exterior y no hay un claro horizonte de cuándo se podrá levantar esa restricción dado que hay muy pocas reservas”, dice Gravina. Por lo pronto, el gobierno de Fernández presentó, a inicios de julio, un proyecto de moratoria impositiva en el que se establece que las empresas grandes que entren al plan no podrán girar dividendos por los próximos dos años.

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