La Comunidad Andina se refuerza como órgano subregional en el post-Covid

La Comunidad Andina se refuerza como órgano subregional en el post-Covid

El cambio de la globalización mundial por asociaciones de países próximos relanza la cooperación de Colombia, Ecuador, Perú y Colombia.

La actual crisis mundial y las dinámicas que ha puesto en marcha (o, en cualquier caso, acelerado) han dado nuevo sentido a la Comunidad Andina (CAN), un proyecto que pese a ser pionero en Latinoamérica en materia de integración –el año pasado celebró medio siglo de existencia– había perdido impulso frente a plataformas más generales que proliferaron al rebufo de la globalización.

«El orden económico mundial va a sufrir ajustes que fortalecerán el nexo andino», asegura Jorge Hernando Pedraza, secretario general de la CAN, que agrupa a Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. En conjunto, esos países cuentan con 111 millones de habitantes y constituyen la undécima economía del mundo.

En un momento de «desglobalización del planeta», la necesidad de articular cadenas de valor más cercanas –que estén a salvo de posibles interrupciones en las rutas comerciales intercontinentales y que al mismo tiempo creen riqueza en la proximidad, en lugar de generarla lejos–, «refuerza las conexiones subregionales», según remarca el colombiano Pedraza en conversación telefónica desde las oficinas centrales de la CAN, en Lima.

Organización pionera
Esta dinámica revitaliza una asociación de países –creada en la primera ola de organizaciones regionales (Pacto Andino de 1969) y reimpulsada en la segunda ola de este tipo de plataformas con la liberalización mundial de la década de 1990 (Sistema Andino de Integración de 1996)– que había entrado en un cierto letargo debido en parte a dos procesos.

Por un lado, los tumbos políticos ocurridos en Sudamérica, que supusieron la salida de este club subregional del Chile de Pinochet en 1976 y de la Venezuela de Chávez en 2006. Con objetivos ideológicos se promovieron proyectos regionales más extensos y a la vez más políticos, como Unasur o la Celac.

Por otro, la globalización de las últimas décadas hizo que algunos países pusieran los ojos más en el comercio con otros continentes que en la convergencia institucional en la propia región. Es el caso de la Alianza del Pacífico, creada en 2012 por México, Colombia, Perú y Chile, que en lugar de buscar propiamente una integración ha pretendido compartir sinergias para incrementar las transacciones extrahemisféricas, especialmente con Asia.

Subregionalismo
«Ha llegado el momento de la desglobalización del planeta. Después del Covid-19 estaremos frente a un nuevo orden mundial, ante el fin de la globalización y viviendo tiempos de regionalización, y es ahí donde la Comunidad Andina tiene un papel protagónico», considera Pedraza. Destaca que «el camino de la globalización no es el mejor, porque crea inequidades y porque durante décadas permitió que potencias económicas muy fuertes dominaran el mundo».

Por ejemplo, indica que el Covid-19 ha puesto en evidencia la necesidad de ensamblar en la propia Comunidad Andina los equipos de alta tecnología destinados a hospitales, como respiradores y otro material de las unidades de cuidados intensivos. «Tenemos que crear cierta autosuficiencia, no podemos esperar al final de una larga fila a que nos llegue ese material», afirma.

Pedraza subraya que lo que se ve fortalecido en esta nueva era no es propiamente el regionalismo, sino el subregionalismo, entendidos ambos conceptos desde la perspectiva latinoamericana. Es decir, la estrecha integración de unos pocos países vecinos, de características parecidas y con posibilidades de interconexión de comunicaciones físicas, antes que la difícil confluencia de naciones que, aunque formen parte del mismo continente, sean muy dispares y estén alejadas geográficamente.

El organismo «más sólido» de América Latina
Las naciones andinas, como las centroamericanas o las de la cuenta del Plata, tienen todos los ases en la mano para una mayor convergencia. Hasta ahora los avances han tenido altibajos y hay estudios que destacan que razones vinculadas a la complicada orografía y a la propia idiosincrasia latinoamericana dificultan ese proceso de integración.

En todo caso, cualquier progreso será más fácil entre un grupo pequeño de países de relativa homogeneidad. En este sentido, Pedraza afirma que la Comunidad Andina es el organismo supranacional «más sólido» de América Latina, y recuerda que entre las naciones de la CAN existe ya una unión aduanera y la libre circulación de personas. El Sistema Andino de Integración cuenta además con el Tribunal Andino, el Parlamento Andino y la Universidad Andina Simón Bolívar como elementos de cohesión. Las normas aprobadas en este nivel supranacional priman sobre los ordenamientos de los países miembros sin necesidad de ulteriores aprobaciones nacionales, que sí son requeridas en Mercosur, por ejemplo.

El nuevo impulso dado con la llegada de Pedraza el año pasado a la secretaría general ha llevado a recientes medidas como la supresión de los costos del «roaming» internacional en la telefonía móvil, la disminución de costos y tiempos operacionales en los procesos de exportación y, en el marco de las necesidades planteadas por el Covid-19, una mayor capacitación para actividades digitales de pequeñas y medianas empresas, las cuales constituyen el 90% del tejido empresarial andino y generan el 60% del empleo.

Pedraza es optimista tanto sobre un aumento del comercio interregional, que hoy es solo de 9.000 millones de dólares (el 7,5% del comercio total de los cuatro países socios, que asciende a 120.000 millones de dólares), como sobre un avance en la confluencia institucional.

Regreso de Venezuela
Pedraza presenta el reingreso de Venezuela en la Comunidad Andina como el camino más rápido que tendrá ese país para recuperar el terreno perdido una vez en Caracas se decida un cambio de paradigma. «La CAN no toma partido político o ideológico», asegura, pero añade que «será la organización que suponga el camino más expedito para que Venezuela tenga los recursos institucionales que le ayuden a su estabilidad interna». Pedraza también deja la puerta abierta para un regreso «algún día» de Chile a la CAN.

Por otro lado, Pedraza destaca al compromiso con el proyecto por parte de Bolivia, que en los años de Evo Morales buscó con más ahínco su integración en Mercosur, cuando este devino más en un club ideológico que económico con Da Silva-Rousseff (Brasil) y los Kirchner (Argentina). «Es normal que Bolivia busque ampliar las rutas de salida al mercado de sus productos, aumentando su relación con los países del Cono Sur, con los que tiene vecindad; eso incrementa la convergencia entre todos y beneficia a América Latina», afirma.

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