La competencia entre China y Estados Unidos motiva a tener posiciones comunes»

La competencia entre China y Estados Unidos motiva a tener posiciones comunes»

Considera que es indispensable establecer una dinámica de concertación entre ambos países, frente a un mundo post-pandemia que todavía aparece con muchas incertidumbres y que no aparece precisamente favorable a la concreción de acuerdos de libre comercio. En entrevista con La Mañana, el embajador argentino Alberto Iribarne comentó sobre la reciente reunión entre los presidentes en Buenos Aires, los proyectos de infraestructura común y la situación de los puertos en el Río de la Plata.

El pasado viernes se concretó la reunión de los presidentes en Olivos. Acordaron que «exista un diálogo directo frente a cualquier problema que se presente». ¿Cuál es su reflexión?

La impresión que recogí después de la reunión, tanto de nuestro presidente con quien tuve una conversación telefónica, como del propio presidente Lacalle, es que ambos la consideraron realmente muy fructífera. Demuestra una vez más que las relaciones personales son una faceta muy importante, aunque por supuesto no sustituyen a las relaciones políticas. Buenas relaciones personales ayudan cuando hay puntos de contacto a profundizar o para procesar los distintos problemas por intereses encontrados, que los hay, ya que somos sociedades plurales. Este fue un paso muy importante, más allá de que siempre hubo relación entre los presidentes, pero la del viernes pasado fue una excelente reunión para dar un nuevo impulso.

¿Cambia en algo la agenda bilateral?

Los temas siguen siendo los mismos, pero hay un nuevo impulso respecto a las obras de infraestructura que podemos llevar en común. Hay estudios tanto de la CARU como de la Comisión Técnico Mixta Salto Grande sobre la viabilidad del Río Uruguay. También la CARU hizo un estudio de factibilidad sobre la construcción del puente Bella Unión-Monte Caseros. Hay un apoyo del presidente Lacalle a la candidatura de nuestro presidente Fernández para la CELAC. Se fue avanzando en éstos temas, así como en el compromiso de ver en conjunto cómo se responde a los intereses y necesidades de cada uno de los países en el marco del Mercosur, como lo ha planteado Lacalle. Y sobre acentuar los grandes espacios de cooperación que tenemos entre los dos países.

Desde el gobierno argentino se manifestó que hay intención de «ver dentro de la institucionalidad del Mercosur» qué posibilidades hay para avanzar en una flexibilización. ¿Se puede flexibilizar el bloque sin que se quiebre?

Yo no sé si será flexibilizar la palabra. Será ver puntualmente cuáles son los acuerdos en los que quiere avanzar Uruguay, analizarlos en conjunto y ver cómo se proyectan a todo el Mercosur. Cuando se plantea esto «en el marco de la institucionalidad» creo que también lo han ratificado tanto el presidente Lacalle como el canciller Bustillo, es decir, no se trata de denunciar el Tratado del Mercosur para ir hacia TLCs sino avanzar en esos sondeos y acuerdos con países y traerlo al seno del Mercosur, buscando un consenso sobre las iniciativas que se planteen.

No participé de la reunión y no sé si se abordó en estos términos, pero realmente los desafíos que enfrentamos como países, como región y como Mercosur son inmensos. La competencia entre China y Estados Unidos motiva a tener posiciones comunes porque hay que tomar decisiones y es mejor en conjunto. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros sueltos frente a esta situación? Establecer una dinámica de concertación entre nuestros países se hace indispensable.

La firma del acuerdo con la Unión Europea en su momento transmitió un cierto optimismo sobre la dinamización de la agenda externa. Luego esto se estancó. ¿Qué importancia le asigna Argentina a esa agenda externa?

Le asignamos importancia. Por supuesto, hay sectores que se tienen que adaptar, se analiza qué impactos puede tener ese acuerdo, pero nuestra posición es que es importante avanzar en eso. Y en este momento la iniciativa sobre la velocidad que se le imprima al acuerdo está en manos de la Unión Europea. Tengamos en cuenta que más allá de la vocación por los tratados comerciales que podamos celebrar, nuestros productos principales de exportación son a países que tienen grandes barreras proteccionistas y que tienen sectores muy intensos, que se oponen a la apertura de sus mercados a nuestros productos. Muchas veces es mayor la resistencia que encontramos en otros países, sean del Sudeste de Asia o en Europa, a la que puede tener nuestra región a abrirse. Distinto es con Centroamérica, por ejemplo, y de hecho tenemos como Mercosur tratados con esos países, que tienen otra dinámica para abrir sus mercados.

¿No se imagina un mundo tan abierto y favorable para hacer tratados de libre comercio bilaterales?

Creo que es difícil. En estos últimos meses observamos que hay una especie de stop and see. Trump había abandonado el TPP y parecía que Biden lo iba a retomar, pero vemos que hay cierto parate. Lo mismo con el EFTA, los países europeos que no participan de la Unión Europea, que han detenido el avance del tratado con el Mercosur. No se ve un mundo que avance en tratados entre las naciones, sino que hay una suerte de tensión. Todavía no sabemos qué grado de recuperación tiene cada una de las economías, hay aumento de precios en los fletes, etc.

¿Cómo ve la relación de Uruguay y Argentina hacia adelante?

Lo veo con optimismo, hay enormes espacios de cooperación. Lo que tratamos de impulsar desde la embajada es que haya una relación entre parlamentarios de ambos países, entre los gobiernos provinciales y departamentales y entre los distintos actores sociales, del mundo académico y de la cultura. Que haya una integración no solo a nivel de gobiernos sino de las sociedades. Y nuestra aspiración de máxima es que realmente tengamos un proyecto común de inserción en el mundo.

El gobierno argentino está logrando el voto de varios países de América Latina para obtener la presidencia Pro Témpore de la CELAC en 2022. ¿Sobre qué bases está dispuesta Argentina a liderar a la región, teniendo en cuenta la existencia de disputas ideológicas marcadas?

Argentina no pretende liderar sino realmente reinsertar a Latinoamérica en el debate internacional. Fundamentalmente está vinculado a lo que hablábamos antes, a los desafíos que enfrenta la región, que se ha ido debilitando y perdiendo protagonismo. Tuvo cierta posición después de la caída del Muro de Berlín y luego de la crisis internacional de 2009, pero eso se fue perdiendo.

Ahora no hemos podido coordinar políticas para enfrentar la pandemia, más allá de algunos casos, pero sin una posición como conjunto. Hay temas que debemos intentar solucionar en conjunto como el de la tecnología 5G o el cambio climático, entre otros. Y hay que hacerlo des-ideologizando las posturas, entendiendo que acá hay distintos matices, pero que no obste a tener una posición común, como sucede en Europa que también tiene distintos regímenes, pero consolidaron una unidad que se puso a prueba y se vio fortalecida con el Brexit.

Mencionaba el tema de la pandemia, ¿cuáles han sido los principales desafíos que le tocó enfrentar como embajador en esta situación?

Nosotros estamos muy agradecidos con lo que fue el apoyo de las autoridades uruguayas, que prestó mucha asistencia para que los argentinos varados pudieran retornar. Después otras cosas concretas, por ejemplo, que yo estoy vacunado con dos dosis y creo que lo está todo el personal de la embajada gracias a las autoridades uruguayas. Cuando hemos tenido que enfrentar algunos temas por ejemplo vinculados al transporte de cargas hubo mucha agilidad, con reuniones vía zoom de nuestros ministros, para resolver temas sanitarios.

¿Qué se pudo hacer mejor, qué lección queda?

Supongo, y no solo entre los dos países sino a nivel Mercosur, haber tenido una política común frente a las negociaciones por las vacunas con los laboratorios.

¿Cuáles son sus expectativas ante la reapertura de las fronteras?

La aspiración es que se normalice y volvamos a tener una vida sin restricciones o con la menor cantidad posible. Inclusive en las ciudades fronterizas nuestras hubo dificultades de familiares, gente que tiene familia en Concordia, pero con hijos estudiando en Salto, por ejemplo. Quizás se hagan protocolos especiales para que en estos casos concretos se resuelvan antes.

Hay un aumento en el otorgamiento de residencias legales y fiscales a argentinos. ¿Cómo lo ve?

La cantidad no es enorme, lo que es verdad es que la mayor parte de los que piden la residencia son gente de ingresos medios y altos. Hay muchísimos más uruguayos residiendo en Argentina que argentinos en Uruguay, que cuantitativamente son menos pero con mayor repercusión por sus altos ingresos. No hay un éxodo de argentinos.

¿Cuál es el panorama comercial?

Nuestro comercio sí se fue reduciendo desde 2011, pero estamos viendo las cifras de 2019 alrededor de US$ 1000 millones y algo, con balanza comercial superavitaria para Argentina, aunque se compensa con el turismo. Además, Argentina es el segundo inversor en Uruguay y tercero lejos viene Brasil.

Usted ha integrado distintos cargos por el Partido Justicialista. ¿Cómo recuerda el regreso de Perón a Argentina en 1972?

Fuimos a recibirlo al General el 17 de noviembre, pasamos toda la noche en vela. Éramos grupos de la Juventud Peronista. Salimos desde Munro en ómnibus con compañeros hasta donde pudimos llegar en Ciudad Evita, donde había ejército y policías. Es una zona muy linda con casas construidas durante el primer gobierno de Perón, de estilo californiano. Tengo una anécdota de ese día porque nos corre la policía, gases lacrimógenos, llovía mucho y nos metemos en una casa, directo a la cocina. Allí aparece el dueño de casa que nos invita a pasar, algo impensado en esta época. Y había más gente. Nos regaló ropa seca, invitó a un café y dijo que estaba muy agradecido al General Perón porque esa casa la tuvieron gracias a su gobierno.

Luego fuimos a Gaspar Campo y empezamos a ver todo lo que se iba desenvolviendo ahí que era realmente entender aquello que significaba el encuentro con Ricardo Balbín, con la Hora de los Pueblos. Recuerdo también los editoriales de Perón de todos los jueves en la revista Las Bases. En uno de esos números del año 72 subrayaba lo importante de ocuparse de la ecología y el medio ambiente. Era la visión de un estratega. Y por eso crea la Secretaría de Medio Ambiente encabezada por Yolanda Ortíz.

En aquel tiempo se dio un hecho significativo como fue la firma del Tratado del Río de la Plata en 1973, que terminó con un largo litigio entre Argentina y Uruguay. Está próximo a cumplirse el medio siglo, ¿qué importancia tuvo?

Eso demuestra también esa enorme perspectiva histórica. No puede ser que tengamos diferendos con Uruguay, que es un país hermano, con el cual tenemos una unidad de destino. Perón casi que ordenó que se resolvieran los problemas, a partir de esa voluntad política de crear mecanismos para llegar a acuerdos entre las partes. Y Perón firma el acuerdo con Bordaberry que estaba en las antípodas de su pensamiento. La reflexión es esa: cómo más allá de los problemas ideológicos o políticos, ese destino común opera por sobre esas diferencias.

Actualmente la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP) tiene varios temas importantes como los canales de navegación, el dragado de puertos, los emisores subacuáticos. ¿Confía en que se logrará avanzar sobre todos estos temas?

Ninguna es una diferencia de fondo, son temas absolutamente compatibles. Creo que pueden coexistir los dos puertos y se puede llegar a determinados acuerdos que posibiliten que tanto uno como el otro puedan ser más competitivos y mejorar sus prestaciones. Los emisores del Riachuelo y Berazategui van a mejorar la calidad del agua del Río de la Plata porque estos van a ser efluentes cloacales con procesamiento.

¿La diferencia sobre la autorización para el dragado del puerto de Montevideo está resuelto?

Una explicación es por qué Uruguay pidió 13 metros en vez de 14, porque eso fue así. Todo es conversable. Seguramente pidieron 13 metros porque ir a 14 era más costoso y no se requería en el momento en que se hizo el pedido en la CARP.

Recientemente se anunció la licitación por una terminal pesquera en nuestra bahía y según las autoridades está orientada a las flotas del Atlántico Sur. ¿Es ese un tema que sigan con preocupación?

A nosotros nos preocupa el tema de la pesca ilegal que tiene distintos componentes, incluso de algunos barcos que operan con licencias ilegales que dan las islas Malvinas. Aquí yo creo también que tenemos que llegar a un acuerdo de cooperación, como para combatir la pesca ilegal. Nos preocupa que vengan barcos que pescan en la milla 201. Hay que ser muy precisos si se hace un puerto de estas características, qué pueden hacer los barcos, cuáles barcos pueden repostar. Tendremos intereses comunes que defender con Uruguay.

Hablando de cooperación, la antártica es también algo que nos une en una agenda positiva. Uruguay tiene una base y una estación antártica, y realmente se puede trabajar en conjunto en temas logísticos, en estudios y apoyo a expediciones.

¿Qué planteos tiene la embajada argentina en cuanto a la agenda cultural?

Algo que nos interesa mucho es el mercado de industrias culturales argentinas que ha tenido algún capítulo uruguayo. Es muy interesante porque es una plataforma donde puede concurrir gente que hace cine y necesita sonido, por ejemplo. La idea es que haya interacción. Estuvimos reunidos con la directora de Cultura, Mariana Wainstein, y vinieron los directores de los distintos institutos, de artes escénicas, plásticas, del cine, para ver qué áreas de cooperación podemos incentivar, en coproducciones, en capacitación que se puede dar en el INCA, etc. La idea es profundizar en los vínculos que ya existen.

Relanzamiento del Foro Malvinas en Uruguay
Uno de los temas que llevamos adelante aquí en Uruguay es el Foro Malvinas donde intervienen intelectuales, académicos, políticos de todos los partidos uruguayos, en el sentido de ver que ésta no es solo una causa argentina sino regional. Se trata de sensibilizar al pueblo uruguayo respecto a esto que para nosotros sigue siendo un tema muy importante, tal es así que el propósito de la recuperación está nuestra Constitución en su cláusula transitoria segunda. Yo fui convencional constituyente y voté esta cláusula en el año 1994. Hemos tenido muy buena recepción en anteriores administraciones y en el final del año pasado tuvimos una reunión con algunos integrantes del Foro para relanzarlo. Apenas podamos haremos nuevamente las reuniones presenciales.

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