La bronca entre Bruselas y AstraZeneca sube de tono

La bronca entre Bruselas y AstraZeneca sube de tono

La Comisión asegura que la empresa ha cancelado la reunión prevista para esta tarde y la firma lo desmiente entre reproches y acusaciones

La bronca entre Bruselas y AstraZeneca sube de tono. Cuesta imaginar cómo van a resolver la disputa abierta y lograr un nuevo calendario de distribución cuando son incapaces de ponerse de acuerdo siquiera para organizar una llamada de teléfono. Lejos de encontrar una solución, la relación entre ambas partes se deteriora mientras aumenta la preocupación entre los gobiernos y la presión sobre la Comisión Europea para que en vez de simplemente pedir información sobre la exportación de la vacuna de Covid19 fabricadas en territorio comunitario apruebe un mecanismo que convierta en indispensable un permiso ad hoc antes de sacar de la UE cualquier dosis.

Este miércoles, la empresa ha cancelado unilateralmente una reunión prevista entre sus directivos y los representantes de la Comisión y de los gobiernos de los 27. O eso han explicado primero en privado y después en público fuentes europeas, que indican que Bruselas ha pedido, o exigido incluso, a la compañía que haga público el contrato firmado por ambas partes hace unas semanas. "La reunión del comité está prevista esta tarde y esta mañana el representante de la empresa ha anunciado que no estará presente. Es lo único que podemos decir ahora mismo", ha dicho una portavoz de la Comisión.

Minutos después, sin embargo, la empresa ha informado a diferentes medios y diputados de que no era así y que estarán presentes en la teleconferencia prevista para las 18.30. El caos es absoluto. Las partes no logran explicar si fue un malentendido, si la firma ha cambiado de opinión una o dos veces o si se trata de una maniobra de presión y escarnio desde Bruselas. Cuesta decidir si es peor que estén en una guerra abierta usando a los medios o que realmente sean incapaces de coordinar lo más básico.

Pero el desconcierto es real y lo ejemplifica que el ministro austriaco de Salud, Rudolf Anschober, informara a los periodistas de su país, casi de forma simultánea al cruce de rumores, que la reunión... había sido cancelada hasta mañana. Y todo mientras la Comisión trataba de vender ante las cámaras un proyecto sobre el envejecimiento de la población europeas y reprochaba a los corresponsales preguntas sobre las vacunas, en una perfecta muestra de rigidez, falta de cintura y una estrategia de comunicación del siglo pasado.

El desencadenante de este último choque es la entrevista al consejero delegado de AstraZenecaa, Pascal Soriot, en algunos diarios europeos. En ella, Soriot negaba las acusaciones de que la empresa había vendido a otros países las vacunas que estaban destinadas a la UE y que esa sería la causa de los retrasos que desde Oxford se anunciaron el pasado viernes en la distribución del primer trimestre.

El directivo explicó que el contrato firmado con la UE únicamente habla de "hacer los mejores esfuerzos" para cumplir con el calendario de entregas, dadas las enormes dificultades que está exigiendo una producción masiva y sin precedentes en el tiempo. Desde la Comisión reconocen que esa expresión de "mejores esfuerzos" está en el documento pactado, pero apuntan que el compromiso de entrega la empresa garantizó que disponía y disponía de los medios para la producción. Y por eso instan a la farmacéutica a hacer públicos los términos.

Buena parte de la polémica de la última semana está de hecho en esos documentos. La confidencialidad es el elemento principal de los contratos, tanto con AstraZeneca como con Pfizer o Moderna. Sólo unas cuantas personas conocen los detalles y ni siquiera los eurodiputados han tenido acceso al contenido completo.

Otro de los elementos polémicos es que en la entrevista Soriot aseguró que Reino Unido tenía prioridad sobre las dosis fabricadas en el país, algo que desde Bruselas afirman que no es cierto o que, al menos, no estaba recogido en los papeles firmados. Y aseguran que el máximo responsable ya ha violado parte del acuerdo de condicionalidad, al explicar a los periodistas elementos reservados.

Según AstraZeneca, la explicación de que las entregas a Reino Unido vayan mucho más avanzadas es que su contrato se firmó tres meses antes que el de la Unión Europea, lo que permitió realizar las preparaciones logísticas necesarias mucho mejor. La empresa asegura que, una vez reciba la autorización de la Agencia Europea del Medicamento, hará un envío inmediato de tres millones de dosis, y que para febrero habrá 17 millones en manos de los gobiernos nacionales.

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