La argentina que viene: entre el crecimiento económico y las elecciones

La argentina que viene: entre el crecimiento económico y las elecciones

Durante la reciente reunión en Buenos Aires del Consejo de las Américas, Alejandro Werner, director para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), afirmó rotundo que "Argentina exhibirá uno de los cambios en la tasa de crecimiento más altos de la regióny pasará de una tasa negativa del 2% el año pasado a superar el 2% este año; un cambio de más de cuatro puntos".

Durante la reciente reunión en Buenos Aires del Consejo de las Américas, Alejandro Werner, director para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), afirmó rotundo que "Argentina exhibirá uno de los cambios en la tasa de crecimiento más altos de la regióny pasará de una tasa negativa del 2% el año pasado a superar el 2% este año; un cambio de más de cuatro puntos".

En julio, el FMI ya había subido su estimación para 2017 del 2,2 al 2,4 por ciento, aunque el Gobierno nacional es más optimista y habla de una tasa anual de casi el 3%. En este clima de euforia el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ha pronosticado 20 años continuos de crecimiento, algo sin precedentes en la reciente historia argentina.

De confirmarse las previsiones se espera un incremento del 1,4% para el segundo trimestre de este año, acumulando cuatro trimestres consecutivos de crecimiento, en medio de constantes alusiones gubernamentales a los brotes verdes. Todas estas noticias han sucedido poco después de las elecciones primarias, las famosas PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) y a escasas semanas de las legislativas del 22 de octubre, cuando se renovará la mitad del Congreso y un tercio del Senado.

Pese al intento opositor de hacer de los problemas económicos uno de los principales ejes de la campaña, esto no ha sido así. Si bien la recuperación prometida y ahora presentida todavía no se ha notado en la población, especialmente la de menores recursos, el discurso catastrofista sobre la persistencia de la inflación, el incremento del desempleo o los aumentos en las tarifas públicas no ha calado en el electorado.

El Gobierno del presidente Mauricio Macri y Cambiemos, la coalición electoral que lo apoya, han obtenido unos excelentes resultados en todo el país, un buen anticipo de las elecciones de octubre. Estos responden, en buena medida, al rechazo de buena parte del electorado al kirchnerismo y a un posible retorno de Cristina Fernández. Y si bien la expresidente parece que se ha impuesto de forma ajustada en la provincia de Buenos Aires, sus seguidores han dejado de ser la fuerza hegemónica que sí fueron en el pasado. Cambiemos ha triunfado en tres de los cinco principales distritos (la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza), mientras el kirchnerismo lo hizo en las otras dos (la provincia de Buenos Aires y Santa Fe). Pese a todo, en los dos últimos casos no debe descartarse para octubre un cambio de tendencia y una victoria oficialista.

La renovación del Parlamento marcará un antes y un después en los complejos equilibrios dentro del peronismo y su posible renovación. Fernández decidió concurrir a las elecciones con una marca propia, Unidad Ciudadana, fuera de las estructuras partidarias del justicialismo. Gane o pierda en Buenos Aires, obtendrá su escaño de senadora, aunque el resultado se espera muy ajustado.

A efectos simbólicos y de sus aspiraciones para seguir en la carrera presidencial de 2019 una derrota sería difícilmente recuperable.

De todos modos, el kirchnerismo perderá protagonismo en el nuevo Parlamento. Fuera del poder, su capacidad de imponer candidatos prácticamente ha desaparecido. De los 16 puestos de senadores que el peronismo pondrá en juego, al menos 10 respondían a su disciplina, pero la mayoría no renovará sus mandatos al haber sido excluidos de las listas. Desaparecida la hegemonía de la expresidente los gobernadores provinciales han recuperado su protagonismo y la mayor parte de los nuevos parlamentarios estarán bajo su disciplina.

El resultado de las PASO ha permitido al Gobierno dotarse de mayor poder y legitimidad, que se incrementará sensiblemente si en octubre se repiten los resultados de agosto. Así, Macri ha separado de su cargo a un magistrado corrupto, muy cercano al kirchnerismo, y dio una contundente respuesta a los sindicatos tras la movilización del 23 de agosto de las grandes centrales.

Tanto a Macri como a Fernández les beneficia la polarización. Pero uno y otra se juegan distintas cosas. A la expresidente, cuya influencia territorial es cada vez más reducida, sólo un triunfo en Buenos Aires le garantiza mantener cierta influencia en el peronismo, aunque todo indica que busca construir una alternativa independiente de centro-izquierda.

Por su parte, Macri sabe que debe conquistar un buen resultado en octubre para seguir impulsando su agenda y poner en marcha las reformas que entiende necesarias. Si lo consigue, probablemente sea el primer presidente civil y no peronista que termine su mandato desde 1946.

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