La apetencia china por la carne significó una mejora en la facturación de los frigoríficos exportadores en Uruguay

La apetencia china por la carne significó una mejora en la facturación de los frigoríficos exportadores en Uruguay

La voracidad de los consumidores chinos por la ingesta de alimentos basados en carnes y productos derivados está siendo un buen negocio para el sector del rubro de Uruguay, en el que operan empresas de capitales originarios de distintos países, aunque con un mayor predominio de Brasil.

Debido principalmente a la creciente demanda de China, los frigoríficos exportadores en Uruguay aumentaron la facturación por las ventas de carnes este año. El monto de esos negocios en China se incrementó 20%, al pasar de US$ 384 millones a US$ 461 millones, al comparar los registros del Instituto Nacional de Carnes (Inac) que van del 1º de enero al 26 de agosto de 2017.

Las cifras muestran que el total de las exportaciones cárnicas en ese período aumentó 11%, de US$ 1.059 millones a US$ 1.174 millones.

En cuanto a otros mercados relevantes, la Unión Europea representa el 20% de ese monto, Estados Unidos el 15%, Israel el 8%, al igual que el Mercosur. China tiene 40% de participación. Ese desempeño en el mercado internacional de la carne impulsó un crecimiento de 7% de la faena local de vacunos, que llegó a 1,5 millones de cabezas, en comparación con el año pasado. Mientras, el ingreso promedio de exportación de carne bovina es prácticamente similar al de 2016, con US$ 3.391 por tonelada y en el caso de la carne ovina es de US$ 4.066 la tonelada.

Entre las empresas que lideran las exportaciones de carne uruguaya figuran los frigoríficos que son propiedad de capitales brasileños, como los cuatro que están en manos de la firma Marfrig (Tacuarembó, Colonia, Cledinor e Inaler), y los tres que corresponden a la compañía Minerva (PUL, Carrasco y Canelones).

A fines de julio, el grupo JBS concretó la venta de varios frigoríficos que operaba en Argentina, Paraguay y Uruguay a Minerva por unos US$ 300 millones. Esa transacción incluyó al frigorífico Canelones. De enero a julio de este año, por concepto de exportaciones cárnicas, Marfrig facturó US$ 250 millones y Minerva US$ 191 millones, según datos de Inac. En otras firmas que figuran en el ranking de los mayores exportadores la facturación fue de US$ 92 millones en el caso de Breeders & Packers Uruguay (BPU), US$ 91 millones de Las Piedras, US$ 65 millones de San Jacinto y US$ 62 millones el Pando.

En algunos casos se verifica un incremento en el monto de sus negocios de exportación, de enero a julio: el frigorífico Pando creció en algo más de US$ 23 millones, Las Piedras aumentó US$ 21 millones, BPU incrementó US$ 12 millones, y San Jacinto US$ 9 millones, entre otros.  

En abril de este año el frigorífico BPU fue adquirido por la compañía japonesa NH Foods, que pagó unos US$ 135 millones y que comprende un grupo de varios negocios en el sector de los alimentos, especialmente de carne y productos marinos, con una facturación anual de US$ 11.300 millones. Considerando el monto de las exportaciones de los frigoríficos que están en propiedad de inversores extranjeros, la participación llega a 27% de capitales brasileños, 8,5% de Japón, 6% de Argentina e igual porcentaje para los chinos.

En 2015 la firma china Foresun compró el frigorífico Rosario (Rondatel) y en julio de este año la empresa Sundiro Holdings, que está fusionada a Foresun, concretó la adquisición del 50% del capital accionario del frigorífico Lorsinal.

Los exportadores uruguayos no solo venden carne bovina al gigante asiático, sino también carne ovina, menudencias y subproductos comestibles y de uso industrial. Esos negocios representan cerca de US$ 150 millones, considerando las cifras oficiales de sus exportaciones al mercado chino. Operadores del mercado local consideran que la incursión de los capitales chinos, que representan inversiones del Estado, es una señal de los planes de posicionarse en países proveedores de alimentos.

La región sur del continente americano, específicamente Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, constituye una plataforma de negocios para la producción y comercialización de granos, carnes, frutas y lácteos, entre otros productos. En ese sentido, las exportaciones de base agraria de esos países que integran el Consejo Agropecuario del Sur (CAS) en 2016 sumaron US$ 131.550 millones y representaron durante el período de 2010 a 2016 cerca de 40% de las exportaciones de bienes del bloque.

La especialización en comercio de productos primarios y agroindustriales es mayor en Argentina, Paraguay y Uruguay, con participaciones de 60%, 62% y 73%, respectivamente, según un anuario del CAS divulgado recientemente. La abundancia de recursos naturales de la región que son empleados para la producción de alimentos es uno de los factores principales que inciden en la decisión de los inversores extranjeros a la hora de desarrollar emprendimientos agropecuarios.

Los intereses de los capitales foráneos pasan por la explotación de tierras para producir cereales, carnes, leche y otros productos, pero también por la compra de industrias vinculadas al procesamiento de esos alimentos.

En cuanto a algunos de los puntos a favor de Uruguay para los inversores, figuran el estatus sanitario de la ganadería local, el acceso de los mercados y el sistema de identificación individual de los vacunos, que es conocido como la trazabilidad ganadera. Frenos.

El gobierno uruguayo puso un freno para “impedir” que capitales chinos adquirieran tierras en Uruguay, reconoció el ministro de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin Novoa, en una conferencia organizada a mediados de agosto por el Grupo de Países Productores del Sur. Esa agrupación comprende un red de instituciones privadas y especialistas ligados a la producción agropecuaria de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Al hablar en un panel sobre las oportunidades para la región en un contexto de proteccionismo y multilateralismo, Nin aludió a la participación estatal en las inversiones chinas en el mundo y contó que cuando viajó al Congo conoció una carretera del Primer Mundo que fue construida por China a cambio de obtener licencias para explotaciones mineras en ese país africano. Destacó además el interés en invertir en ciertas regiones del mundo porque las fronteras agrícolas se acaban.

“Eso ha llevado a que algunos países, básicamente los nuestros, Uruguay es uno de ellos, hayan puesto frenos (e) impedimentos a la adquisición de bienes de capital, sobre todo de tierras”, dijo el canciller.

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