Keir Starmer releva a Jeremy Corbyn al frente del Partido Laborista

Keir Starmer releva a Jeremy Corbyn al frente del Partido Laborista

Keir Starmer, 57 años, ex director de la fiscalía británica y alineado en la "izquierda suave", ha sido elegido como sucesor de Jeremy Corbyn al frente del Partido Laborista. Al cabo de cinco años de "izquierda dura", y en medio de la crisis del coronavirus, Starmer se dispone a dar un giro hacia el centro y a reconciliar a las distintas facciones del partido.

Su primer reto será responder la llamada de un Gobierno de "unidad nacional" ante la pandemia, lanzada por el premier conservador Boris Johnson horas antes de su elección. En un mensaje de despedida, Corbyn le recomendó encarecidamente que no aceptara la oferta.

Starmer, que fue "ministro a la sombra" del Brexit con Corbyn e impulsó la opción del segundo referéndum, ha pedido a los militantes laboristas que hagan las paces con su reciente pasado. En la recta final de las primarias laboristas, Starmer se impuso la la corbynista Rebeca Long-Bailey y a la moderad Lisa Nandy.

Elegido con el 56% de los votos, Starmer se dirigió a los militantes a través de las redes para mantener la "distancia social". "En momentos como es cuando necesitamos un buen Gobierno que salve vidas y proteja nuestro país", escribió en su discurso de aceptación. "El Partido Laboristas desempeñará su papel en defensa del interés nacional y como una oposición constructiva", añadió, en el momento de rechazar de entrada la oferta de Johnson.

Ni corbynista, ni blairista. Keir Starmer, 57 años, se ganó su reputación como abogado de derechos humanos y tuvo siempre la virtud de mantener una posición equidistante en su salto a la política. "Nunca me ha tatuado un nombre en la cabeza", asegura el que fue director de la fiscalía británica con Gordon Brown y ministro "a la sombra" para el Brexit en estos últimos cuatro años vividos peligrosamente.

Alineado en todo caso con la "izquierda suave", Starmer ha tenido la virtud de escapar a las luchas fratricidas dentro del laborismo y mantener una posición equidistante que le ha permitido ganar simpatizantes al mismo tiempo en el ala moderada y entre los sindicatos. Sin enemigos declarados dentro del partido, cuenta eso sí con amigos tales como su vecino y ex líder Ed Miliband (que le convenció para presentarse como diputado el 2015) y la portavoz laborista en la Cámara de los Lores, Angela Smith, que le describe tal que así: "Keir no es el tipo pérfidamente maquiavélico que muchos identifican con el mundo de la política, pero sí es alguien que sabe ver la política detrás de cada asunto. Me revienta cuando dicen que es "aburrido". Es un tipo serio, y ahora más que nunca necesitamos gente así para hacer frente a los problemas serios que tenemos. Es la persona adecuada en el momento adecuado".

Nacido en Southwark, al sur de Londres, en 1962, es hijo de un humilde fabricante de herramientas y de una enfermera, un punto a su favor en tiempos del coronavirus. Su madre desarrolló con 50 años la enfermedad de Still, un proceso inflamatorio que la relegó a la silla de ruedas. Starmer suele decir que su espíritu batallador le viene de ella, que solía contestar siempre que le preguntaban: "Yo siempre estoy bien, ¿y tú cómo estás?".

NIÑO MIMADO
Aun sí, reconoce que fue el niño mimado de la familia, el único de los cinco hermanos en llegar a la universidad. Estudió Derecho primero en Leeds y después en Oxford, en los mismos años que Boris Johnson, pero rara vez se codeó con la élite. Al volver a Londres se enroló en el bufete progresista de Doughty Street Chambers y ejerció, como recuerdan su amigos, de abogado de "causas perdidas".

Con su colega Conor Foley, se especializó en derechos humanos internacionales y colaboró con Amnistía Internacional en los años noventa. Juntos elaboraron un manifiesto en 1998, "Política Exterior y Derechos Humanos en el Reino Unido", con una serie de recomendaciones que incorporó Tony Blair a su Gobierno y que le valieron poco después la distinción de "consejero de la reina" y el tratamiento de Sir.

"Su sueño fue siempre ser abogado de derechos humanos", recuerda Foley en declaraciones a The Guardian. "En aquella época, ninguno de los dos nos sentíamos a gusto con el partido blairista. Tampoco estábamos en contra, pero era algo que no le atraía".

Su salto con pértiga al mundo de la política llegó en el 2008 de la mano de Gordon Brown, que le nombró director de la fiscalía de la Corona, al mando de un ejército de 6.000 abogados. En ese momento se consumó su metamorfosis de abogado "peleón" en miembro ilustre el establishment . Permaneció en el puesto hasta el 2013, con los disturbios sociales y la muerte del manifestante Ian Tomlinson a manos de un policía enturbiando sus últimos años.

Tras un breve respiro, su amigo Ed Miliband le convenció para que se presentara como diputado laborista en las elecciones del 2015, sin sospechar que la victoria de David Cameron acabaría borrando del mapa a fugaz mentor político. El ascenso por el flanco izquierdo de Jeremy Corbyn le dejó temporalmente descolocado, pero el nuevo líder le ofreció ser "secretario a la sombra" de inmigración, no supo decir que no.

En el 2016, Starmer dimitió y se sumó temporalmente a la revuelta de los parlamentarios laboristas contra Corbyn que forzó una nuevas elecciones primarias en el partido. El viejo líder se sacó la espina y, en un inusual gesto de reconciliación, volvió a ofrecer a Starmer un puesto en su "gabinete a la sombra", esta vez como portavoz del Brexit en la oposición.

Durante meses, y frente a la ambivalencia de su líder, Starmer defendió un segundo referéndum de la UE. El éxito inesperado de Jeremy Corbyn frente de Theresa May en el 2017 le dieron un protagonismo aún mayor en la fase crítica de la negociación. Sus intervenciones parlamentarias le pusieron como nunca antes en el ojo público y empezó a despuntar como candidato a futuro líder laborista.

Como si se oliera el fiasco final, Starmer desapareció del mapa en la campaña del 2019, aunque muchos le culpan que del fiasco del partido en los bastiones del Brexit del "cinturón rojo", que cayeron bajo el yugo de Boris Johnson y precipitaron la caída de Jeremy Corbyn, antes de que el mundo temblara con el coronavirus.

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