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Juan Sebastián Roldán, portavoz de Lenín Moreno: "Sin Correa, la democracia en Ecuador es otra vez sana y vigorosa"

Juan Sebastián Roldán, portavoz de Lenín Moreno: "Sin Correa, la democracia en Ecuador es otra vez sana y vigorosa"

Ante la pandemia de coronavirus, que dejó imágenes de muertos tirados por las calles e Guayaquil, el secretario general del Gobierno de Ecuador reconoce que han hecho lo posible para prolongar el estado de excepción

Juan Sebastián Roldán, secretario general del Gobierno ecuatoriano, es uno de los hombres fuertes del presidente Lenín Moreno y una de las caras más visibles en la lucha contra la pandemia. De visita en España, el también portavoz gubernamental reconoce que su gabinete ha hecho todo lo posible para prolongar el estado de excepción, pero la Corte Constitucional le ha puesto fecha final: 12 de septiembre.

Su Gobierno, de corte progresista, apuesta por la reactivación económica cuando el país mira ya a las elecciones del año que viene, con la incertidumbre de si el ex presidente Rafael Correa será candidato a la vicepresidencia siendo prófugo de la Justicia. Roldán, quien rompió con el líder revolucionario hace nueve años, critica la corrupción y los abusos cometidos de quien hoy sigue siendo uno de los grandes aliados de Nicolás Maduro. Ecuador ha recibido a medio millón de venezolanos en su huida del derrumbe revolucionario.

Muchos se hacen la misma pregunta dentro y fuera de Ecuador: ¿Concurrirá el ex presidente Rafael Correa a las elecciones como vicepresidente en el binomio del correísmo pese a ser prófugo de la justicia?
Al llegar Lenín Moreno a la Presidencia se planteó cuatro grandes cambios para Ecuador: profundizar la democracia, la libertad, las relaciones internacionales y la economía. En la democracia uno de los pilares fundamentales era que existieran poderes autónomos y por eso hubo una consulta popular en la que los ecuatorianos aprobaron la elección de un consejo que eligió nuevas autoridades de control que son autónomas y no dependen del Gobierno. Corresponde a la justicia tomar las decisiones que tenga que tomar tanto respecto al ex presidente Correa como para cualquier ciudadano.

Más allá de la decisión del tribunal de casación, que se espera para septiembre, ¿cree usted que éticamente un prófugo de la justicia puede ser candidato?
Mi posición es delicada porque soy portavoz presidencial, mis opiniones personales no pueden expresarse con la misma libertad. Si así fuera tendría una opinión clara y contundente, pero en este momento sólo puedo decirle que respetamos la posición de la justicia y de que cada ciudadano tiene que obrar de acuerdo a sus principios. Yo claramente de estar en una situación así tendría un comportamiento distinto.
Usted fue ministro con Correa, pero abandonó el correísmo en 2011, cuando el creador de la llamada revolución ciudadana intentó reforzar sus poderes.

Nosotros salimos porque Correa quería tomar la justicia en sus manos y lo hizo, con las consecuencias de corrupción y violación de los derechos humanos, que se hicieron flagrantes. El abuso se convirtió en la norma y también fuimos perseguidos al salir del Gobierno. Volví a la política con el presidente Moreno porque me correspondía curar los errores que cometí de la mano de Correa. No me callo al decir que me arrepiento de haber sido parte de ese Gobierno, pero mi arrepentimiento no se queda en la palabra: trabajo con todas las fuerzas que tengo para devolver a Ecuador la democracia, la libertad y la prosperidad que merece.
Ninguno de los pesos pesados del Gobierno, incluido usted, va a competir en las presidenciales de febrero.
Tenemos una tarea muy fuerte por delante: dejar a Ecuador estabilizado después de los distintos golpes vividos. Tener la cabeza en dos sitios, en el Gobierno y en la elección, es complicado para quienes hemos acompañado al presidente Moreno en esta durísima tarea. La democracia en Ecuador es otra vez sana y vigorosa, la libertad de expresión está clara, ya no existe la Ley de Comunicación con multas y prisión. Ecuador está en el mundo y donde le corresponde estar. Nos falta la prosperidad y es en ese camino en el que estamos trabajando.

El estado de excepción culmina el 12 de septiembre, hasta ahora con 100.000 contagiados y 10.000 muertos. ¿Cómo afronta Ecuador este paso trascendental?
Corresponderá a los ciudadanos cuidarse y cuidar del resto. Hemos hecho todo lo posible como Gobierno, hemos presentado todos los estados de excepción que hemos podido. La Corte Constitucional ha presentado un ultimátum, preferiríamos tener algún tiempo más para limitar la movilidad y ciertos derechos de la gente para evitar, por ejemplo, que se aglutinen. Pero ya tendremos que ser los ecuatorianos los que nos cuidemos, no tenemos otra opción. Yo soy optimista siempre y creo que vamos a salir bien de esta difícil situación.

¿Cómo vive ser la cara y la voz del Gobierno en la pandemia, cuando cada palabra que se dice pesa tanto en la sociedad?
Primero, es un privilegio; amo a mi país. Me formé para poder ejercer el poder. Lo segundo es que es muy duro. Al comenzar hablé con un consultor español, que me dijo que el único consejo que me podía dar es que no me podía equivocar. Con esa presión es con la que trabajo todos los días. Estoy orgulloso de ser parte de este Gobierno y de estar junto a Lenín Moreno, una extraordinaria persona y un líder que el mundo reconocerá en el tiempo.
Ecuador se atrevió a reabrir sus aeropuertos antes que nadie en la región, apostando por la reactivación económica.
Hay dos posibles escenarios por culpa de la pandemia: que nos muramos por coronavirus o por una economía que se cae. El Gobierno anterior sólo nos dejó 2.000 millones de dólares, frente a los 50.000 y 70.000 millones en reservas de Colombia y Perú, porque Correa decía y dice aún que las reservas no son necesarias. Por esta razón hemos tenido que hacer de tripas corazón y pedir un esfuerzo al sector público y escarbar en las arcas fiscales. Pero estamos apostando por la economía, porque estamos seguros de que el virus se va a vencer pero si no hay un camino claro de reactivación económica el mal va a ser bastante más grave que la enfermedad.

Una apuesta por la reactivación cuando en la memoria quedan aquellas primeras imágenes de Guayaquil, con cadáveres regados por las calles, que tanto asustaron a la región. ¿Cómo han calibrado desde el Gobierno los nuevos pasos?
Poniendo las prioridades claras: la primera, la vida. Ecuador fue el primer país en Sudamérica en cerrar fronteras, en impedir eventos públicos, en sacar a los niños de clase y apostar por el confinamiento. Cuando la situación se complicó el Gobierno se trasladó a Guayaquil y es en Guayaquil donde sorteamos aquellas dificultades. En un sólo día se pasó de 50 a 700 muertos, una curva que subió muy rápido y bajó muy rápido. En el resto del país la curva ha sido más plana, con menos desbordamiento de hospitales y con mucho menos ratio de mortalidad. Tendremos que aprender a convivir con el virus y sacar adelante la economía.

Para las elecciones de febrero se vislumbra un duelo entre el conservador Guillermo Lasso y el candidato de Correa. ¿Cómo vislumbra estos comicios?
Nada está dicho en las elecciones de Ecuador, son siete meses de campaña en medio del coronavirus. Vaticinar cualquier resultado es tirar una moneda al aire. Sería lamentable que los ecuatorianos decidieran volver al pasado, pero en democracia eso puede pasar. Hoy se necesita la posición más sensata, la más mesurada.

Ecuador ya ha recibido a medio millón de venezolanos huidos del derrumbe revolucionario. ¿Qué solución tiene Venezuela?
Una solución que tiene que salir de dentro de ese país, pero por supuesto es inconcebible ver hoy cómo un gobierno dictatorial lleva a su gente a la situación que está viviendo. Y peor, que haya líderes continentales que todavía lo respalden, es imposible de entender. Correa sigue creyendo que Maduro es un presidente legítimo, lo sigue diciendo y sigue viendo a Venezuela como un ejemplo. Es una vergüenza para el país.

¿Ha cumplido los objetivos de su viaje a España?
Hemos contactado directamente con nuestros emigrantes para cerciorarnos de su situación real. La pandemia ha cambiado muchas cosas. También el contacto directo con el Gobierno español y con comunidades autónomas donde viven los ecuatorianos para poder ratificar nuestro compromiso a las personas vulnerables. Ecuador no puede tener una queja ni con los ciudadanos ni con los gobiernos españoles. El trato a nuestra gente ha sido digno, cuidadoso y respetuoso, por el que estamos profundamente agradecidos.

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