Johnson muestra su pragmatismo y amplía las ayudas a los británicos

Johnson muestra su pragmatismo y amplía las ayudas a los británicos

Asume sin dramatizar el endeudamiento público y no hace saña con los impuestos

Es como si en una de esas cenas clandestinas entre vacunados que se han puesto de moda en el Reino Unido, los comensales (en este caso el pueblo británico) hubieran visto acercarse al camarero (el ministro de Economía, Rishi Sunak) con la cuenta en la mano, y se hubiesen temido lo peor, que la fiesta había terminado. Pero no solo la factura, aunque alta, es menor de lo que esperaban, sino que pueden pagarla a plazos. Y además les ha traído un chupito, y les ha dicho que no hay prisa, que se pueden quedar charlando todo el tiempo que quieran.

A pesar de los graves errores que cometió al principio de la pandemia y de los problemas del Brexit, Boris Johnson tiene mucho más cogido el pulso al electorado que la oposición laborista. La mayoría de la gente le perdona los fallos por las circunstancias excepcionales que vive el mundo, le agradece que haya aparcado el dogma económico conservador para paliar el paro y evitar el cierre de empresas, que no se exceda en el recorte de libertades (toques de queda, mascarillas en la calle, multas por no llevarlas) con la saña que algunos países de la UE, y que ponga un poco de optimismo.

Suave subida impositiva
Subida del 19% al 23% del impuesto de beneficios a las grandes empresas
El Gobierno Johnson, consciente de que no es momento para ideologías, sigue socializando y pintando de rosa la economía del Reino Unido, como si en vez de un ultraliberal (que en el fondo lo es) fuera un socialdemócrata al estilo de Helmut Schmidt o incluso, exagerando un poco, Olof Palme. El presupuesto que su ministro de Finanzas presentó ayer amplía a 460.000 millones de euros el endeudamiento del Estado para ayudar a sobrevivir a individuos y empresas (con diferencia el más alto en la historia del país en tiempos de paz), y acepta el argumento de que, para estimular la recuperación, hay que castigar los bolsillos al mínimo. No subirán los impuestos sobre la renta, ni los municipales, ni el IVA, ni sobre la gasolina y el alcohol, sino tan solo los de sociedades, y para las grandes corporaciones, no las pequeñas.

Factura, haberla, la hay, claro que sí. Las exenciones fiscales que permitían a millones de británicos de baja renta no pagar impuestos en absoluto desaparecen, y son más los que entrarán en la franja más alta, la que es tasada al 40%. Pero en conjunto la “clavada” es inferior a lo que se temía y el Estado prorroga su generosidad y seguirá pagando hasta septiembre (cuando se calcula haber vuelto a la normalidad) el 80% de los sueldos de las compañías en apuros, y se amplían los programas de asistencia a 600.000 autónomos. El impuesto de sociedades subirá del 19% al 25% en el 2023, pero solo afectará a las firmas que declaren más de 60.000 euros de beneficios, y aun así seguirá siendo uno de los más bajos entre las grandes potencias industrializadas. El mundo de la cultura recibirá 500 millones de euros para reabrir cines y teatros, y el del deporte profesional 350 millones.

Keir Starmer
“El Gobierno solo tapa las grietas y no hace nada para combatir la creciente desigualdad”
La Administración Johnson está demostrando en la gestión económica un pragmatismo del que careció en la negociación del Brexit, en la que todo fue guerra cultural y defensa de una cierta forma de identidad, nosotros contra ellos. “Tardaremos tiempo en recuperarnos de esta crisis pero nos recuperaremos, y mientras tanto el gran objetivo es proteger los empleos con que los británicos se ganan la vida”, declaró Sunak en la Cámara de los Comunes. Nada de austeridad, ni de obsesión por cuadrar las cuentas, ni de llevarse las manos a la cabeza. Ya habrá tiempo para ello. Sin llegar a los casi dos billones de euros de incentivos anunciados por Biden para reactivar la economía estadounidense, el Reino Unido va en esa misma línea, con la libertad de no estar sometida a las órdenes de Bruselas.

Aunque en sintonía con la manera de ver las cosas de la mayoría de la gente, el presupuesto no agradó a los ideólogos ultraliberales del Partido Conservador, que querían convertir la Gran Bretaña post Brexit en un Singapur europeo, y para ello contaban con que los impuestos de sociedades permanecieran tan bajos como estaban, o incluso más. Y tampoco a los laboristas, que llevan el paso cambiado hace ya mucho tiempo, y han criticado que Johnson no ataque más fondo las grietas de la economía, y haga más por combatir las desigualdades y resolver problemas como el de la asistencia a los ancianos. Millones de británicos están de acuerdo en que convendría hacerlo, pero ahora de lo que se trata es de sobrevivir. Y agradecen al Gobierno que, sin crear más drama del necesario ni recortar las libertades individuales más de lo estrictamente imprescindible, les muestre la luz al final del túnel y les lleve de la mano hacia la salida, vacunando más deprisa que ningún otro país europeo y casi del mundo (después de Israel y los Emiratos Árabes) y ampliando las ayudas. Habrá que pagar la cuenta, pero por el momento, un chupito.

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