Joe Biden descubre que el voto latino se le puede escapar

Joe Biden descubre que el voto latino se le puede escapar

Joe Biden viajó ayer a Tampa y Kissimmee, en Florida. La primera es la única ciudad de Estados Unidos con un Centro Asturiano, un recuerdo de hace más de cien años, cuando los apenas 500 kilómetros de mar que la separan de La Habana -más o menos, la misma distancia en línea recta de Madrid a La Coruña- eran una 'autopista' por la circulaban el tabaco y los emigrantes.

Pero la institución más importante hoy en día de Tampa es, aparte del mayor museo dedicado a Salvador Dalí del mundo después del de Figueras, el cuartel general del Mando Central de las Fuerzas Armadas de EEUU, es decir, la región militar que va desde Egipto hasta Afganistán. Por eso, y también porque el área urbana de Tampa y St. Petersburg está llena de jubilados, Biden tenía previsto reunirse con veteranos de guerra.

Kissimmee está a una hora y cuarto de Tampa. Pero es muy distinta. Es prácticamente un barrio de Orlando, la ciudad de los parques temáticos de Disneyworld, Universal y Sea World. Si Tampa es anglosajona, siete de cada diez habitantes de Kissimmee se definen como "hispanos". De ellos, la mitad son puertorriqueños. Así que, allí, Biden fue a celebrar el inicio del Mes de la Herencia Hispana, que concluye el 12 de octubre, el día en que, para los estadounidenses, un italiano llamado Cristóbal Colón llegó a América.

Con su visita, Biden trata de captar a dos electorados claves. Uno, tradicionalmente republicano, pero que en estas elecciones está muy desencantado con Trump: los militares. Y otro, que es demócrata, pero que en 2020, igual que en 2016, puede no ser lo suficientemente demócrata como para que el candidato de ese partido gane: los hispanos o latinos.

Con los militares, el hundimiento de Trump es claro. La semana pasada, un sondeo de la revista 'Military Times' revelaba que, entre los soldados en activo, Biden sacaría ahora mismo el 41% de los votos, frente a solo el 38% que apoyaría a Trump, mientras que el 13% respaldaría a otro partido -posiblemente, el ultraliberal Partido Libertario-, y el 9% ignoraría la elección. Eso, en una comunidad en la que el 40% se autodefine como republicano y apenas el 16% como demócrata, es un terremoto electoral.

La cuestión, sin embargo, es que en EEUU hay 1,3 millones de soldados en activo, y 61 millones de hispanos. Y la democracia, como dijo Borges en 1976, es "un abuso de la estadística".

Los latinos siguen siendo demócratas, pero puede que no lo bastante para Biden. En 2016, Donald Trump obtuvo aproximadamente el 28% de su voto, o sea, un punto más que Mitt Romney cuatro años antes. Y, en 2020, todo indica que el presidente va a igualar o exceder esa cifra. Los hispanos van a decidir tres estados clave: Florida, Nevada y Arizona. De ellos, el primero es "sin duda, el más importante de todos en estas elecciones", explica a EL MUNDO Libby Cantrill, directora de Asuntos Públicos de PIMCO, la mayor gestora de renta fija del mundo, transmitiendo una idea generalizada en Wall Street.

Trump y Biden están empatados en Florida. Pero el presidente es más popular entre los hispanos del estado, como dejó claro la semana pasada, un sondeo de la Universidad Marist para la cadena de televisión NBC, que daba a Trump el 50% del voto de esa comunidad y a Biden el 46%. Es una cifra devastadora para los demócratas. Desde entonces, la candidata a la vicepresidencia, Kamala Harris ha viajado a Miami. Y Michael Bloomberg ha anunciado que va a poner 100 millones de dólares (84 millones de euros) de su propio bolsillo para apoyar a Biden en Florida.

La pregunta es, ¿ha tomado la campaña de Biden al votante hispano por garantizado?

"Sí", responde Mike Gonzalez, investigador 'senior' del think tank conservador Heritage Foundation, ex miembro del equipo de George W. Bush en la Casa Blanca, y autor del libro 'The Plot to Change America: How Identity Politics Is Dividing the Land of the Free' ('El complot para cambiar EEUU: Cómo la política de identidad está dividiendo la tierra de la libertad'). Gonzalez cree, además, que la identificación demócrata con los disturbios y saqueos de este año han dañado las posibilidades de Biden entre los hispanos.

Las protestas, reflejo de la tensión entre blancos y negros, han provocado además cierres de las ciudades que han golpeado brutalmente a los sectores de la hostelería y del pequeño comercio, que ya estaba pulverizado por el Covid-19, y en el que los hispanos tienen una presencia enorme.

Además, los latinos no son un grupo homogéneo. Como declara a EL MUNDO Gonzalez, "dentro de la palabra 'latino' hay grupos muy diferentes, y cada uno de ellos reacciona de manera muy distinta a las diferentes situaciones". Un puertorriqueño de Nueva York es muy diferente de uno de Kissimmee. Pero, entre estos últimos, también hay divergencias. Un evangélico probablemente votará a Trump. Lo mismo que otro que lleve mucho tiempo en Estados Unidos, en parte porque, a medida que pasa el tiempo desde que adquiere la nacionalidad, el inmigrante se siente más estadounidense. Y, por tanto, la retórica nacionalista de Trump le molesta menos o, simplemente, le agrada.

Los latinos han jugado un papel minúsculo en esta campaña. En la Convención Demócrata, totalmente volcada en cuestiones de género y raza -siempre que ésta fuera negra- apenas hablaron tres políticos hispanos. De las nueve finalistas en la 'carrera' para hacerse con el título de candidatas a vicepresidenta, tan solo una era latina: la gobernadora de Nuevo México, Michelle Lujan Grisham. Esa invisibilidad parece implícita incluso en los argumentos de los hispanos que apoyan a Biden.

UN GRUPO HETEROGÉNEO
"Yo creo que la comunidad puertorriqueña se inclina hacia Biden, no solo porque Trump ha hecho cosas imperdonables, sino, también, porque los demócratas han abierto un diálogo a largo plazo para solucionar nuestras demandas en áreas como la salud, el salario mínimo, y la vivienda", explicaba en conversación telefónica María Revelles, nacida en Puerto Rico y ex subdirectora de la organización Faith in Florida (Fe en Florida), basada en Orlando, que defiende a las minorías y a los grupos de ingresos más bajos. El problema es que esas políticas son poco concretas y, sobre todo, no están dirigidas específicamente a la comunidad latina.

Ronald Reagan dijo que "los latinos son republicanos, pero todavía no lo saben". Acaso esa afirmación no pueda aplicarse a los más jóvenes, muy identificados con Black Lives Matter. Pero sí a la generación de más edad. Ése es el caso de la empresaria inmobiliaria Jo-Ann Chase, también puertorriqueña, que se hizo republicana a los 18 años y ahora, a los 66, está a punto de ser nombrada miembro del Consejo Asesor del Presidente para la Prosperidad de los Hispanos, y cuyo credo político es completamente conservador: "Dios, familia, y patria".

Chase también ejemplifica cómo los disturbios han alterado a la comunidad latina. "Tengo amigos que vinieron de Venezuela, de Cuba, o de Nicaragua, que nunca se habían metido en política y que, ahora, me dicen: "Si gana Biden, yo me voy de Estados Unidos, porque esto se va a poner como mi país de origen". Para Chase, "el Gobierno de Donald Trump nos protege del marxismo, que no llega de Biden, sino de Kamala Harris".

Así es como el canal de YouTube GR8 America, de ideología muy conservadora, ha acumulado ya 409.000 suscriptores desde su creación, hace dos meses y medio, en Miami. Su audiencia, además, no se limita al exilio cubano, como muestran sus datos internos, compartidos con EL MUNDO: apenas el 20,7% de sus suscriptores son de Florida, y su segundo estado con más audiencia es la muy izquierdista California. Chase también pone de manifiesto esa situación, porque vive en el norte de Virginia, un sitio existencialmente demócrata. Así que, si Biden no moviliza a los latinos, puede encontrarse con una sorpresa muy desagradable el 4 de noviembre: la misma que tuvo Hillary hace cuatro años.

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