Japón mantiene vivo el TPP sin EE.UU. esperando al sucesor de Trump

Japón mantiene vivo el TPP sin EE.UU. esperando al sucesor de Trump

Tokio elimina aranceles con Europa para abrir más su economía y seguir creciendo

Junto a su civismo y a la atención hasta el más mínimo detalle, una de las características nacionales de Japón es la resiliencia, su capacidad de adaptación a la adversidad. Así consiguió resurgir como superpotencia económica tras su traumática derrota en la II Guerra Mundial y así lleva dos décadas resistiendo las más severas tesituras, como el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis asiática en los 90 y el tsunami de 2011 que provocó el desastre nuclear de Fukushima.

Ahora, Japón se enfrenta a un nuevo reto que ha sacado a relucir, una vez más, su resiliencia. A principios de este año, su principal aliado político y militar, Estados Unidos, se salía del Tratado Transpacífico de Libre Comercio (TPP) nada más tomar posesión su nuevo presidente, Donald Trump. Paliando en parte la retirada estadounidense de dicho marco, que incluía a doce naciones de ambas orillas del Pacífico y sumaba un 40% del comercio mundial, Tokio acaba de sellar con la UE un acuerdo similar.

A la espera de cerrar los detalles del trato, que debería ratificarse y entrar en vigor en 2019, ambas partes se unen a favor del libre comercio frente al proteccionismo de Trump. Para Japón, además, supone una nueva oportunidad para no descolgarse del tren de la globalización, que impulsan a toda máquina las potencias emergentes de Asia, como China o la India.

Formando un mercado de 637 millones de consumidores, que representan un 40% del comercio mundial y un 30% de la economía global, la UE y Japón se han comprometido a eliminar sus aranceles y barreras proteccionistas, que ascienden a mil millones de euros anuales. La medida beneficiará a las grandes marcas automovilísticas niponas, que se librarán de sus tarifas aduaneras del 10% en siete años, y a la agricultura europea, sobre todo al sector lácteo, al aceite y a los vinos.

«El acuerdo de libre comercio con la UE y el TPP son vitales para el crecimiento de Japón, que confía en mantener con vida este último a la espera de que EE.UU. vuelva al mismo en el futuro», analiza para ABC EMPRESA Tetsuo Kotani, experto del Instituto de Japón de Asuntos Internacionales. Aunque el trato con Bruselas no compensa, a su juicio, la retirada de Washington del TPP, que considera «una gran pérdida para Japón», cree que este puede mantenerse «invitando a Taiwán, Corea del Sur e incluso a China, si Pekín acepta reformar sus empresas estatales como exige el acuerdo».

A tenor de sus normas actuales, el TPP está herido de muerte sin EE.UU.porque requiere para su constitución de al menos seis estados participantes y el 85% de su PIB total. Pero los miembros que quedan se están planteando un cambio de las regulaciones que permita su supervivencia.

«La evolución del TPP con once miembros se verá en la cumbre del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) que se celebre en noviembre» en Vietnam, avanza Tomohiko Taniguchi, consejero especial del Gabinete del primer ministro japonés, Shinzo Abe, para quien escribe sus discursos. Además de destacar el impulso de Abe a ambos acuerdos de libre comercio, recuerda el crecimiento económico que han traído sus reformas económicas («Abenomics») y las inyecciones de capital del Banco de Japón, que continuarán. Pero también advierte de que, para seguir progresando, «Japón debe ser más inclusivo y ha de fomentar la tecnología y la robótica con el fin de mejorar la productividad».

Puertas abiertas

En otro ejemplo de adaptación, el país del sol naciente está venciendo su tradicional resistencia a aceptar inmigrantes para que la economía siga avanzando y ya cuenta con dos millones de trabajadores extranjeros. «Ante el envejecimiento y la pérdida de población en el archipiélago nipón, que pasará de 120 millones de habitantes a 90 millones en 2060, hacen falta diez millones de extranjeros para seguir manteniendo el volumen económico actual y mitigar la escasez de mano de obra en la construcción, la agricultura, las ventas al por menor y el cuidado a los mayores», calcula Susumu Takahashi, presidente del Instituto de Investigación de Japón. Para ello, el país debería absorber cada año 200.000 extranjeros, en lugar de los 10.000 que admite ahora. «Aunque la sociedad nipona es reacia porque es muy homogénea, el Gobierno se muestra más abierto y a partir de otoño habrá una discusión seria para permitir más extranjeros trabajando», señala Tahakashi. En su opinión, también está ayudando a cambiar esta mentalidad la creciente llegada de turistas, que ya suman 30 millones y aumentarán hasta los 40 millones con motivo de los Juegos Olímpicos de Tokio.

Con un crecimiento económico actual del 0,3%, Tahakashi ve factible “llegar hasta el 1,5% si se reforma el mercado laboral y se cambia la mentalidad empresarial para adaptarse a los nuevos tiempos, abriéndose al mundo”. Aunque concede al Banco de Japón el logro de haber detenido la deflación (caída de los precios) que lastraba la economía desde hacía años, cree que todavía hará falta mucho tiempo para que la inflación llegue al 2%, como se han propuesto las autoridades. Mientras tanto, Japón seguirá haciendo gala de su resiliencia para mantenerse como superpotencia económica.

Abe se aferra a la recuperación económica

Debilitado por una serie de escándalos de trato de favor a empresarios amigos, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, se aferra a la economía para paliar la caída de su popularidad. Según la última encuesta de la agencia Jiji, el nivel de aprobación de su Gobierno se ha hundido por debajo del 30%, el más bajo desde que tomó el poder en 2012. Para darle la vuelta a este descontento popular, Abe remodelará su gabinete a principios de agosto. A pesar de este revés, la oposición sigue sin amenazar el liderazgo de Abe, que deberá renovar la presidencia de su partido el próximo año para concurrir a nuevas elecciones.

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