Jaime Bellolio, ministro portavoz del Gobierno chileno: "No vamos a ser neutrales con los contenidos de la Constitución"

Jaime Bellolio, ministro portavoz del Gobierno chileno: "No vamos a ser neutrales con los contenidos de la Constitución"

Con la misma edad que la Constitución de Pinochet que será sustituida, defiende que el referéndum es "la señal" de que los chilenos prefieren la vía institucional y no la de la violencia".

Jaime Bellolio Avaria (Santiago, 1980) tiene la misma edad que la Constitución de Pinochet que un 78% de los chilenos que votaron en el plebiscito del 25 de octubre han aprobado sustituir. Este ministro del Gobierno de Sebastián Piñera forma parte de la derecha liberal y llegó al cargo hace apenas tres meses. Para él, el resultado del plebiscito es una señal clara de que los chilenos optan por la vía institucional y democrática para introducir cambios.

¿Qué evaluación hace el Gobierno tras el plebiscito
La tarea del Gobierno era que el plebiscito fuera participativo y seguro, tanto desde el punto de vista sanitario como de la seguridad. En eso ha sido un éxito. Tuvimos una participación muy masiva, la más alta desde la vuelta a la democracia. Y la señal es que los chilenos prefieren la vía institucional y no la de la violencia,

Después del 18 de octubre de 2019, la violencia se instaló de forma cotidiana en Chile. ¿Persistirá durante el proceso constituyente?
Tras el 18-O, la policía perdió parte de la legitimidad del uso de la fuerza para imponer el orden público. Sin ese orden es imposible que funcione la democracia. Por eso era tan significativo que el plebiscito se desarrollara perfectamente, que no hubiese intentos de boicotearlo, de amenazar a los votantes. Y eso fue lo que ocurrió. En ese proceso se ha relegitimado el rol de una policía que, por supuesto, debe actuar de acuerdo a los derechos humanos y las leyes. Pero, cuando tan masivamente se opta por la vía institucional, por definición, se está dejando de lado la vía violenta que se legitimó y justificó después del 18-O.
Usted empezó siendo partidario del 'apruebo', pero después se pasó al 'rechazo' que perdió.
Como ministro del Gobierno, el rol que nos correspondía era el de ser veedores del proceso...

¿Y cómo individuo?
La mayor parte del tiempo desde que se firmó el acuerdo del 15 de noviembre que originó este plebiscito estuve por el 'apruebo' y una de las razones que me hizo cambiar de opinión fue precisamente la ambigüedad, silencio y complicidad frente a los actos de violencia junto con la idea de saltarse las reglas que mostraban algunos. Sin embargo, la que ha triunfado es la vía institucional y no la violencia

¿Fue un acierto que el presidente impusiera esta neutralidad a su gabinete?
La prescindencia política era importante para cualquier gobierno porque ésta era una tarea de Estado. Por lo tanto, no fuimos neutrales en términos de que esto tenía que salir bien, como tampoco vamos a ser neutrales en términos de los contenidos constitucionales. Hay algunas voces que intentan acallarnos, censurarnos desde ya. Es como pretender que la Cámara de Diputados es la única que puede hablar de los proyectos de ley y que el Gobierno o la sociedad civil no pueden intervenir en los debates políticos.

Hay gente que sigue pensado que la convención constituyente debería ser una asamblea depositaria de la soberanía nacional. Pero sólo es una comisión redactora...
El 15 de noviembre de 2019 firmamos un acuerdo por una nueva Constitución, por la paz y una agenda social. Hubo miembros del Frente Amplio (similar a Podemos) más el Partido Comunista que votaron en contra. Decían que debía haber una asamblea constituyente de poder originario y no derivado. Sin embargo, el acuerdo era en torno a una asamblea de poder derivado. Tiene razón en que lo que la convención hará es redactar una nueva constitución que después será refrendada por el pueblo soberano en un nuevo referéndum. Esos grupos minoritarios que no querían ese pacto fueron derrotados en este plebiscito.
Marco Enríquez Ominami dice que el Congreso debería disolverse cuando se instalé la convención.

Eso habla de un pobre compromiso democrático. La vía democrática es la que la inmensa mayoría de los chilenos escogió. Cuando el 80% apoya que haya esta forma de convención y no otra, esta diciendo que ratifica la actual democracia con estas reglas y los que van a estar a prueba estos meses son esa izquierda que toma atajos.

¿Chile va a cumplir los tratados y sentencias internacionales?
Está obligado. Parte del mandato consiste en que esta convención constituyente tiene ciertas restricciones, una de ellas son los tratados internacionales que Chile ha firmado y siguen vigentes. Tampoco la convención puede propugnar que Chile deje de ser una democracia ni una república. Cuando algunos hablan de que esta es una página en blanco cometen varios errores. Primero por nuestra tradición constitucional, la actual constitución tiene elementos de 1833, de 1925 y del 2005. Y segundo, porque todos esos tratados están vigentes y no se pueden revocar a través del nuevo texto.

¿Puede explicar la regla de dos tercios?
Otro acuerdo es que todas las decisiones al interior de esta convención tienen que ser tomados por dos tercios de sus miembros. Esto implica al menos dos cosas: primero que tiene que haber un reglamento de funcionamiento aprobado por esa mayoría. Y, después, cualquier disposición que quiera figurar en la nueva Constitución también tiene que ser aprobada por dos tercios.

¿Qué sucede si hay disputas?
Nuestras reglas implican que la Corte Suprema tiene un papel cuando hay diferencias profundas sobre la forma de operar de la convención. Ese va a ser su rol en el proceso constituyente además de seguir impartiendo justicia.

¿Qué le dice a los que piensan que Chile se volvió loco y que va camino de convertirse en Venezuela?
Creo que esa posibilidad está descartada. Entre otras cosas porque en Chile tenemos 500.000 venezolanos que saben perfectamente lo que significa vivir en una dictadura asesina como esa. En segundo lugar, porque los chilenos han optado sistemáticamente por la democracia. Por lo tanto, aunque las vías totalitarias estén presentes en redes sociales y, a veces, en el Parlamento, son minoritarias. España tiene su propio 25 de octubre que es el aniversario de los pactos de la Moncloa que significaron un largo periodo de progreso y estabilidad. Chile no tuvo esos pactos, pero sí hubo consensos subyacentes en un modelo de progreso. Ese modelo duró 30 años y se agotó. Entonces, este es el mecanismo por el cual los chilenos han decidido hacer sus propios pactos de la Moncloa, nuestra propia solución política y social para los próximos 30 años.

¿Cómo cree que va a ser la nueva Constitución?
Es probable que se parezca a la Constitución de Colombia que tiene muchos derechos sociales recogidos allí y, por tanto, su dificultad estriba en cuáles son las instituciones para desarrollarlos. Lo que no veo es que los chilenos estén por un texto que reduzca sus libertades.

Se ha dicho que hoy hay un parlamentarismo 'de facto'. ¿Podría el país cambiar de un régimen presidencial a uno parlamentario en 2022?
Esa será una de las discusiones. Cómo se logra canalizar de manera institucional que las urgencias de las personas sean las urgencias de la política, que los gobiernos tengan también un apoyo en el Congreso que les permita sacar adelante su agenda legislativa así como su agenda ejecutiva. Que algunos pretendan instalar hoy un parlamentarismo 'de facto' implica poco respeto por las actuales reglas. Existe un mandato mayoritario del presidente Sebastián Piñera que termina el 11 de marzo de 2022 y lo vamos a ejercer hasta el ultimo día. Otra cosa es la discusión sobre la forma de gobierno en la que hay que buscar una manera de resolver los problemas que no sea tener que escribir una constitución cada vez. No hay recetas mágicas. El descrédito de las instituciones es un campo fértil para el populismo. No quisiera que tuviéramos que escoger entre los equivalentes chilenos de Vox o Podemos, pero es lógico que si las instituciones no se modernizan ni responden a las necesidades, eso ocurra.

¿República unitaria o plurinacional?
Hay dos discusiones. Una es cómo se incorporan los pueblos originarios. Se podría hacer un reconocimiento explícito en la nueva Constitución, pero el hecho de que haya más naciones que una sola es muy chocante para la tradición chilena. Chile siempre ha sido un estado nación. Y si bien es una discusión que me parece teóricamente fascinante, en la práctica los chilenos están acostumbrados a tener un solo estado nación.

¿Y plurinacional?
Hay cierto acuerdo de que somos una nación pluricultural de inmigrantes y eso es parte de su riqueza. Lo importante es saber si la plurinacionalidad implica algo más que la mera declaración. Y si eso implica una especie de gobierno autónomo, creo que la opinión de la mayor parte de los chilenos es que no.

¿El género va a ser relevante? Cabe la posibilidad de que un candidato a la convención con muchos votos quede fuera en favor de otro del sexo menos representado.
Eso lo hemos asumido. Parte de lo innovador de este proceso es que se obligó no sólo a que hubiese candidaturas paritarias, como teníamos previamente, sino que se exigió que hubiese resultados paritarios.
Eso cuestiona la idea de representación: ¿una mujer no puede representar a un hombre?
Hubo un debate relevante en el Congreso sobre eso y la decisión final fue la que fue.

¿Qué efecto va a tener eso en el texto constitucional?
La lógica de que eso ocurra es que necesariamente tiene que ser un texto que incorpore todas las miradas.

¿Se producirá una inflación lexicográfica? ¿Ciudadanos y ciudadanas, chilenos y chilenas, diputados y diputadas?
No tengo problema con que se hable de presidente y presidenta, entiendo que hará el texto más largo, pero sí me importa que alguien sienta que no fue parte de esta discusión y, por tanto, que al término del proceso pueda decir que las instituciones no son legítimas.

¿Es este el inicio de un nuevo pacto?
Sin lugar a duda y ese pacto no puede ser excluyente. Por lo tanto, esas voces más extremas, sobrerrepresentadas en las redes sociales, en realidad no quieren una casa común, sino una donde se excluya a otros. Ellos fueron los grandes derrotados en el plebiscito.

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