Iván Duque multiplica sus apariciones y levanta su imagen en medio de la pandemia

Iván Duque multiplica sus apariciones y levanta su imagen en medio de la pandemia

El presidente de Colombia se vuelca a un programa diario para gestionar la emergencia y superar una crisis de popularidad.

El presidente Iván Duque llega al final de cada jornada a los hogares de los colombianos, confinados en una cuarentena nacional que se extenderá por lo menos hasta el próximo 11 de mayo. Al menos así lo escenifica su programa diario “prevención y acción”, un especial televisivo de una hora que se emite sin falta a las 18.00 por las diversas plataformas de la Presidencia. Allí lee estadísticas sobre el coronavirus, hace anuncios o contesta preguntas, pero también le da la palabra a expertos, dirigentes gremiales o miembros de su Gabinete. Ningún invitado es improvisado, ni son siempre los mismos. Su acompañante más asiduo es el ministro de Salud, Fernando Ruiz. Algunas veces, el mandatario viste una chaqueta marcada con su nombre; otras, blazer y camisa; pero siempre junto a una pequeña bandera y un frasco de desinfectante sobre la mesa.

“El concepto general con el que estamos trabajando es el aislamiento preventivo”, reiteraba en la emisión de este lunes, mientras miraba fijamente a la cámara, al anunciar la prolongación de un confinamiento que ya está a punto de cumplir un mes. Como parte de la esperada “reactivación de la vida productiva”, a partir del próximo lunes los sectores de la construcción y la industria manufacturera se sumarán a los servicios esenciales y comenzarán a salir a las calles bajo ciertos protocolos. Con más de 4.000 casos detectados y 196 muertes relacionadas con la covid-19, el presidente aseguró que el país ha conseguido ralentizar la propagación, como detalló más adelante Martha Ospina, directora del Instituto Nacional de Salud (INS), otra de sus invitadas. Sin embargo, apuntilló el mandatario, “no se puede cantar victoria”.

Duque, haciendo eco de la canciller alemana Ángela Merkel, ha calificado la crisis del coronavirus como “la situación más desafiante que ha tenido el planeta desde la Segunda Guerra Mundial”. Su respuesta ha estado caracterizada por una elevadísima exposición mediática que incluye largas entrevistas con varios medios todos los días. También por un pulso de liderazgos con la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. De momento, parece estar rindiendo frutos. De alguna manera, sigue un manual establecido. La comunicación de riesgos en salud recomienda un portavoz permanente, en horarios definidos, que exhiba control de la situación. Pero no en todos los países ese portavoz es el propio presidente. Con la cuarentena, la gente se refugió en sus hogares y volvió a consumir televisión. “Prevención y acción” le ha permitido a Duque contextualizar qué está pasando y copar con su mensaje el prime time, que en Colombia empieza a las 19.00.

“Su estrategia de comunicación es acertada, pero en un principio ha sido tardía y ahora se vuelve un poco repetitiva y monótona”, valora Eugénie Richard, docente e investigadora de la Universidad Externado de Colombia. En un primer momento, los mandatarios locales le tomaron la delantera, como mostraba una encuesta de Cifras y Conceptos a comienzos de abril en la que aparecía detrás de alcaldes y gobernadores. “El escenario de crisis ha sido muy propicio para Duque para construir una narrativa de Gobierno, algo que no tenía y que realmente le hacía falta", señala esta experta en comunicación y marketing político. "Con el coronavirus tuvo la oportunidad de revelarse como líder y encontró una causa para su presidencia”.

El mandatario resultó elegido hace menos de dos años con una inédita cifra de más de diez millones de votos, bajo la alargada sombra del expresidente y senador Álvaro Uribe, su mentor político. Desde entonces, ha transitado una pronunciada crisis de popularidad. El Centro Democrático, el partido de Gobierno, ha avivado en numerosas ocasiones la polarización que impera desde la negociación del acuerdo de paz, aunque el presidente se retrate como un moderado. Había cierto consenso en que su mandato carecía de rumbo definido. Pero el coronavirus trastocó la agenda política. En medio de la crisis sanitaria, ya no luce asediado por las encuestas ni las protestas en unas calles que ahora se encuentran vacías por el confinamiento. El estruendo de los cacerolazos de finales del año pasado se ha acallado. Por momentos incluso ha dado paso a tímidos aplausos para homenajear a médicos y personal sanitario.

Desde que Colombia detectó su primer caso de la covid-19, el pasado 6 de marzo, Duque ha declarado un estado de emergencia –inicialmente sanitaria, después social y económica– que le ha permitido precipitar una cascada de medidas de todo tipo, con énfasis en el aislamiento y el distanciamiento social. Comenzó por la cuarentena obligatoria de los viajeros que llegaban de países que habían sido foco de contagio, y después, de la mano de las directrices de la Organización Mundial de la Salud, prohibió las aglomeraciones de personas. Siguió con el cierre de sus fronteras –que terminó por incluir la frontera aérea–, la suspensión de clases presenciales en colegios y universidades y el aislamiento de los mayores de 70 años. Esas decisiones estuvieron acompañadas por alivios y créditos para los sectores más golpeados, mayores recursos para el sistema de salud y más giros para los beneficiarios de los programas gubernamentales de transferencia de recursos.

Cuando todavía no se había reportado ningún fallecimiento, dio el paso más drástico. El mandatario decretó desde el 24 de marzo una cuarentena nacional, precedida en cinco días por el simulacro que ya había impulsado la alcaldesa de Bogotá y que terminó convertido en un valioso ensayo del encierro. “Si frenamos la propagación de este virus, estamos salvando muchas familias”, declaró Duque en una solemne alocución televisada en la que lo acompañaba su vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, el ministro de Salud y un grupo de epidemiólogos, médicos y científicos, representantes de asociaciones que habían presionado por esa medida.

A partir de ese momento, retomó la iniciativa, valora el analista político Pedro Viveros. “Los colombianos, el mundo, sus detractores, están conociendo a Iván Duque sin Uribe”, apunta. “Ese es el Iván Duque real. Un señor que da la sensación de que de verdad está batallando para que no se mueran colombianos. Y lo está haciendo de forma científica y ponderada, sin ser un presidente estrambótico, ni responder críticas, ni estar peleando”. Advierte, sin embargo, que muchos coletazos de la crisis están por dejarse sentir, entre ellos los económicos, y más adelante pueden pasarle factura.

La erosionada imagen del presidente, que ha aparecido sostenidamente en números rojos, ha encontrado oxígeno en la gestión de la pandemia. Un estudio de la firma Guarumo le concedió esta semana una inesperada favorabilidad de 62% –aunque por debajo del 78% de Claudia López, que en cualquier caso acusa menos desgaste desde su toma de posesión en enero–. Aparecer rodeado de científicos, y emancipado de los políticos, se antoja como uno de sus principales aciertos.

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