Italia regresa a la incertidumbre

Crisis en Roma

Italia regresa a la incertidumbre

Conte dimite como primer ministro y culpa a Salvini de la caída del Gobierno

Giuseppe Conte ya no es primer ministro de Italia. El abogado anunció ayer durante su intervención en el Senado italiano que al terminar el debate parlamentario presentaría su dimisión ante el presidente de la República, Sergio Mattarella. Y así lo hizo. Después de casi dos semanas de nerviosismo por la decisión unilateral de Matteo Salvini –líder de la ultraderechista Liga y uno de sus dos viceprimeros ministros– de tumbar el Ejecutivo para intentar tomar el control del país en solitario con un adelanto electoral, Conte abogó por tomar la iniciativa y no esperar a que se votase la moción de censura convocada por el mismo Salvini. Con su renuncia, un gesto muy aplaudido por la mayor parte del arco parlamentario, se confirma institucionalmente el fin del experimento de Gobierno populista entre la Liga y el Movimiento 5 Estrellas (M5E). Catorce meses después, Italia vuelve a encontrarse sin primer ministro y se adentra en la incertidumbre.

La jornada parlamentaria de ayer será recordada por el duro discurso que Conte –figura de la órbita del M5E y ya liberado del yugo de tener que contentar a la Liga– dirigió contra Salvini, a quien acusó de ser el único responsable de la fallida de su Gobierno. Mientras el liguista, sentado a su lado, se ensanchaba de hombros, ponía los ojos en blanco o hacía gestos burlones, el ya expremier no quiso perder la oportunidad de explicar a los italianos todos los motivos por los cuales Salvini es un político irresponsable. Le tachó de oportunista por hacer caer al Ejecutivo sólo por sus intereses electorales, le acusó de no tomarse en serio las instituciones e incluso de incoherencia política, pues había presentado una moción de censura cuando sus ministros todavía no habían dimitido.

“Salvini ha demostrado que sólo sigue sus propios intereses y los de su partido”, declaró el abogado. “Sus decisiones generan serios riesgos para este país”, apostilló, citando la “espiral de incertidumbre política e inestabilidad financiera” que provoca la crisis de Gobierno y también la encrucijada sobre el comisario europeo que Italia debe llevar a Bruselas. El sorprendente rapapolvo llegó a las cuestiones más mediáticas: Conte hasta recriminó a Salvini que se apropie de los símbolos religiosos durante los mítines electorales. Como un niño pequeño que se esconde del profesor, Salvini respondió cuando Conte no le miraba sacando un crucifijo de su bolsillo para besarlo delante de las cámaras y los parlamentarios.

Con la renuncia del primer ministro, Italia, un país acostumbrado a gobiernos muy breves, regresa a la inestabilidad política. Ahora la pelota vuelve a estar en el tejado del jefe de Estado, el presidente Sergio Mattarella, que comenzará una ronda de consultas con los líderes políticos de los diferentes partidos para comprobar si hay la posibilidad de que exista una mayoría parlamentaria diferente a la fracasada entre el M5E y la Liga. Si no lo consigue, y tampoco opta por nombrar un primer ministro de corte tecnócrata para aprobar los presupuestos del año que viene (necesitaría el aval del Parlamento, y ambos partidos populistas ya han dicho que no están por la labor), Mattarella no tendrá más remedio que disolver las Cámaras tres años y medio antes de lo previsto y adelantar las elecciones a finales de octubre o a principios de noviembre.

El adelanto electoral es un movimiento que no gusta a nadie más que a Salvini y sus compañeros de la coalición derechista. Desde la Segunda Guerra Mundial, Italia jamás ha votado en otoño. Es cuando se deben aprobar los presupuestos del año que viene, un momento clave para un país con una deuda descomunal. Con esta presión encima de la mesa, lo más probable es que Mattarella intente que el M5E y el Partido Demócrata se entiendan para gobernar juntos al menos para pasar este trance. El partido de centroizquierda hizo saber en una nota que está dispuesto a entablar negociaciones con los grillini con la finalidad de aprobar los presupuestos.

El discurso de Conte y su posterior dimisión dieron una salida digna a un primer ministro que se ha visto totalmente ensombrecido por Salvini durante su mandato. Pero los ataques a la irresponsabilidad del liguista llegan tarde: nadie olvida que durante estos catorce meses ha sido él quien le ha dado manga ancha, pese a ser el socio minoritario en la coalición, para actuar en completa libertad. Con su visto bueno, el ministro del Interior ha cerrado los puertos a la inmigración, ha evitado ser juzgado por retener un buque militar italiano con 177 migrantes a bordo e incluso se prestó a hablar ante las cámaras en su lugar después de que saliera a la luz el escándalo por la posible financiación rusa de la campaña europea de la Liga. Ayer ya no le defendió. Salvini pasó oficialmente a la oposición.

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