Israel retrasa la anexión del 30% de Cisjordania al no lograr el visto bueno de EE.UU.

Israel retrasa la anexión del 30% de Cisjordania al no lograr el visto bueno de EE.UU.

Netanyahu no logra la luz verde de Estados Unidos a la incorporación del 30% de Cisjordania.

Beniamin Netanyahu, primer ministro de Israel, admitió ayer que todavía no tiene la luz verde de la Casa Blanca para anexionarse el 30% de Cisjordania, tal y como estipula el plan de paz que el presidente Trump dio a conocer en enero. A Estados Unidos le preocupa la falta de apoyos en Israel, la región y más allá. No solo los palestinos están en contra. Jordania y Egipto, así como las monarquías del golfo Pérsico, no han dado su visto bueno. El rechazo frontal de la ONU y la UE no preocupan tanto a la Casa Blanca pero tampoco ayudan.

Netanyahu tiene un pacto con Bennet, su antiguo rival convertido ahora en socio de gobierno, ministro de Defensa y sucesor, que a partir de hoy le permite presentar a la Knesset (Parlamento) la “visión para la paz” de Trump. Este “acuerdo del siglo”, según la Casa Blanca, autoriza la anexión de los territorios palestinos bajo control israelí a cambio de ceder el resto a los palestinos de forma permanente. Los palestinos, además, deberían ser recompensados con territorios israelíes. Israel tiene unas 120 colonias en Cisjordania y además un control absoluto sobre un 60% del territorio. La Casa Blanca ha dibujado un mapa que aísla a la población palestina y facilita la anexión de las zonas con mayoría judía. Este reparto, sin embargo, no está cerrado. Netanyahu pone reparos. Desearía incorporar más lugares trascendentales para los judíos que ahora se quedan fuera, como Bet El, donde Jacob imaginó una escalera que subía al cielo, y Silo, la primera capital del Israel bíblico. Las reivindicaciones territoriales de Israel en Judea y Samaria (hoy Cisjordania) parten de las sagradas escrituras. Esta es la justificación religiosa e histórica que esgrime la derecha israelí para reclamar la soberanía total sobre el Gran Israel, un territorio que va del Mediterráneo al río Jordán.

Benny Gantz, próximo primer ministro, cree que es más urgente luchar contra el virus y la crisis que origina

El valle del Jordán, fronterizo con Jordania, tiene una importancia estratégica para Israel, que desde la invasión de 1967 ha mantenido allí una fuerte presencia militar. La necesidad de mantener unas “fronteras seguras” le lleva a pedir también la anexión de esta región.

La Casa Blanca se resiste a dar la luz verde porque Benny Gantz prefiere esperar. Considera que la prioridad es luchar contra la Covid-19 y la crisis económica. “A un millón de parados –ha dicho– no les preocupa nada la anexión”.

Netanyahu, sin embargo, tiene prisa. Si Trump pierde la reelección en noviembre se le cerrará una oportunidad de oro. Su rival Joe Biden no autorizará las anexiones en Cisjordania, donde viven 2,7 millones de palestinos.

Al margen del marco legal que regule la presencia israelí en Cisjordania, la vida para los palestinos no cambiará mucho. La mayoría de ellos viven ya bajo la jurisdicción militar israelí. No tienen los mismos derechos que los israelíes y su libertad de movimientos está muy limitada.

Gantz solo defiende la anexión de los asentamientos si es fruto de un acuerdo con los palestinos bendecido, además, por la comunidad internacional. A los palestinos que, en todo caso, queden bajo soberanía israelí les garantiza igualdad de derechos.

Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, hace tiempo que denuncia la expansión territorial de un Israel que, después de anexionarse el Golán y Jerusalén oriental, ha impuesto un sistema de segregación racial, un apartheid que se aplica incluso en aquellas zonas de Palestina que deberían estar bajo control palestino según los acuerdos de Oslo de 1995. Este pacto marcó la ruta a un plan de paz basado en la creación de un Estado palestino que hoy es inviable.

Netanyahu ha impuesto un estatus quo que, a cambio de estabilidad, ofrece a los palestinos trabajo en Israel y los asentamientos. Las empresas reducen costes porque la mano de obra palestina es más barata. Los israelíes ganan pero Netanyahu dice que también lo hacen los palestinos porque debido a la ocupación no tienen muchas opciones de ganar un sueldo.

Mientras la derecha israelí presiona a Netanyahu para que anexione hasta el 60% de Cisjordania, el primer ministro parece ahora más inclinado a incorporar a Israel solo tres colonias: Ariel, Maale Adumin y Kfar Etzion. Así podría cantar victoria sin alterar demasiado el mapa territorial y hacerlo, además, con un amplio consenso en Israel. Solo debe compensar a los palestinos con territorios en la zona de Qalquilya.

Netanyahu es hábil en estos regateos. Gracias a ellos es el primer ministro con más años al frente del Gobierno. Pero ahora está al final de su carrera. En poco más de un año deberá ceder el poder a Bennet y se enfrenta a un proceso penal por corrupción con penas de hasta diez años de cárcel. Conseguir la anexión del tantos territorios palestinos como sea posible sería un broche de oro a su carrera, un legado que podría borrar los supuestos delitos que haya cometido. De ahí que le urja satisfacer este interés personal antes de que Trump deje la Casa Blanca.

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