Israel intenta apuntalar el 'puente de Abraham' con los países árabes

Israel intenta apuntalar el 'puente de Abraham' con los países árabes

El estallido de violencia en Gaza fue una prueba de fuego para el pacto de normalización de relaciones con cuatro naciones árabes

Israel y los países árabes firmantes de los acuerdos para normalizar sus relaciones intentan dar un nuevo impulso al pacto, después de las dudas sobre su continuidad que motivó el último enfrentamiento entre palestinos e israelíes, el pasado mayo. Con el aún frágil alto el fuego entre Israel y las milicias de Hamas como precario colchón, los signatarios de los llamados Acuerdos de Abraham encarrilan el verano con nuevos guiños diplomáticos que apuntalen su año de vida, ya con dos de sus mayores impulsores -Donald Trump y Benjamin Netanyahu- fuera de la escena política.

El tercero de sus valedores, el príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, ha recuperado este junio el furor del verano de 2020, cuando tuvieron lugar los primeros vuelos comerciales con Israel. Pero han tenido que transcurrir meses para que se produzca la primera visita de un dirigente israelí a Emiratos Árabes Unidos, el 29 y 30 de junio.

Poco después de que israelíes y palestinos acordaran una tregua tras un nuevo ciclo de violencia, en Dubai se celebraba el Foro de Inversión Global, con presencia de hombres de negocios israelíes, y se inauguraba una exposición dedicada a la Historia del Holocausto y los horrores del antisemitismo. Semanas después de su mayor prueba de fuego, la escalada de violencia entre Israel y las milicias de Gaza y el baño de sangre que trajo como consecuencia -con 254 palestinos, entre ellos 66 niños y niñas, y 13 israelíes, dos de ellos menores, muertos-, parece claro que el pacto ha seguido su curso al margen de lo que ocurra en el campo palestino.

Ahora, superada también la marcha de Netanyahu del Gobierno israelí, la voluntad que ha expresado el nuevo Ejecutivo es extender esta normalización de relaciones a todo Oriente Próximo. Así lo ha señalado el nuevo ministro de Exteriores israelí, Yair Lapid (que tomará el puesto de primer ministro dentro de dos años, según el acuerdo sellado con Naftali Bennet, que ahora ejerce el cargo). Lapid acudió a Emiratos Árabes Unidos para inaugurar la primera embajada israelí en el país árabe.

"Esta visita no es el final del camino para la paz, sino sólo el principio. Nuestra mano está tendida... Espero que esta visita sea la primera de muchas y que, junto con nuestros nuevos amigos, continuemos haciendo Historia en toda la región", declaró. "La paz no es tan fácil como parece, pero el objetivo de Israel es la paz en la región y con sus vecinos", añadió.

ARABIA SAUDÍ, LA SIGUIENTE EN LA LISTA
Desde que se formalizó la firma de los Acuerdos de Abraham con EAU y Bahrein, el 13 de septiembre de 2020 (luego extendidos a Sudán y Marruecos), todos los ojos están puestos en Arabia Saudí para ser el siguiente en la lista. De momento, no hay indicios de que eso vaya a ocurrir en el corto plazo. Aunque en los últimos tiempos, Riad ha ido asentando discretamente su propia relación con Israel y el año pasado, el entonces primer ministro Benjamin Netanyahu hizo un histórico viaje al reino del desierto.

A favor de que los saudíes se suban al tren juega también la gran proximidad entre el príncipe heredero, Mohamed bin Salman, y su homólogo de Emiratos, Mohamed bin Zayed. Riad recibió positivamente la iniciativa de Trump desde el principio e incluso permitió elevar el tono crítico contra el liderazgo palestino. Sin embargo, continúa siendo un misterio si entre la cúpula saudí hay voluntad para unirse a la alianza. "Si Arabia Saudí normalizase sus relaciones con Israel lo hará en sus propios términos. Por ahora, ha dejado claro que permanece comprometida con la Iniciativa de Paz Árabe", analiza para EL MUNDO Elham Fakhro, analista senior para los países del Golfo del think tank International Crisis Group (ICG).

La referencia a la Iniciativa de Paz Árabe no es baladí, pues los Acuerdos de Abraham simbolizaron en 2020 el abandono de esta propuesta saudí que data del año 2002 y que proponía la normalización de relaciones entre las naciones árabes e Israel, pero sólo tras un acuerdo de paz con los palestinos que les permitiera fundar su propio Estado. Sólo dos países árabes habían firmado antes la paz con Israel: Egipto (1978) y Jordania (1994). Hubieron de pasar 26 años para repetir la hazaña diplomática.

Pero aunque en el verano y otoño de 2020 la Administración Trump parecía avanzar rápidamente por el camino de la normalización árabe a cambio de un quid pro quo que no incluía negociar con los palestinos, la perspectiva de que Arabia Saudí y otros países del Golfo aceptaran sumarse se ha frenado en seco.

El último jarro de agua fría sobre Abraham lo ha echado Omán, que a finales de junio expresó que prefería esperar a dar el paso, conminando al nuevo Gobierno Bennet-Lapid a concretar pasos para crear un Estado palestino. El sultanato, aun así, es un importante mediador en la paz en Oriente Próximo y con Irán y mantiene relaciones oficiosas con el Estado hebreo: incluso Netanyahu visitó Mascate en 2018.

Sin embargo, en este momento no hay presión por parte de la Administración Biden para ampliar el acuerdo, aunque ha manifestado que está a favor de la normalización de relaciones y de impulsar el proceso de paz, en vía muerta desde 2014. Las miradas se posan sobre Mohamed bin Salman, cuya relación con Washington se ha deteriorado a raíz del asesinato del periodista crítico Jamal Khashoggi.

Abraham podría ser una oportunidad para acercarse a Biden. Sin embargo, haga lo que haga con respecto a establecer relaciones con Israel, en opinión de la experta del ICG, poco cambiará la posición internacional de Arabia Saudí como aliado estratégico de EEUU. La "ausencia de relaciones formales con Israel" no erosionará sus vínculos con Estados Unidos, con los que "siempre ha mantenido buenas relaciones", recuerda.

INTERESES ECONÓMICOS
El reciente conflicto en Gaza creó malestar entre los países firmantes de los Acuerdos de Abraham, aunque sus gobiernos no cuestionaron la normalización con Israel. Ninguno estaba dispuesto a sacrificar los acuerdos económicos y los intereses políticos ligados al tratado. En algunos países, la opinión pública sí que manifestó su disconformidad en las redes sociales y con manifestaciones en las calles, pero sin suponer una amenaza para sus gobernantes.

En su día se hizo patente que estos pactos han sido firmados por gobiernos autocráticos que no rinden cuentas ante su ciudadanía y a los que accedieron a cambio de una transacción prometida por la Administración Trump, como por ejemplo jugosos contratos de venta de armamento en el caso de EAU o el reconocimiento de la soberanía sobre el Sáhara Occidental, en el caso de Marruecos. La sangre no llegó al río, pues, pero de Marruecos a Arabia Saudí fue suficiente para dejar entrever las tensiones internas en torno a la problemática palestino-israelí. En el caso del reino del desierto, la oposición a una eventual normalización con Israel se dejó ver en la prensa, algo inusual.

Sabedora de que es el premio gordo para Israel, Arabia Saudí intensificó sus críticas hacia el Gobierno de Netanyahu y condenó las "violaciones flagrantes" de los derechos de los palestinos. En una reunión ministerial de la Organización para la Conferencia Islámica (OCI), el ministro de Exteriores saudí, Faisal bin Farhan al Saud, llegó a criticar la "violación de la santidad de los lugares sagrados del islam", denunció el desahucio forzado de palestinos en Jerusalén Este y urgió a detener la "peligrosa escalada" y a revivir la solución de dos Estados.

"El renovado estallido de violencia en Gaza movilizó a la opinión pública árabe contra Israel una vez más, subrayando la brecha que existe entre las políticas estatales y las percepciones populares en los Estados que han elegido normalizar sus relaciones", estima Fakhro.

Pese a esta fractura, no se atisba un paso atrás. "En lo que concierne a EAU, es un activo estratégico e irreversible", considera Abdulkhaleq Abdulla, ex asesor del príncipe heredero Mohamed bin Zayed y prominente analista político emiratí en Foreign Policy. "EAU tiene dos vías paralelas: el apoyo a los palestinos para conseguir su propio Estado, por un lado, y los Acuerdos de Abraham, por otro. Ninguno tiene marcha atrás", argumenta.

Pero, de momento, la normalización de relaciones de Abraham no ha puesto a la contraparte árabe en una posición privilegiada para presionar a Israel en sus movimientos con los palestinos ni para realizar avances en una negociación palestino-israelí. Más bien, lo que hoy es evidente para algunos expertos es que el pacto exageró el dividendo de paz y es una cuestión al margen del conflicto palestino.

El documento de los Acuerdos de Abraham enarbola "un futuro en el que árabes e israelíes, musulmanes, judíos y cristianos puedan vivir juntos, rezar juntos y soñar juntos, codo con codo, en armonía, comunidad y paz". Pero los sueños de paz contrastan con una realidad que deja de lado a los palestinos. "Los Acuerdos de Abraham nunca han tenido nada que ver con los palestinos. EAU y Bahrein vieron una oportunidad para desarrollar vínculos económicos con Israel mientras a la vez se aproximan a un Estado que mira a los ojos a su mayor amenaza de seguridad: Irán», explica Fakhro.

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