Irak libra la guerra de nunca acabar

Irak libra la guerra de nunca acabar

La tensión entre Irán y Estados Unidos en territorio iraquí dificulta aún más la lucha contra la Covid-19.

La Organización Mundial de la Salud asegura que en los próximos diez días los casos de coronavirus se dispararán en Irak, un país donde treinta años de guerras, embargos y corrupción han llevado a la ruina a la mayoría de los hospitales y el sistema sanitario es de lo más precario.

Los ingresos por la venta del petróleo, que representan el 90% de la riqueza del país, cayeron a la mitad en marzo. Y después de meses de crisis política, las diferentes agrupaciones chiíes no logran ponerse de acuerdo sobre el gobierno del nuevo primer ministro, Adnan al Zurfi.

En medio de este caos, y cuando todas las energías deberían estar concentradas en frenar la epidemia, solventar las disputas militares y salir de la crisis económica, Irak ha vuelto a quedar atrapado en la ya larga guerra que libran Irán y EE.UU. a través de sus aliados en el terreno.

Las milicias pro iraníes han intensificado los ataques a las bases militares con presencia de soldados estadounidense, mientras que estas bases se han protegido con nuevas y baterías misiles Patriot. Tanto Washington como Teherán, y especialmente las milicias que combaten a favor uno u otro, se acusan de estar preparando ofensivas en los próximos días.

Un informe recogido por The New York Times recogía el debate que hay en la Casa Blanca sobre si se deben aumentar las acción militares contra Irán en territorio iraquí. Las voces se dividen entre aquellos que piensan que no es el momento –en este grupo se encuentra el comandante de las tropas en Irak que cree que para eso se requiere el despliegue de miles de soldados– y quienes como el secretario de Estado Mike Pompeo piensan que una acción más dura contra las milicias cercanas a Irán llevará a Teherán de nuevo a la mesa de negociaciones.

Este debate sucede cuando Irán ha lanzado una campaña internacional para presionar a Washington. La intención es que el presidente Trump levante las sanciones económicas que están teniendo un gran impacto negativo en la lucha contra el coronavirus. Irán es uno de los países más afectados por una pandemia que ya ha causado más de 3.200 muertos.

La OMS advierte del riesgo del virus pero la rivalidad política y militar en Bagdad impide actuar

Trump dijo el miércoles en Twitter que, “Irán o sus representantes están planeando un ataque furtivo contra las tropas y activos estadounidenses en Irak. ¡Si esto sucede, Irán pagará un precio muy alto”. Hasta ese momento, el presidente no había decidido cómo proceder. Si decide atacar, tendrá que pedir autorización al Congreso como se lo han recordado los demócratas en los últimos días.

“No se deje engañar de nuevo por los guerreros habituales”, respondió por su parte el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohamed Javad Zarif. “Irán no comienza guerras, pero da lecciones a quienes lo hacen”, concluyó.

El jefe máximo de las fuerzas militares iraníes, el general de brigada Mohamed Baqeri, aseguró por su parte que Irán está siguiendo la situación y que defenderían el territorio frente a la más pequeña acción que se cometa contra su integridad. Este cruce de mensajes es el último capítulo de una escalada de la tensión entre Washington y Teherán. Las relaciones tocaron fondo y ahí siguen desde que el 3 de enero Trump ordenó asesinar al general de las fuerzas Qods, Qasem Suleimani. Irán interpretó aquel ataque con drones en el aeropuerto de Bagdad como una declaración de guerra. También falleció el número dos de las Fuerzas de Movilización Popular, Abu Mahdi Al Muhandis.

Esta tensión ha ido aumentando en las últimas semanas. Algunas de las milicias respaldadas por Irán, en particular Katiba Hizbulah que hasta enero era liderada por Al Muhandis, han intensificado los ataques con cohetes contra bases y edificios con presencia estadounidense.

El más grave sucedió el 12 de marzo cuando un ataque con proyectiles a la base de Taji causó la muerte de dos oficiales estadounidense y uno británico. Estados Unidos responsabilizó a la Katiba Hizbullah y respondió con varios ataques a lugares donde los hombres de esta milicia tenían presencia. Esta ofensiva se cobró la vida también de civiles y miembros de las fuerzas armadas iraquíes. Los ataques contra los estadounidenses, sin embargo, terminó por atribuírselos una nueva milicia llamada Usabat Al Thairin o Liga de los Revolucionarios.

Este grupo reúne, según algunos analistas, a varias de las milicias que son apoyadas por Irán y buscan la retirada definitiva de las tropas estadounidenses de Irak. Este objetivo, que es compartido por Teherán, empezó a hacerse realidad en enero cuando el Parlamento iraquí ordenó al Gobierno poner todo en marcha para la salida de los 5.000 soldados norteamericanos que siguen en el país. El Pentágono niega que se esté retirando, pero sí ha argumentado un cambio de estrategia, agrupado a sus tropas en bases mejor protegidas y abandonado las más vulnerables.

Las milicias chiíes consideran este repliegue como una victoria. Es el “comienzo de la derrota
para Estados Unidos”, aseguró Ali Askari portavoz de Katiba Hizbullah.

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