Indiferencia y desilusión ante elecciones en Irak

Indiferencia y desilusión ante elecciones en Irak

En las plazas públicas y las grandes avenidas de la capital iraquí se ven pancartas gigantes de los candidatos por todas partes. Entre los aspirantes, hay políticos experimentados, pero la mayoría de pretendientes son desconocidos entre los electores.

"Son solo promesas". En la terraza de un café de Bagdad, Sajad ya sabe que no va a votar en las elecciones legislativas de principios de octubre en Irak, acogidas con indiferencia y desilusión por una gran parte de la población.

En las plazas públicas y las grandes avenidas de la capital iraquí se ven pancartas gigantes de los candidatos por todas partes. Entre los aspirantes, hay políticos experimentados, pero la mayoría de pretendientes son desconocidos entre los electores.

Pese a que los mítines en todo el país movilizan a simpatizantes y a líderes tribales influyentes, la población, en cambio no está presente. Los expertos estiman que la participación en los comicios del 10 de octubre caerá respecto a las de 2018.

"Veo carteles en la calle, pero no sé los nombres ni los programas", reconoce Sajad, de 23 años, que lleva la cabeza rapada y tatuajes en el antebrazo.

"Creo que todos tienen el mismo programa: 'vamos a hacer esto o aquello'. Son solo promesas", asegura este empleado de una productora, instalado con amigos en una acera concurrida.

Previstas para 2022, las elecciones anticipadas se deben a una extraña concesión por parte del gobierno para desactivar el movimiento de protesta sin precedentes, que se desató en otoño de 2019 para denunciar la corrupción endémica, el paro entre los jóvenes y el declive de los servicios públicos.

- "Son los mismos" -

En su tienda donde se vende todo tipo de aceites domésticos, Mohamed no está convencido. Este licenciado en economía, de 30 años, atrasó varias veces la idea del matrimonio a causa de las dificultades financieras. Para este joven, las elecciones "no aportan ningún cambio".

"No me ofrecen los servicios básicos, ¿por qué voy a votar?", asevera Mohamed, en un país que sufre cortes de electricidad frecuentemente.

"La última vez que se asfaltaron las carreteras en mi barrio fue antes de 2003", prosigue el empresario.

En su circunscripción de Bagdad, conoce a dos de los cinco candidatos, pero no se ha molestado en consultar su programa. "Son las mismas facciones políticas desde 2003: lo que cambia son los rostros", cuenta Mohamed.

"Los que votan es porque les han prometido un trabajo, o es para una persona cercana o alguien de su tribu", acusa el joven, que denuncia este clientelismo.

En principio, cerca de 25 millones de electores están llamados a elegir el 10 de octubre entre los 3.249 candidatos en liza que competirán por 329 escaños en el Parlamento. Una cuota del 25% está reservada a las mujeres.

El escrutinio de listas --que favorece a los partidos-- fue sustituido por un escrutinio uninominal destinado, en teoría, a promover a los independientes.

Pero los candidatos aún pueden postularse en nombre de un partido o una coalición.

Es probable que los bloques tradicionales coopten a los líderes locales con opciones de ganar las elecciones en cada uno de los 83 distritos electorales. Sin embargo, a menudo en Irak, las alianzas son muy variables.

- "Apatía y desesperanza" -

Resulta difícil predecir un gran ganador. En un país polarizado, el campo chiita proiraní de Hachd al-Chaabi rivaliza con la corriente del popular dirigente chiita Moqtada al-Sadr.

Para la politóloga Marsin Alshamary, los comicios se celebrarán en un clima "de apatía y desesperanza, sobre todo entre los jóvenes".

"La tasa de participación no ha cesado de disminuir durante las elecciones en Irak", admite la analista.

En 2018, la participación se situó en 44,52%, según datos oficiales, manipulados según sus detractores.

"Lo más probable es que sea peor", advierte Alshamary.

También juega su papel la esperanza frustrada por las manifestaciones de octubre de 2019, que no ha cambiado nada, o muy poco, mientras que decenas de activistas incluso han sido víctimas de secuestros, asesinatos o intentos de asesinato.

Nadie se ha atribuido la responsabilidad de estos ataques. Pero, para los militantes, se trata de las "milicias", en un país donde los grupos armados financiados por Irán no cesan de ganar influencia.

Con tan solo 28 años, Ali no quiere ser cómplice del "crimen" que estas elecciones representan por un contexto antidemocrático.

"No habrá elecciones transparentes", lamenta el joven. "El dinero político domina, hay una proliferación de armas en todos los distritos electorales. Quien tenga las armas ganará", subraya Ali.

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