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Importaciones de gas desde Argentina

Importaciones de gas desde Argentina

Es una oportunidad para hacer más eficiente y estable la matriz energética.

Esta semana se reanudaron, después de once años, las importaciones de gas natural desde Argentina a la zona central del país. Ellas corresponden a contratos de la generadora Colbún y el yacimiento de origen es Vaca Muerta, en la cuenca de Neuquén. Este es un primer paso en un proceso que debería tomar algún tiempo. En efecto, el contrato indicado se extiende hasta mayo de 2019. A partir de ese mes, la demanda por gas sube en el país trasandino y los acuerdos alcanzados entre ambos países priorizan el consumo en dicha nación. En plazos más largos, en la medida en que se mantengan las actuales reglas, la explotación de gas natural en Argentina debería crecer significativamente y, con ello, las posibilidades de exportación hacia Chile. Más aún, porque Argentina accedió a derogar las prohibiciones que se habían dictado, deteniéndose solo en regular la forma de exportar el gas a Chile. Cabe recordar que la producción este año en el país vecino ha alcanzado niveles que no se veían desde 2010.

Por cierto, la experiencia de los años 2004 a 2007 -los suministros a Chile, a pesar de estar respaldados por contratos, fueron interrumpidos frecuentemente y racionados hasta que se suspendieron del todo- hace mirar con desconfianza este nuevo intento de importación. Fue un proceso traumático para el país, que no solo disparó los costos de la energía significativamente, sino que también generó molestia en la opinión pública. Claro que la institucionalidad chilena de la época no fue, en un primer momento, suficientemente flexible para adaptarse a las contingencias vividas. Las lecciones se aprendieron y el país está en mejor pie para lidiar con eventuales interrupciones en los suministros. Al mismo tiempo, en Argentina se ha entendido que la fijación de precios en niveles artificialmente bajos reduce los niveles de producción a través del desincentivo a la inversión. No se puede asegurar que esa experiencia no se repita en el futuro, pero parece haber mucho menos interés en aventurarse por ese camino.

En las circunstancias actuales, la dependencia del gas argentino, aun si se normaliza completamente el intercambio, será reducida. Es más bien una oportunidad para hacer más eficiente la matriz energética. Por una parte, ayuda a darle estabilidad, sobre todo ahora que ella tiene un componente mayor de energías renovables no convencionales, que son, con la tecnología actual, aún muy variables. Por otra, puede reemplazar las centrales de carbón, que son otra manera de darle estabilidad a la matriz, pero más contaminante. Por cierto, esta posibilidad, en un mercado con las características que tiene el nuestro, depende de la competitividad de las centrales de ciclo combinado. En las condiciones actuales del mercado, atendidos los precios a los que se comercializaría y transportaría el gas argentino, dichas centrales pueden desplazar las de carbón.

Es bueno recordar que en los primeros años de la década pasada cerraron muchas centrales termoeléctricas que operaban con carbón, como consecuencia de la llegada del gas natural de Argentina. Es interesante notar que, a pesar de la crisis que generaron los cortes de suministro en los años posteriores, las ganancias para el país durante el período que el gas argentino fluyó normalmente fueron significativas. En el momento actual los beneficios serán mucho más acotados. Con todo, los beneficios ambientales y de estabilidad en la matriz energética no se deben menospreciar.

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