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Hay que refundar las instituciones globales

Hay que refundar las instituciones globales

No existe ningún organismo global que tenga autoridad suficiente para coordinar acciones frente a la pandemia.

Susana Malcorra ocupó cargos de relevancia en el gabinete del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon durante una década, liderando los equipos de la ONU en dos crisis humanitarias (el tsunami de 200 en el Océano Índico y la epidemia de ébola en 2014). Luego fue canciller (2015-2017) de Argentina en el gobierno de Mauricio Macri. Hoy está radicada en España abocada a tareas académicas (IE School Public Affairs). Ante la pandemia de COVID-19, dice que no se tomó con seriedad los riesgos globales de una crisis como la actual, que faltó coordinación y cooperación entre países. Señala que no es justo cargar todas las culpas del manejo de esta crisis a la OMS, pero reconoce que el sistema de instituciones globales no estuvo a la altura. Habla de una refundación de las instituciones internacionales y de la necesidad de establecer rápidamente un sistema de ayuda a los países de renta media y baja porque si no, “no van a poder salir de esta crisis”, A continuación, un resumen de la entrevista.

¿Qué lecciones aprovechables deja la actual pandemia?

Ojalá que aprendamos de las elecciones que nos deja. La forma en que nos sorprendió la pandemia globalmente y la forma de reacción de cada uno, deja una enorme cantidad de lecciones aprendidas. Espero que seamos capaces, en caso de enfrentarnos otra vez ante un problema de esta magnitud, de hacer las cosas de distinta manera.

Primero que nada, la seriedad con que se deben tomar los riesgos globales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) venía advirtiendo de riesgos de esta naturaleza, de la posibilidad de una epidemia de dimensiones globales y no se le prestó atención. No hubo preparación prácticamente en ninguna parte del mundo, excepción hecha de algunos países de Asia más acostumbrados a endemias de este tipo. Pero en general se subestimó totalmente; los sistemas de salud no estaban preparados, los gobiernos tampoco y esto no fue por falta de información. Hay que invertir para estar preparados.

Un segundo tema es la coordinación. Debemos estructurar redes capaces de afrontar estos escenarios, desde el punto de vista regional pero también global. No funcionó coordinadamente. Estamos viendo mucho de ensayo, prueba y error, reaprendizaje y poco de cooperación y solidaridad. Eso llevó a muchos países a enfrentar el fenómeno de forma poco óptima, sin mirar detenidamente lo que estaba pasando en otras naciones, sin intercambio claro de experiencias y ello inevitablemente lleva a que la propagación sea más difícil de enfrentar.

¿De qué manera debió haberse enfrentado?

Debemos darnos la forma de enfrentar este tipo de eventos; hoy no existe ningún ente que tenga la autoridad suficiente para llevar a cabo esa coordinación, una autoridad planetaria que tenga capacidad policial y pueda articular las distintas visiones y reacciones. Deberíamos avanzar en ese terreno.

El impacto económico está proyectado, pero aún no se conocen estrategias globales para superar la crisis derivada de la pandemia…

Si bien hay países o regiones del mundo que son capaces de inyectar ayuda económica en gran volumen para colaborar con la recuperación de la economía, hay muchos otros que no tienen esa posibilidad. Por tanto, cómo se ataca esta situación extraordinaria para ayudar a los países de renta media o baja a superar este momento… necesitamos una mirada más macro y para esto las instituciones multilaterales y todo el sistema internacional deben jugar un rol preponderante. Hay muchos países que si no se les ayuda, claramente no van a poder salir.

Las instituciones financieras están “corriendo de atrás”. Y el G20, que si bien ha tenido algún rol para con determinadas cuestiones vinculadas con esta pandemia, comparado con la rápida reacción cuando la crisis de 2008, está muy retrasado.

Yo trabajé en oportunidad de la epidemia de ébola en 2014. En ese momento, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas declaró la epidemia como un riesgo para la paz y la seguridad mundial. Ahora no lo ha hecho con la pandemia.

Y en ese contexto, la crisis ha puesto de manifiesto un importante nivel de desconfianza en las instituciones globales…

Los organismos internacionales son lo que los Estados que los integran lo dejan hacer. Por tanto, cuando muchos países de mucha preeminencia no están favoreciendo no atendiendo a los organismos internacionales, tenemos un impacto negativo. El rol de las Naciones Unidas está claramente muy desdibujado, pero sobre todo por la falta de apoyo de países que son clave para que esto funciones, como es el caso de Estados Unidos. Respecto de OMS, puso el alerta temprano y se involucró desde el inicio en la lucha contra la evolución del COVID-19. Puede haber críticas sobre la forma en que actuó, por ejemplo haber hecho antes la declaratoria de pandemia, e incluso sería oportuno hacer una revisión de su gestión, pero ante esta realidad, desde mi perspectiva desarrolló una tarea que como mínimo debe darse como aprobada.

El retraso en la declaración de pandemia puede ser responsable de cosos más altos que está pagando el mundo hoy…

Es probable que una declaratoria más temprana de pandemia pudo haber tenido efectos mejores. Pero debemos advertir que la decisión no la toma el secretario general, sino que se hace en consulta con los países. Recién en la tercera reunión de todos los representantes se aceptó activar la declaración de pandemia. Las resistencias para una declaración de ese tipo no eran solo de China, todos los países temían las implicancias ulteriores de una declaratoria de pandemia, sobre todo en la economía global. De modo que allí hay una responsabilidad compartida.

Por otro lado, me parece que las instituciones regionales, que son las que deben asumir las tareas más relevantes, de coordinación y respaldo a sus integrantes, no lo han hecho. A la unión Europea le tomo mucho tiempo reaccionar, finalmente lo hizo y sobre todo con la aprobación de paquetes de ayuda importantes. Pero en nuestra región ha habido una enorme ausencia de mecanismos de coordinación y comunicación.

¿Esta es una oportunidad para encarar una revisión del sistema multilateral?

Esa necesidad es previa a la pandemia, solo que este caso ha quedado más expuesto. Es necesaria una refundación del sistema de Naciones Unidas. Es necesario darle instrumentos para que pueda trabajar ante nuevos desafíos que están presentes, desde el cambio climático a eventos sanitarios como esta pandemia. Hay que lograr que los países se involucren y permitan actuar a las instituciones, pero como dije antes, todo depende de lo que los países que las componen, y sobre todo los de mayor injerencia, quieran hacer.

Hay algunos países que consideran que el sistema multilateral y de gobernanza global no tiene sentido y están planteándose una alternativa de puertas adentro, de fronteras cerradas, aislacionistas y proteccionistas. “Que cada uno se haga cargo de sus problemas”, parece ser la consigna de algunos gobiernos, y eso me genera mucha preocupación, porque puede llevarnos a un modelo mucho más egoísta, donde empiezan a pesar aún más los regímenes autoritarios que centran en la autoridad su mirada al futuro.

Está haciendo referencia especialmente al presidente de Estados Unidos y su postura ante la OMS…

Es que la decisión de Donald Trump de salir de la OMS es dramática. Una clara intención de desviar la atención y las responsabilidades de sus problemas hacia la Organización Mundial, cuando en realidad contaba con toda la información a tiempo y ejemplos claros de lo que ocurría en otros países para haber tomado otras decisiones que evitaran una escalada de la enfermedad como la que se enfrenta en Estados Unidos. Es muy peligroso el camino que sigue Estados Unidos.

¿Pero, cuáles deben ser los cambios estratégicos que deben realizarse al sistema de instituciones?

La forma en que se construyó el sistema a la salda de la segunda guerra mundial privilegió a quienes ganaron la guerra en aquella ocasión. La realidad de hoy, el ordenamiento geopolítico de hoy día es distinta y eso debe estar reflejado en el sistema.

Además, son instituciones que fundamentalmente representan y se relacionan con gobiernos y en la actualidad, la complejidad de los temas a resolver, requiere de una participación de mayor representación, tanto del sector privado como sectores sociales. Otros grupos de interés. Y un elemento más: cuando se pensó en el entramado global se orientó a problemas que generalmente enfrentaban a dos países; la realidad actual es mucho más compleja: migraciones, terrorismo, cambio climático, flujo ilegal de armas o dinero, la evasión de impuestos, son todas cuestiones de impacto global que ningún país pueda resolver solo y necesitan de una dinámica distinta que va más allá de la soberanía —sin menoscabarla— para resolver este tema. Falta decisión y liderazgo hoy para avanzar en estos cambios.

Hace algunas semanas se conoció una carta que firman personalidades de todo el mundo pidiendo mayor acción para colaborar con los países más necesitados. ¿Cuál es el efecto posible de declaraciones como la mencionada?

Lo que se pretende es tomar conciencia de que el actual problema va bastante más allá de lo que se ha hecho hasta ahora y es necesario apelar a fórmulas creativas para resolverlo. Es necesario tomar nuevas medidas para evitar que se amplíen las brechas entre países y dentro de ellos.

Primero, poner en marcha mecanismos de ayuda a los más golpeados y con menos capacidad de salir por cuenta propia de esta crisis especialmente; asistir a los sistemas de salud, a gobiernos nacionales y regionales, destinar fondos para la investigación en materia de vacunas, plantea una estrategia de ayuda financiera, refinanciación y en algunos casos condonación de deudas.

Pero además, entiendo que es necesario repensar la interdependencia mundial, que entró en tensión y generó dificultades varias en este período. Es evidente que depender en materia de insumos médicos de lo que prevea un solo país es un riesgo que no se debe volver a asumir. Pero al mismo tiempo, que el temor no nos lleve a encerrarnos. También, hay que advertir sobre intenciones de poner el concepto de seguridad sobre libertad aprovechándose de los temores de la gente. Es un riesgo para la democracia, se ve en todos los continentes, y hay que preservarlo.

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