Hay dos tipos de países, y, luego Japón... y Argentina

Hay dos tipos de países, y, luego Japón... y Argentina

El problema de casi todas las citas graciosas es que son apócrifas. Ése es el caso, también, de ésta del Nobel de Economía Simon Kuznets: «Hay cuatro clases de países: desarrollados, en vías de desarrollo, Japón, y Argentina». La idea de Kuznets era que Japón todo lo hacía bien, y, partiendo de una situacion económica catastrófica tras la Segunda Guerra Mundial, se había transformado en la segunda potencia económica del mundo (hoy es la tercera, tras China). Argentina, por el contrario, había seguido exactamente el camino inverso.

El problema de casi todas las citas graciosas es que son apócrifas. Ése es el caso, también, de ésta del Nobel de Economía Simon Kuznets: «Hay cuatro clases de países: desarrollados, en vías de desarrollo, Japón, y Argentina». La idea de Kuznets era que Japón todo lo hacía bien, y, partiendo de una situacion económica catastrófica tras la Segunda Guerra Mundial, se había transformado en la segunda potencia económica del mundo (hoy es la tercera, tras China). Argentina, por el contrario, había seguido exactamente el camino inverso.

El caso es que Argentina puede hacer las cosas mal, o no destacar por su humildad ( «cuando un argentino quiere suicidarse, se sube a tirar desde su ego» es una frase común en México que, esta vez, sí ha sido enunciada por el propio Papa Francisco), pero hay algo que no se le puede negar: su capacidad para fascinar y para generar expectativas.

Es algo que quedó de manifiesto hace trece meses, en las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional, donde la estrella era Argentina por su regreso a los mercados de deuda internacionales, tras su suspensión de pagos voluntaria de 2014. Tres meses después, en julio, Argentina emitía deuda a 100 años. Y ahora ha pedido 30.000 millones de dólares al FMI. Cierre del círculo.

El hecho de que pueda emitir deuda con vencimientos a un siglo un país que exactamente 10 meses después tiene que pedir 30.000 millones de dólares al FMI debería invitar a cierto cuestionamiento de las tesis de que los mercados nunca se equivocan, pero ésa es otra historia.

La situación en Argentina tiene también cierto carácter global. En las últimas semanas la deuda de mercados emergentes como México, Turquía, Rusia, en Indonesia también ha atravesado por problemas. Cada uno de esos países presenta riesgos económicos y políticos muy diferentes, así que no parece que sea una casualidad que las turbulencias se hayan desatado exactamente cuando el bono estadounidense a 10 años rompió, siquiera por un día, la barrera psicológica del 3%. Ha sido la primera que la deuda de EEUU ha superado ese nivel desde diciembre de 2013.

La subida de la rentabilidad de la deuda estadounidense no solo se debe a que todo el mundo dé por descontado que la Reserva Federal vaya a seguir endureciendo la política monetaria (si los tipos suben, igualmente lo hacen los intereses de los bonos). También es consecuencia de la masiva emisión de deuda de la primera potencia económica mundial.

En el primer trimestre del año, EEUU ha emitido 488.000 millones de dólares (409.000 millones de euros) en deuda, es decir, prácticamente tanta como colocó el año pasado. La previsión para el conjunto del año es mareante: 1,1 y 1,3 billones de dólares (de 920.000 a 1,1 billones). Las bajadas de impuestos no se pagan solas, y el favor fiscal que Donald Trump y los republicanos del Congreso han hecho a las empresas y a sus grandes donantes bajo la forma de la reforma fiscal de 2017 va a tener una factura astronómica.

EEUU no va a devaluar ni a tener problemas para financiar esa deuda, porque el dólar es la divisa de reserva del mundo actual, algo parecido a como era el oro en el pasado. Así que todo el mundo lo quiere. Pero la subida de las rentabilidades y el aumento de las emisiones está atrayendo a más inversores. Y esos inversores se van de los países en vías de desarrollo, como Argentina. Otras posibles víctimas del déficit de EEUU pueden ser Sri Lanka, Pakistán, Egipto, Kenia, y Túnez. Kuznets se equivocó: Argentina no es un caso aislado.

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