Guerra fría de la vacuna en Brasil

Guerra fría de la vacuna en Brasil

Bolsonaro rechaza la china de Sinopec porque solo quiere “vacunas de países capitalistas”

Pese a aquellas delirantes teorías de la conspiración que recorren las redes sociales a lo ancho de Las Américas, el cv 19 no es un arma biológica para la nueva guerra fría del siglo XXI. Pero la tensión geopolítica que crece en América Latina conforme EE.UU. y China compiten por el poder en la región, ya condiciona hasta la selección de las vacunas para combatir la pandemia. Es así, el menos , en el caso del país mas grande y mas castigado de todos: Brasil.

Una de las regiones más golpeadas por el covid con una tercera parte de los muertos y solo el 8% de la población mundial, se calcula que América Latina necesita unos 700 millones de dosis de las vacunas anti covid. Brasil, con 200 millones de habitantes, número uno regional en contagios, que ha registrado 36 veces mas muertos que China pese a tener una población siete veces mas pequeña, tiene mas necesidad que nadie. Pero los conocidos recelos del presidente Jair Bolsonaro ante todo lo chino empieza a complicar el programa de vacunación brasileña.

Bolsonaro lo reconoció sin pelos en a la lengua: “¡La (vacuna ) de China no la compraremos; es decisión mía!”, fanfarroneó en un discurso en octubre. China “no transmite suficiente seguridad a población porque el virus nació allí”, resumió.

El presidente brasileño- que en marzo calificó el covid como una gripezinha- se refería al Coronavac, la vacuna fabricada por la gigante farmacéutica china Sinovac y elegida ya por los gobiernos de Chile , Indonesia y Turquía.

Elaborada en colaboración con el prestigioso Instituto Butantan de Sao Paulo, una de las dos grandes fabricantes de vacunas en Brasil, el Coronavac se considera una excelente opción para países en desarrollo . Es mucho mas barata que la vacuna de Pfizer, ya operativa en el Reino Unido, y no tiene que ser almacenada en temperaturas tan bajos.

Pasa lo mismo con otra vacuna china fabricada por Sinopharm que, con una tasa de efectividad del 86%, ha sido adquirida por Perú , Argentina, Marruecos y Egipto. “Los chinos producen fármacos mas baratos m as asequibles son los mejores para los países en desarrollo”, dijo Hernando Larrazábal , ex director boliviano del Banco Interamericano de desarrollo.

Incluso el ministerio de sanidad, el militar Eduardo Pazuello, estrecho aliado de Bolsonaro, había apoyado la compra de 46 millones de dosis del Coronavac para complementar la vacuna preferida de Bolsonaro , fabricada por la multinacional de origen suiza Astrazeneca y su socio, la Universidad de Oxford. Pazuello que fue nombrado en septiembre el cuarto ministro de sanidad del gobierno de Bolsonaro – sus tres antecesores dimitieron en protesta por el negcionismo presidencial- , tuvo que rectificarse horas después y cancelar el pedido de la vacuna china.

Bolsonaro, según cuenta el ex ministro de sanidad, Luis Henrique Mandetta en su libro sobre la pandemia , “alimentaba, en un delirio de conspiración, la tesis de que el coronavirus había sido elaborado en un laboratorio chino” como parte de un plan para desestabilizar la derecha en América del sur” .

Poco después de las declaraciones del presidente , la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, (Anvisa) el organismo federal responsable de dar luz verde a las vacunas, suspendió las pruebas de la vacuna de la farmacéutica china tras anunciar que uno de los voluntarios había muerto. Eso pese a que se tratara de un suicidio sin relación alguna a la vacuna. Las pruebas del Coronavac se han reanudado . Pero , tras la ratificación en octubre de un almirante muy próximo a Bolsonaro en la presidencia del Anvisa, pocos creen que el organismo regulatorio es inmune al contagio político..

“Anvisa tiene la obligación de posicionarse en base del conocimientos científicos”, dijo en una entrevista Claudio Maierovitch, el ex director de la Anvisa. “Pero cuando el presidente manifiesta su preferencia por un producto o una marca , ejerce una presión sobre todos los órganos federales involucrados y eso es especialmente grave cunado acaba de nombrar a nuevas directores”, dijo Claudo Maierovitch, el ex director de la Anvisa.

“No debería existir ningún sesgo anti-China, pero Bolsonaro esta intentando seguir el camino señalado por Donald Trump ; ha dicho que su gobierno dará preferencia a los países capitalistas e intentará adquirir vacunas solamente de ellos”, dijo Maierovitch en una entrevista telefónica concedida a La Vanguardia. Lo innegable es que Brasil ya lleva retraso frente de otros países latinoamericanos en la implementación de un programa a de vacunación.

Las decisiones del presidente sobre la vacuna se basan en “una mezcla de incompetencia y politización que se sobrepone¡ al interés publico”, , dijo Arturo Chioro, ministro de sanidad en el gobierno de Dilma Rousseff, en declaraciones a La Vanguardia. Chioro firmó una carta colectiva junto mandetta y otros ex ministros, publicada esta semana en Folha de Sao Paulo para condenar la política gubernamental . Mientras las redes bolsonaristas soe convierten en un hervidero de teorías de conspiración contra China - michas proagdas por el hijo e Bolsoanro, Eduardo.

Bolsonaro ya se enfrenta a un adversario duro en la guerra fría de las vacunas. Joao Doria , el poderoso gobernador del estado de Sao Paulo. Diga lo que diga el presidente, Doria ha anunciado que pondrá en marcha el próximo 25 de enero un programa d vacuancion con 70 milones de dosis del Coronavac en la megalópolis de 200 millones de habitantes. Se dará preferencia a los mayores de 60 años, los trabajadores de la sanidad y indígenas y afrobrasileños que residen en las llamados quimboso – reservas protegida por ser propiedad de esclavos fugitivo, criticados implacablemente por Bolsonaro

Si el Anvisa arrastra los pies a la hora de aprobar la vacuna china, Doria cree que peude basarse en una ley que permite saltar el proceso de aprobación federal en tiempo de emergencia. “El gobierno paulista teme que el Anvisa,con dirección bolsonaorsta va a mirar todo con lupa para atrasar el calendario de Doria”, explicó una fuente del gobierno del estado en Folha de sao paulo

Puesto que Doria, ex periodista de television concedió por su oportunismo, ya ha anucando su inertes en ser candidato conservador para las elecciones presidenciales del 2022, queda claro que la respuesta a la pandemia ya se ha convertido en una batalla preelectoral. Pero la diferencia entre el electoralismo de lso dos , según el historiador Elio Gaspari, es que “Bolsonaro hace politica con el gripezinho y Doria hace política con una vacuna”.

Pese a aquellas delirantes teorías de la conspiración que recorren las redes sociales a lo ancho de las Américas, el virus CoV-2 no es un arma biológica para la nueva guerra fría del siglo XXI. Pero la tensión geopolítica que crece en América Latina conforme EE.UU. y China compiten por el poder en la región, ya condiciona hasta la selección de las vacunas contra la Covid-19. Es así, el menos, en el caso del país más grande y más castigado de todos: Brasil.

Siendo una de las regiones más golpeadas por la Covid-19 con una tercera parte de los muertos y solo el 8% de la población mundial, se calcula que América Latina necesita unos 700 millones de dosis de las vacunas anti-Covid. Brasil, con 200 millones de habitantes, número uno regional en contagios, que ha registrado 36 veces más muertos que China pese a tener una población siete veces menor, tiene más necesidad que nadie. Pero los conocidos recelos del presidente Jair Bolsonaro ante todo lo chino empiezan a complicar el programa de vacunación brasileña.

Bolsonaro lo reconoció sin pelos en la lengua: “¡La (vacuna ) de China no la compraremos; es decisión mía!”, fanfarroneó en un discurso en octubre. China “no transmite suficiente seguridad a población porque el virus nació allí”, resumió. El presidente brasileño –que en marzo calificó la Covid-19 como una gripezinha – se refería en su negativa al Coronavac, la vacuna fabricada por el gigante farmacéutico chino Sinovac, elegida ya por los gobiernos de Chile, Indonesia y ­Turquía.

Elaborada en colaboración con el prestigioso Instituto Butantan de São Paulo, una de las dos grandes fabricantes de vacunas en Brasil, el Coronavac se considera una excelente opción para países en vías de desarrollo. Es mucho más barata que la vacuna de Pfizer, ya operativa en el Reino Unido, y no tiene que ser almacenada en temperaturas tan bajas.

Pasa lo mismo con otra vacuna china fabricada por Sinopharm que, con una tasa de efectividad del 86%, ha sido adquirida por Perú, Argentina, Marruecos y Egipto.

Incluso el ministro de Sanidad, el militar Eduardo Pazuello, estrecho aliado de Jair Bolsonaro, había apoyado la compra de 46 millones de dosis del Coronavac para complementar la vacuna preferida del presidente, fabricada por la multinacional de origen suiza Astrazeneca y su socia, la Universidad de Oxford. Pazuello, que fue nombrado en septiembre el cuarto ministro de Sanidad del Gobierno de Bolsonaro –sus tres antecesores dimitieron en protesta por el negacionismo presidencial–, tuvo que rectificarse horas después y cancelar el pedido de la vacuna china.

Bolsonaro, según cuenta el ex- ministro de Sanidad Luis Henrique Mandetta en su libro sobre la pandemia, “alimentaba, en un delirio de conspiración, la tesis de que el coronavirus había sido elaborado en un laboratorio chino como parte de un plan para desestabilizar la derecha en América del sur” .

Poco después de las declaraciones del presidente, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, (Anvisa), el organismo federal responsable de dar luz verde a las vacunas, suspendió las pruebas del inmunizante de la farmacéutica china tras anunciar que uno de los voluntarios había muerto. Eso pese a que se tratara de un suicidio sin relación alguna a la vacuna. Las pruebas del Coronavac se han reanudado. Pero, tras la ratificación en octubre de un almirante muy próximo a Bolsonaro en la presidencia del Anvisa, pocos creen que el organismo regulatorio sea inmune al contagio ­político.

“Anvisa tiene la obligación de posicionarse en base del conocimientos científicos”, dijo en una entrevista Claudio Maierovitch, el exdirector de la Anvisa. “Pero cuando el presidente manifiesta su preferencia por un producto o una marca, ejerce una presión sobre todos los órganos federales involucrados y eso es especialmente grave cunado acaba de nombrar a nuevos directores”, dijo Claudo Maierovitch, el exdirector de la Anvisa.

“No debería existir ningún sesgo anti-China, pero Jair Bolsonaro está intentando seguir el camino señalado por Donald Trump; ha dicho que su Gobierno dará preferencia a los países capitalistas e intentará adquirir vacunas solamente de ellos”, dijo Maierovitch en una entrevista telefónica concedida a La Vanguardia . Lo innegable es que Brasil ya lleva retraso frente a otros países latinoamericanos en la implementación de un programa de vacunación.

Las decisiones del presidente sobre la vacuna se basan en “una mezcla de incompetencia y politización que se sobrepone¡ al interés publico”, dijo Arturo Chioro, ministro de Sanidad en el gobierno de Dilma Rousseff, en declaraciones a este diario .

Bolsonaro ya se enfrenta a un adversario duro en la guerra fría de las vacunas. Joao Doria, el poderoso gobernador del estado de São Paulo. Diga lo que diga el presidente, Doria ha anunciado que pondrá en marcha el próximo 25 de enero un programa de vacunación con 70 millones de dosis del Coronavac en la megalópolis de 20 millones de habitantes. Se dará preferencia a los mayores de 60 años, los trabajadores de la sanidad e indígenas y afrobrasileños que residen en los llamados quimbosos –reservas protegidas por ser propiedad de esclavos fugitivos, criticados implacablemente por Bolsonaro–.

Si el Anvisa arrastra los pies a la hora de aprobar la vacuna china, Doria cree que puede apoyarse en una ley que permite saltar el proceso de aprobación federal en tiempo de emergencia. “El Gobierno paulista teme que el Anvisa, con dirección bolsonaorista, va a mirar todo con lupa para atrasar el calendario de Doria”, explicó una fuente del gobierno del estado en Folha de São Paulo .

Puesto que Doria, experiodista de televisión conocido por su oportunismo, ya ha anunciado su interés por ser candidato conservador para las elecciones presidenciales del 2022, queda claro que la respuesta a la pandemia ya se ha convertido en una batalla preelectoral. Pero la diferencia entre el electoralismo de los dos, según el historiador Elio Gaspari, es que “Bolsonaro hace política con la gripezinha y Doria hace política con una vacuna”.

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