Guaidó pacta con Maduro un nuevo diálogo en México

Guaidó pacta con Maduro un nuevo diálogo en México

03/08 El gobierno y la oposición venezolana se sentarán a negociar la semana que viene después de otros cuatro procesos fallidos

Todo está preparado para el inicio la semana que viene de un nuevo proceso negociador entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición democrática, bajo el auspicio y la mediación del gobierno de Noruega y la presencia de la comunidad internacional. La sede elegida será en esta ocasión Ciudad de México.

Se trata del quinto proceso negociador desde la llegada del "presidente pueblo" al poder en 2013, en el que cada una de las partes contará con un país acompañante. Fuentes políticas consultadas por EL MUNDO adelantaron que a falta de concretar los últimos detalles, todo indica que Rusia, uno de los principales aliados del chavismo, acompañará al oficialismo y Francia lo hará con la oposición, aunque también los Países Bajos cuentan con la confianza de la presidencia encargada de Juan Guaidó.

Además, en una especie de segundo círculo, estarán presentes otros países de apoyo, entre ellos varios europeos y también EEUU, que ha vuelto a confirmar su apoyo al Parlamento democrático de 2015 y a su presidente, Guaidó.

Durante la primera visita a Ciudad de México, los representantes del régimen y de la oposición sólo se reunirán para firmar un "memorándum de entendimiento", que contemplará los puntos principales de la agenda, que se retomarán de nuevo en septiembre. El día marcado en rojo en el calendario es el viernes 13 de agosto, una fecha que solo cambiaría por los constantes tiras y aflojas de ambas partes.

La oposición contará en la capital norteamericana con cinco delegados, uno de la presidencia encargada (el constitucionalista Gerardo Blyde) y otro por cada uno de los partidos del G-4: Tomás Guanipa por el centrista Primero Justicia (PJ), Luis Aquiles Moreno por el socialdemócrata Acción Democrática (AD), Luis Emilio Rondón o Nora Bracho por el socialcristiano Un Nuevo Tiempo (UNT) y Carlos Vecchio, por Voluntad Popular (VP), partido de Guaidó y del ex prisionero político Leopoldo López.

Por la revolución asistirán el presidente de la Asamblea Nacional chavista, Jorge Rodríguez, y el gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez, uno de los dirigentes con mayor peso dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En la oposición creen que tanto la vicepresidenta Delcy Rodríguez, mano derecha de Maduro, como el canciller Jorge Arreaza se sumarán en algún momento a los diálogos.

Aún no se ha definido si asistirá el ex diputado Stalin González, aliado cercano del excandidato presidencial Henrique Capriles. Este grupo opositor ha pedido al resto de la oposición que primero se comprometan a inscribir candidatos para las elecciones de gobernadores y alcaldes del 21 de noviembre, una exigencia que también han hecho sectores del régimen de Maduro. El lapso de inscripción de candidaturas es entre el 9 y el 29 de agosto.

SANCIONES INTERNACIONALES
Maduro ha repetido que está preparado para iniciar una nueva ronda de negociaciones. "Estamos listos para ir a México, sentarnos en una agenda realista, objetiva, verdaderamente venezolana, para llegar a acuerdos parciales por la paz, para que se levanten todas las sanciones criminales", clamó Maduro a finales de julio en la televisión estatal.

Y son precisamente las sanciones internacionales una de las piedras de toque de la negociación. En principio, EEUU está decidido a flexibilizar sus medidas contra la revolución a cambio de que se concrete un cronograma electoral entre 2022 y 2024, cuando se realizarían unas nuevas elecciones presidenciales. Washington incluso está dispuesto a retirar algunas de las órdenes de busca y captura contra jerarcas de la revolución.

En cuanto a los comicios de este año, los partidarios más próximos a Guaidó sólo concurrirían a las regionales en el caso de conseguir avances concretos en las garantías electorales.

Guaidó, por su parte, también ha dicho que está listo para buscar un acuerdo que ponga fin a la crisis venezolana, siempre que la negociación contemple en la agenda la discusión de un cronograma electoral que incluya presidenciales y legislativas. "Queremos salir de la tragedia y para eso debemos ejercer la mayoría que somos. Una solución pasa por un acuerdo integral, respaldado por la comunidad internacional, que incluya elecciones libres y justas. El evento del 21-N debe enmarcarse en la lucha y en favor de los venezolanos," precisó en sus redes sociales.

"La oposición va en desventaja, a pesar de lo mal evaluado que está el gobierno. Se trata de ganar espacios que hoy no tiene, debe ver cuáles son las grietas del gobierno y aprovecharlas. La oposición debe procurar no solamente reagruparse, sino además construir una propuesta política inclusiva que reconozca que el gobierno, así sea ilegítimo, es quien tiene el poder y su estrategia debe ser debilitarlo. Eso no se logra negociando, sino creciendo políticamente", precisa la politóloga María Puerta.

Desde que Maduro accediera a la presidencia en 2013 se han llevado a cabo distintos procesos de negociación, acabados todos con un estrepitoso fracaso. De hecho el de mayor alcance fue el último, en 2019, que incluyó varias rondas de diálogos en Oslo y en Barbados, también con protagonismo principal para la diplomacia noruega.

Los avances en esta negociación provocaron que Maduro diera un golpe sobre la mesa para darla por acabada y para imponer una falsa mesa de diálogo con partidos colaboracionistas, que contaron con el aval de Moscú y del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero. De allí surgieron las elecciones parlamentarias de 2019, desconocidas por la oposición real y por buena parte de la comunidad internacional.

Antes de las negociaciones bajo paraguas noruego, el régimen y la oposición se reunieron entre finales de 2017 y comienzos de 2018 en República Dominicana. El fracaso de aquellos diálogos precipitó las fraudulentas elecciones presidenciales de mayo, ganadas por Maduro sin presencia del grueso de la oposición en los comicios.

En 2014 fueron la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el Vaticano quienes se sentaron sin acuerdos con ambas partes y en 2016 repitió la Santa Sede. Los acuerdos logrados en Caracas no se cumplieron por parte del gobierno.

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