Grecia, en vilo por el pavoroso incendio en Eubea

Grecia, en vilo por el pavoroso incendio en Eubea

Las llamas siguen sin control en la segunda mayor isla del país

Grecia empieza a controlar el centenar largo de incendios que han arrasado casi 60.000 hectáreas en los últimos doce días, incluido el del norte de Atenas. La mejoría tiene una dolorosa excepción: las llamas devoran la isla de Eubea, la segunda más grande del país, que arde de manera dramática y, de momento, sin control.

Miles de habitantes desesperados contemplaban ayer el brasero en el que se han convertido sus bosques vírgenes, arrasados por unas llamas que amenazan sus casas: “El fuego está lejos de ser controlado”, confirmó el alcalde de Mantudi a Skai TV.

El panorama en Eubea es apocalíptico. Por un lado, hay vecinos combatiendo como pueden las llamas a las puertas de sus terrenos y casas después de que los incendios hayan quemado unas 20.000 hectáreas de masa forestal. Por otro, están los evacuados que están esperando volver a sus casas, si estas aún se mantienen en pie, mientras se alojan en ferris, barcos privados o de la Guardia Costera y en instalaciones de la islas en zonas no afectadas. El gobernador de la región de Grecia Central, Fanis Spanos, aseguró hoy que alrededor de 3.000 personas han sido alojadas en hoteles o polideportivos tras evacuarse casi 50 poblaciones en Eubea.

La indignación ciudadana contra la actuación oficial es tan imparable como las llamas. Durante días, vecinos y autoridades locales, sumidos en la desesperación, han acusado al Gobierno de haber utilizado el discurso de “salvar vidas, no casas”, para abandonarlos durante días, con la evacuación como casi única herramienta, así como de priorizar la región capitalina de Ática.

El viceministro de Protección Civil, Nikos Jardaliás, aseguró ayer que las fuerzas antiincendios se han reforzado en Eubea con 17 aviones, centrados en las zonas residenciales, aunque destacó que la extinción es “extremadamente complicada” por la fuerza y dirección de las rachas de viento, las turbulencias y el denso humo, que dificulta la visibilidad.

Ante las críticas de falta de medios en Eubea, el teniente general del cuerpo de bomberos, Nikos Diamandis, aseguró que los aviones y helicópteros realizan las operaciones consideradas más efectivas. A su juicio, la carga térmica es tan alta que comparó la extinción con “verter agua para extinguir la lava de un volcán”.

Las altas temperaturas y el temor a fuertes vientos invitan a la cautela ante el control del resto de incendios en el país
La virulencia de las llamas provocó este domingo que un avión de extinción de incendios se estrelló en Grecia este domingo, pero no hubo víctimas, según afirmaron miembros del cuerpo de bomberos a la AFP.

El avión Pezetel se estrelló mientras abordaba un incendio en la isla jónica de Zakynthos, en el oeste de Grecia. El piloto está sano y salvo y fue ayudado por otros bomberos, informó la agencia de noticias ANA.

La altas temperaturas y el temor de que vuelvan a arreciar los fuertes vientos hacen que las autoridades griegas opten por la cautela ante el creciente control del resto de incendios en el país, incluido el del norte de Atenas, combatido por brigadas de bomberos nacionales y extranjeros. Aunque las autoridades no los dan por controlados y temen que en cualquier momento una chispa les devuelva a la casilla de salida.

En la zona cercana al monte Parnés, unos 500 agentes de policía patrullan los parques, colinas y otras zonas verdes de Ática para evitar más fuegos y desde ayer se han identificado a 19 personas sospechosas de provocar incendios. De momento, el fuego ha dejado una víctima mortal. Un hombre de 38 años que murió a raíz de las heridas provocadas por la caída de un poste eléctrico de alta tensión.

En Turquía, que también sufrido los efectos devastadores del fuego durante días, han muerto ocho personas. El viento y las altas temperaturas dificultaron ayer los esfuerzos para apagar los seis incendios que permanecían activos, en particular un foco que podría afectar la central térmica de Yeniköy, en el suroeste del país. Para proteger la central de Yeniköy se han talado árboles en un radio de cinco kilómetros y cavado zanjas, mientras que decenas de bomberos y voluntarios intentan evitar, con tanques de agua, el avance de las llamas.

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