Grandes expectativas de la izquierda iberoamericana con Biden

Grandes expectativas de la izquierda iberoamericana con Biden

16/11 Como vicepresidente de Obama viajó trece veces a Iberoamérica y sabe quién es quién

La tensión norte-sur en América adoptará nuevas formas en los próximos cuatro años de Joe Biden en la Casa Blanca. Las relaciones, previsiblemente, serán más suaves en las formas aunque, en el fondo, quizás, poco o casi nada cambie. Otra cosa, es lo que pasará de puertas adentro en el resto del continente. «Aunque no hubiera un giro radical, cambiarán las formas y el discurso será menos divisivo», observa Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano. «Da la casualidad -recuerda- de que el año próximo se celebra en Estados Unidos la VIII Cumbre de las Américas». Será entonces, «la ocasión ideal para medir en su totalidad la dirección y la estrategia de la política latinoamericana de la nueva Administración».

El México de López Obrador se entendió con Trump y previsiblemente, lo hará con Biden. En el ínterin, las fichas (los gobiernos) buscan acomodo en el nuevo tablero estadounidense. Perú, con los disturbios violentos, tras la proclamación y renuncia de Manuel Merino y el choque de trenes con Martín Vizcarra, entra en una crisis de desenlace incierto, pese a tener elecciones convocadas en abril. Cuba sueña con un retorno a políticas de apertura como con Obama y Venezuela repite el mantra de «diálogo» mientras el régimen digiere las sanciones que, difícilmente, se levantarán a sus caciques.

El sur está revuelto y Chile afronta un futuro incierto con las elecciones a constituyentes para redactar una nueva Constitución. Los países bolivarianos recuperan bríos con la idea de cambiar a Trump por Biden, pero conservadores, como la Colombia de Iván Duque, entienden que el demócrata seguirá, en los asuntos de Estado, la estela del republicano.

La investidura en Bolivia de Luis Arce y el regreso del exilio voluntario de Evo Morales, en modo Cid Campeador andino, generaron ilusión entre los nostálgicos del socialismo siglo XXI que siguen hablando del «imperio» para referirse a EE.UU. El presidente que recuperó para la banda presidencial los símbolos de los pueblos originarios (wipala) garantizó a los que dudan: «Este, será mi Gobierno». Economista y exministro en la etapa dorada de las materias primas del cono sur, Arce administró las finanzas con austeridad y tino. Demostró tener claro que una cosa es el discursos político para contentar a las masas y otra jugar con las cosas de comer. Su victoria se interpretó como un triunfo para los integrantes del grupo de Puebla, iniciativa de Alberto Fernández o refugio de políticos trasnochados y expresidentes de una izquierda que quiere recuperar protagonismo. Entre otros, de Rafael Correa, Fernando Lugo, Ernesto Samper, Dilma Roussef o Lula Da Silva. Por parte de España, sus máximos representantes son José Luis Rodríguez Zapatero y la ministra Irene Montero.

Corrupción sistemática

Durante su vicepresidencia con Obama, Joe Biden visitó en trece ocasiones Iberoamérica. Conoce quién es quién y actuará con conocimiento de causa. A Argentina le urge cerrar un acuerdo con el FMI y necesita de su apoyo. La retórica de los «Fernández», previsiblemente, bajará de tono pero la corrupción sistemática, estímulos de toma de tierras, estampida de empresas y asaltos al Poder Judicial del Gobierno, no son una buena carta de negociación.

Jair Bolsonaro puede considerar la derrota de Trump como propia. Carlos Malamud se pregunta: «¿Qué margen habrá para una plena normalización de la relación bilateral? ¿Habrá algún gesto de Bolsonaro para rectificar un rumbo que ya carece de futuro? ¿O, desde la Casa Blanca se enviará alguna señal de tregua?». El tiempo dirá pero pero el estadounidense, sin duda, no perdonará su desprecio por el cambio climático y la ausencia de una agenda verde para el pulmón del planeta.

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