Giorgio Mulè, subsecretario de Defensa de Italia: "Cada ciudad europea debería tener una 'Cúpula de Hierro'"

Giorgio Mulè, subsecretario de Defensa de Italia: "Cada ciudad europea debería tener una 'Cúpula de Hierro'"

La ciberseguridad es la prioridad en un mundo que ha cambiado su forma de hacer la guerra

Las amenazas globales han cambiado, y tanto la OTAN como la UE tienen que adaptarse para poder hacer frente a cuestiones como el ciberterrorismo que podrían tener las mismas consecuencias para un país que un bombardeo. Es la advertencia de Giorgio Mulè (Caltanisetta, 1968), subsecretario de Defensa de Italia, que recibe a EL MUNDO en Madrid en el marco de su visita al Centro de Satélites de la Unión Europea.

¿Cómo valora la estrategia de Italia -primero con Conte al frente y después con Draghi- en la lucha contra la pandemia?
Entre los dos Gobiernos hay una grandísima diferencia. El partido que represento (Forza Italia) ha entrado en el Ejecutivo para resolver tres emergencias: sanitaria, económica y social. Cuando llegamos al Gobierno, en Italia se vacunaba a 135.000 personas al día, ahora a más de 500.000 y se ha inmunizado con las dos dosis a toda la población de más de 60 años. Antes morían 600 personas al día, ahora 30. No es casual. Hemos adoptado un enfoque completamente diferente en cuanto a la distribución de vacunas, un plan cuya logística se le ha encargado al general del Ejército Francesco Figliuolo, que ha puesto a disposición del país todos los recursos necesarios para acelerar la inmunización. Todos los 'camisas blancas' (desde sanitarios a dentistas) han sido llamados para inocular y se han establecido puntos de vacunación móviles del Ejército. Gracias a este plan, hoy (por ayer) Italia se ha quitado la mascarilla en exteriores. Es el día de la liberación del país frente al Covid, tal y como lo hemos conocido. De aquí a septiembre tendremos un 80% de vacunados. Y estamos preparados para la entrada de nuevas variantes, aunque es muy probable que necesitemos una tercera dosis.

Respecto a la OTAN, ¿cuáles deberían ser los objetivos de la Alianza?
La OTAN debe cambiar su perspectiva respecto a las amenazas actuales. Ya no existe la Guerra Fría, debe enfocarse en la ciberseguridad. La OTAN tiene que cambiar de piel porque las modificaciones hechas hasta ahora no son suficientes, debe adquirir autonomía para responder e identificar a los responsables de ciberataques. Un dato: en los primeros siete meses de este año, 14 agencias europeas han sido ciberatacadas, es decir un tercio de las 45 agencias comunitarias. Solo en Italia en 2020 este tipo de ataques han aumentado un 246%. En Estados Unidos hay una fuerza de respuesta federal ante la ciberdelincuencia, en Europa debemos crearla también. La ciberseguridad es la nueva y verdadera frontera que debe defender la OTAN para preservar nuestra libertad. Un ciberataque puede sumir a un país entero en el caos, se pueden bloquear desde centrales eléctricas a hospitales, es el equivalente a un bombardeo.

¿Qué papel juegan los drones en este nuevo concepto de amenazas?

Los drones no pilotados son otra nueva frontera. Es una forma de agresión no convencional que necesita de una respuesta inmediata. Y no son un juguete. Esta forma de guerra necesita de un cambio de reglas, de llevar un riguroso control de los permisos otorgados para el manejo de estos aparatos. Cada ciudad europea debería invertir en tener una cúpula de detección como la israelí para evitar esta amenaza que es real, sobre todo por parte de grupos terroristas, porque cuesta poco y tiene un efecto enorme. Europa debe invertir más en este tipo de defensa, no se trata de adquirir más armamento sino de apostar por la investigación para desarrollar un programa que permita defendernos de las nuevas formas de amenazas.

¿Ha reemplazado China a Rusia como principal amenaza para la UE?
China no es solo una amenaza para la UE, sino para cualquier sistema democrático. Como hemos visto en África, tiene sistemas de una época que creíamos pasada basados en la violación de derechos humanos. Pretende la confrontación de nuestra civilización, por tanto la UE debe hablar con una sola voz con respecto a Pekín y estar abierta al diálogo, pero con la petición firme del fin de la violación de derechos. Además, hemos visto que China hace un uso distorsionado de la tecnología, como en el ejemplo del 5G.

Y respecto a Rusia, ¿debe Bruselas apostar también por el diálogo?
Con Moscú somos partidarios de establecer una política de diálogo por una parte y disuasión por otra. Es decir, pretender el respeto hacia los derechos humanos y hacia los valores europeos por parte de Rusia, pero teniendo en cuenta que representa un socio comercial con el que hay que colaborar.

¿Cómo valora la respuesta rusa al reciente incidente con un buque de guerra británico en el Mar Negro?
Creo que más que un episodio aislado es un problema de base. Por una de las partes se mostró estar en disposición de responder a la capacidad militar europea, y por la otra tener la capacidad de custodiar los valores de la UE. Hay que encontrar una forma de avanzar en un diálogo basado en el respeto mutuo. Ese problema de base ya lo habíamos visto recientemente en Italia con la expulsión por parte de Moscú de dos de nuestros diplomáticos en respuesta a un caso de espionaje ruso.

Respecto a la crisis entre España y Marruecos, ¿tiene la sensación de que la UE está dejando sola a Madrid en esta cuestión, como le sucede a Italia con Libia?
En esta cuestión somos países gemelos. La UE no puede pensar que las fronteras con Libia y con Marruecos son de Italia y España. Estamos en una Europa unidad porque reconoce los confines de la Unión. Bruselas ha tenido una respuesta dramáticamente ausente en la ayuda a la solidaridad italiana y española, respecto al egoísmo de otros países de la Unión. No se puede dejar a España sola bajo la responsabilidad de gestionar la llegada de inmigrantes, ni se le puede acusar de ser un país insolidario por defender su soberanía territorial.

¿Dónde debe concentrar entonces sus esfuerzos la UE en materia migratoria?
Europa no está preparada para acoger a todos los inmigrantes. Una política migratoria responsable se basa en invertir en los países de origen, es decir revertir lo que ha hecho mal y ha destruido China en África y apoyar la educación, las infraestructuras y la capacidad productiva del continente para evitar las oleadas de migrantes a Europa. Esta ayuda tiene que ser continuada, y tiene que complementarse con presencia militar.

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