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Francia inicia un confinamiento que exige un certificado para moverse

Francia inicia un confinamiento que exige un certificado para moverse

Despliegue de cien mil policías que realizan controles de personas y vehículos.

Francia puso en marcha, a partir del mediodía de ayer, la dástica medida de confinamiento que obliga a los ciudadanos a quedarse en casa, salvo que tengan motivos muy justificados para moverse. Cien mil policías han sido desplegados en calles y carreteras para obligar a cumplir estas estrictas normas decididas para frenar la epidemia de Covid-19.

Desde primeras horas de la mañana, las emisoras de radio y de televisión recordaban a la población que debían descargarse e imprimirse el certificado oficial para probar, si están en la calle, que lo hacen por una necesidad. También es posible, para quien no disponga de ordenador o impresora, escribirlo a mano en una hoja de papel o cargárselo en el móvil.

El “certificado de desplazamiento excepcional” lo realiza uno mismo y está basado en la buena fe y en el honor de la persona, y en que el agente de la autoridad se lo crea. Implica colaboración y autodisciplina, actitudes imprescindibles para superar esta crisis. Además de escribir el nombre, la fecha de nacimiento y la dirección, se debe poner una cruz sobre uno de los cinco motivos que autorizan a salir de casa.

Éxodo a las provincias

Muchos parisinos decidieron escapar de la capital para resistir mejor la crisis

Se puede ir al trabajo, siempre que sea indispensable y no exista la posibilidad de hacerlo por vía telemática. Está permitido acudir a hacer las compras de primera necesidad, como alimentos, medicinas o artículos de higiene, desplazarse al banco o a la oficina de correos, a comprar la prensa o repostar carburante. Es posible, obviamente, acudir a una cita médica o al hospital. Se autorizan los movimientos por un motivo familiar imperioso, para la asistencia a personas vulnerables o el cuidado de niños pequeños. La última razón tolerada para abandonar el domicilio es la realización de actividad física individual –no la práctica deportiva en grupo– o sacar a pasear a animales de compañía. De todos modos, esos trayectos deben limitarse a la proximidad de la propia vivienda. El certificado ha de firmarse cada día y poner la fecha.

Ayer por la tarde, durante las primeras horas de aplicación del confinamiento, las patrullas policiales no ponían sanciones. Se conformaban con hacer pedagogía, con alertar a los despistados. Hubo ya controles aleatorios en calles, carreteras y peajes de autopistas. Según el prefecto de policía de París, Didier Lallement, sólo en el área de la capital se establecieron 150 controles. Las multas por incumplir las normas de confinamiento o no llevar el preceptivo certificado oscilan entre los 38 y 135 euros, aunque es posible que se decida subirlas si se hace necesario más efecto disuasorio.

La decisión sobre el confinamiento se tomó el lunes después de que quedara claro que a la gente le costaba cumplir las recomendaciones de quedarse en casa. Hizo un día primaveral y los ciudadanos salieron a los parques, en familia o con amigos. Hasta hubo picnics en la playa. Pero el motivo fundamental fue el informe de los expertos que hacen el seguimiento de la epidemia. Los datos eran más que inquietantes sobre el ritmo de contagio y la saturación en las unidades de reanimación y cuidados intensivos de los hospitales del este del país, sobre todo en Alsacia, una de las regiones más afectadas. Ante un paso de tanta trascendencia, Macron consultó con dos de sus antecesores en el Elíseo, los expresidentes Nicolas Sarkozy y François Hollande.

De la pedagogía a la sanción

Las multas por incumplir las normas de aislamiento van de 38 a 135 euros

El lunes por la tarde y ayer por la mañana se produjo la marcha de muchas personas de París, familias enteras, que, ante la inminencia del confinamiento, optaron por desplazarse en coche o en tren a las casas de familiares en otras zonas de Francia menos pobladas, o a segundas residencias, donde piensan que podrán sobrellevar mucho mejor el largo periodo de aislamiento forzado. Algunos medios hablaron de éxodo, un término tal vez algo exagerado. Estos movimientos, sin embargo, fueron acogidos con inquietud por los responsables sanitarios, ya que el súbito aumento de población en áreas vacacionales de Normandía, Bretaña y otras regiones puede crear problemas a las infraestructuras hospitalarias insuficientes en el pico de la epidemia.

Los epidemiólogos piensan que el confinamiento es indispensable para gestionar el Covid-19 y que los buenos resultados en las áreas italianas donde empezó a aplicarse lo demuestran.

En una entrevista en el diario Le Parisien , William Dab, que fue director general de Sanidad durante la canícula del 2003 –que causó 15.000 muertos– estimó que en el escenario más optimista la mortalidad sólo será equivalente o algo superior al de un año con gripe. Pero en el peor de los casos, si se llegan a infectar 40 millones de franceses, los muertos podrían alcanzar cifras de hecatombe, con hasta 800.000 víctimas. Según Dab, el drama es que , ante nuevas epidemias, al público le cuesta concienciarse, y comparó la actual situación con la del inicio de la epidemia de sida, en los años ochenta del siglo pasado.

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