Europa busca su sitio a las puertas de una nueva era geopolítica

Europa busca su sitio a las puertas de una nueva era geopolítica

Los gestos de Joe Biden generan ilusión en la UE, en plena confrontación con China y Rusia. El próximo medio siglo será el de la vuelta a la bipolaridad con capitales en Washington y Pekín

Pierre Renouvin, maestro de historiadores, sostenía que el "estudio de las Relaciones Internacionales no se propone establecer leyes históricas ni dictar lecciones. Se limita a comprender el juego complejo de las causas que han originado las grandes transformaciones". El mundo está en permanente transformación y quizás sea "inútil tratar de establecer una jerarquía en la infinita variedad de móviles que orientan las acciones humanas", pero en momentos como el actual, donde parece que los movimientos son tectónicos, algunos en Bruselas intentar dar sentido a las acciones que se entrelazan y se desesperan para comprender -pero sobre todo para hacer comprender a los demás- el significado de cada pieza y salto en el tablero geopolítico.

El pasado lunes, los ministros de Exteriores de la UE aprobaron sanciones para cuatro individuos y una organización china por las violaciones de los derechos de la minoría uigur en la provincia de Xinjiang. La respuesta de Pekín fue inmediata y cogió a la UE por sorpresa. "No lo esperábamos. Sabíamos que habría reacción, pero no tan rápido y con ese alcance. Fue una sorpresa y probablemente el día fundador de una nueva época", reconoce una alta fuente diplomática. Pekín replicó sancionando a eurodiputados, a investigadores y politólogos, a los embajadores de los 27 para temas de Seguridad. Habló de "esparcidores de mentiras" y sacó de la cama al delegado de la UE en el país al borde de la medianoche exigiendo que fuera a dar explicaciones al ministerio.

A la mañana siguiente, Moscú movió ficha y reiteró que Rusia consideraría romper relaciones bilaterales con la UE para centrarse en las de siempre, con cada capital por separado. No era ninguna novedad, porque lo mismo le había dicho el ministro Sergei Lavrov a Josep Borrell en su famoso viaje hace unas semanas. Pero el mensaje que quería que circularse era muy claro. "Tanto nuestros líderes nacionales como los ciudadanos creen que las relaciones entre Rusia y China se encuentran en el mejor momento de toda la historia, y es una evaluación bien merecida y justa", dijo Lavrov en una entrevista a medios chinos. "Las relaciones Rusia-China están caracterizadas por una asociación integral y una coordinación estratégica que han entrado en una nueva era", afirmó el jefe de la diplomacia rusa. Emmanuel Macron, en noviembre de 2019, fue uno de los primeros líderes continentales en advertir sobre el peligro de esa pinza, pero pocos le escucharon. Y pocos lo escuchan todavía.

VUELTA A LA BIPOLARIDAD
En el mundo de las relaciones internacionales no hay leyes, pero de haber algo razonablemente parecido, una de ellas diría que el próximo medio siglo será el de la vuelta a la bipolaridad, con capitales en Washington y Pekín. Ambos bloques lo tienen claro y van pivotando poco a poco hacia ello. La pregunta no es si pasará, sino cuándo, y qué papel jugarán todos los demás. En el Servicio de Acción Exterior de la UE sospechan que estamos cerca. Que nos aproximamos a un nuevo mapa global, quizás con las democracias a un lado y los estados autoritarios al otro. Algo más parecido a las alianzas y ententes del siglo XIX que a la agitación del XX. Con geometrías variables, cambios constantes de fuerzas, alineamientos a todas las escalas. Es lo que explica, en parte al menos, algunos movimientos que vemos desde el pasado noviembre.

El acercamiento de la UE a Turquía, escenificado con unas conclusiones del Consejo Europeo aprobadas el jueves y con la promesa de viaje inminente de los líderes institucionales a Ankara es un ejemplo. "No podemos tener bronca con todos nuestros vecinos", admiten, realistas, altas fuentes diplomáticas. Turquía es una potencia militar más que económica, y regional, con intereses y soldados en el Cáucaso, Libia o Siria. "Rusia y Turquía están 'estañizando' el mundo, así que tenemos que evitar una dinámica de confrontación" antes de que sea demasiado tarde, apuntan esas fuentes.

"Europa, la única zona del mundo moderno que ha tenido un sistema multiestatal, inventó los conceptos de nación-Estado, soberanía y equilibrio del poder, ideas que dominaron los asuntos internacionales durante casi tres siglos. Pero ninguno de los antiguos practicantes europeos de la 'raison d'état' es hoy lo bastante fuerte para desempeñar un papel principal en el naciente orden internacional. Están tratando de compensar esta relativa debilidad creando una Europa unificada, esfuerzo que absorbe gran parte de sus energías. Pero aunque lo lograran, no tendrían a mano alineamientos automáticos para dirigir una Europa unificada en el escenario global", advertía Henry Kissinger a mediados de los años 90 en 'Diplomacia'.

Los años de Donald Trump fueron muy extraños, porque su administración "sólo creaba confusión", explica una alta fuente comunitaria. "Tan pronto viajando a verse con Vladimir Putin como con Corea del Norte, amenazando a la OTAN y lanzándose contra Irán". Por eso se esperaba con tanta prisa el cambio de presidente. Joe Biden es mucho más clásico y sus primeros pasos, llamando asesino a Putin o sumándose a las sanciones chinas es claro. Tampoco se le escapa a nadie el simbolismo del viaje del secretario de Estado Anthony Blinken y sus fotos con los colegas de la OTAN y las altas autoridades comunitarias. En el Viejo Continente se han generado muchas expectativas. Hay heridas abiertas, dudas sobre las bondades del liderazgo norteamericano y un debate sobre si es el momento de apostar por autonomía estratégica o resignarse al paraguas de Washington. Bruselas confía en que el nuevo EEUU, que vuelve al Tratado de París, a la OMC, a la OMS, a la OTAN, sirva para estabilizar el planeta y forjar un vínculo irrompible con los socios más fiables. Pero como advierte Luis Simón, director de la oficina del Real Instituto Elcano en Bruselas, "Biden está más cerca de Europa que Trump, pero está más cerca de Trump que de Europa".

En esta disputa de democracias, autoritarismos y coaliciones incipientes la UE ha apostado este semestre abiertamente por India, rival histórico de China. Al mismo tiempo, la presión de Biden ha forzado a Arabia Saudí a proponer un alto el fuego en Yemen. Lo que podría dar cierto oxígeno al gran problema común: lidiar con Irán e intentar recuperar los términos del acuerdo nuclear, en el que la UE intenta seguir jugando un papel clave como mediador y facilitador. "Hemos mantenido vivo estos años el diálogo con Teherán y hay que aprovechar ahora mismo la ocasión, porque las elecciones las van a ganar los radicales y luego va ser mucho más difícil", dicen los diplomáticos de la Unión. La urgencia es máxima no sólo por eso, sino que -no por casualidad-, ayer mismo Teherán y Pekín firmaron con gran bombo un «pacto de cooperación estratégica de 25 años». Un recado que Occidente debería tener muy presente.

El gran problema es que a diferencia de EEUU, China, Rusia o Reino Unido, la UE no tiene una política exterior, sino 27. No es que no se pongan de acuerdo en sanciones, en respuestas, incluso en las prioridades, sino que no somos capaces siquiera de interpretar lo que está ocurriendo de forma parecida. Ni de pensar a muy largo plazo, más allá de instintos, prejuicios y rencores.

UNA NUEVA ERA
En el equipo de Borrell creen que estamos en el primer día de una nueva era. Que no vemos sólo réplicas al terremoto electoral de Washington, que no es simplemente que todos los actores se vayan adaptando a una nueva realidad. "No son pequeños ajustes, sino que los temas desbordan y se veía venir". Pero en otras capitales quitan hierro. "No es punto de inflexión, por ahora es sólo una puntualización", apuntan fuentes diplomáticas españolas. "Estamos en momento de recomposición y hay un elemento claramente americano", insisten.

Las fisuras internas son muy marcadas en los grandes temas de política internacional. En todo lo que afecta a Rusia los países bálticos y alguno del este, con Polonia a la cabeza, forman un lobby durísimo. En la cuestión china hubo consenso, pero esta misma semana se ha visto al Gobierno húngaro, el mismo que lleva meses sino años poniendo zancadillas a casi todas las cuestiones de calado, invitar y recibir al ministro de Defensa chino. Alexander Gabuev, del Carnegie Moscow Center cree que esta alianza ruso-china genera "ansiedad" en una Europa desconcertada, y que la "emergencia de una Pax Sinica que incluya a Rusia puede trazar nuevas líneas divisoras en Eurasia, mucho más flexibles y transparentes que el Telón de Acero entre la OTAN y los países del Pacto de Varsovia, pero que no obstante limitarán la exportación de estándares, bienes y servicios europeos".

La UE habla mucho pero, por desgracia, a veces dice bastante poco. Se envuelve en grandes conceptos, diserta sobre soberanía y autonomía estratégica, habla de tener voz en el mundo, de actuar, de ser escuchada, de fijar estándares, pero carece de los medios, la estructura y sobre todo la voluntad y la coordinación para hacerlo. Y además, surgen grietas incluso de lugares inesperados. Históricamente, el tridente formado por Francia, Alemania y Reino Unido (el E3) llevaba la voz cantante en temas Exteriores. De ahí la implicación de los tres por ejemplo en el acuerdo nuclear con Irán. O de los dos primeros en los Acuerdos de Minsk para intentar pacificar Ucrania tras la intervención rusa. El Brexit no ha cambiado demasiado y eso genera resquemor. "Reino Unido quiere llevarse a la OTAN lo que hacía en la UE", explican fuentes diplomáticas españolas. "Estamos observando por parte de Francia y Alemania el deseo de ampliar los temas que involucran al llamado E3. No es buena noticia para quienes creemos en la autonomía estratégica de la UE y desde luego no casa con lo que decían París y Berlín. Es un riesgo para Borrell, que tiene que ser el guardián de las esencias", lamentan desde Madrid.

RELACIONES CON RUSIA Y CHINA
En los años 70, Kissinger y Nixon entendieron que para debilitar a Moscú tenían que acercarse a Pekín. En Washington, hoy, muchos han asumido que tendrán que hacer lo mismo, pero al revés. Meter una cuña. Y la pregunta, de nuevo, sólo es cómo, cuándo y si pillará a la UE con el pie cambiado. "Hoy, los lazos comerciales, tecnológicos y financieros entre Rusia y Europa siguen siendo significativamente más fuertes que entre Rusia y China. Pero puede que no se así en los próximos diez a 15 años, por lo que es importante evaluar el papel potencial de Europa en el equilibrio de las relaciones de Rusia con China ahora", escribe Gabuev.

Y eso abre un melón desagradable en Bruselas, que sin divisiones acorazadas y credibilidad geopolítica sólo es una superpotencia mundial en comercio, regulación y retórica ética. Moscú ha sido el enemigo, la amenaza, el invasor, es una línea roja para sus víctimas históricas, pero China es el gran rival del futuro. "Rusia es una amenaza militar, pero China es un actor sistémico", apuntan desde la diplomacia española. De los que fijan estándares, cultura y fronteras.

"El éxito de una política de 'raison d'état' depende, ante todo, de la capacidad de evaluar las relaciones de poder. Los valores universales son definidos por la forma en que se los percibe, y no necesitan una reinterpretación constante. Pero determinar los límites del poder sí requiere de una mezcla de experiencia y perspicacia y de un constante ajuste a las circunstancias. Desde luego, en teoría, el equilibrio del poder debe ser perfectamente calculable, pero en la práctica ha demostrado ser extremadamente difícil evaluarlo con realismo. Por lo general, el consenso sobre la naturaleza del equilibrio queda establecido por conflictos periódicos", avisó Kissinger. En este mundo, la reputación es un activo mucho más valioso que los ingenios tácticos esporádicos. Y Europa, si tiene reputación de algo, es de crecer con parches, conducir con luces cortas y de ir lenta. Siempre demasiado lenta.

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