Euforia en la izquierda de América Latina tras el cambio político en Chile

Euforia en la izquierda de América Latina tras el cambio político en Chile

Las dos coaliciones que se repartieron el poder desde Pinochet -la derecha de Piñera y la concertación de socialistas y democristianos- han quedado mal paradas para redactar la nueva Carta Magna

Cuando Pedro Sánchez aterrice en junio en Buenos Aires percibirá todavía el impacto provocado por las elecciones del domingo en el vecino Chile. El famoso "oasis de la estabilidad", el país en el que con ciertos temas (como la macroeconomía) "no se jode", como decían los argentinos, parece que ha dejado de serlo ante el cambio profundo decretado por las urnas. Una nueva era política acaba de comenzar.

Las dos coaliciones que se repartieron el poder desde Pinochet han quedado mal paradas para redactar la nueva Carta Magna. Ni la derecha en torno al presidente Sebastián Piñera, ni la Concertación de socialistas y democristianos, son ahora mayoritarios, para alborozo de izquierdistas y revolucionarios de la región.

Nicolás Maduro tardó muy pocas horas en cantar victorias ajenas. "Luego de tantas movilizaciones, represión y dolor, el pueblo chileno comienza un nuevo camino. Han dado una clara señal sobre su contundente rechazo al neoliberalismo salvaje a través del voto popular", pontificó el "presidente pueblo" desde Caracas.

El lunes fue un día de fiesta en la región no sólo para revolucionarios e izquierdistas, también para los progresistas cuando todavía escuece la sorprendente derrota del correísmo en Ecuador. El avance de la izquierda en Chile, y, sobre todo, la derrota del establishment (que en mayor o menor medida enfrentó al madurismo), suscitó aplauso automático más allá de los integrantes del Grupo de Puebla. Poco importaba que algunos, como el propio Maduro, estén situados en las Antípodas políticas y sociales de muchas de las demandas que ya se avizoran para formar parte de la nueva Carta Magna.

Las fotos de Allende y las menciones a las "grandes alamedas" en el último discurso del presidente derrocado aparecieron por doquier. "Sí tienen motivos para la celebración. Domina la izquierda en los resultados y se debilita el estatus de los partidos tradicionales. Chile podría empezar a transitar hacia un modelo de mayor intervención estatal en la economía, una característica en auge a nivel mundial producto de la pandemia", constata el internacionalista Mariano de Alba.

Pero una cosa es el triunfo parcial tanto en la Constituyente como en las municipales y otra muy distinta es su supuesto beneficio directo para el régimen chavista en busca de aliados para eludir la presión internacional, el reimpulso para el candidato radical de Perú, Pedro Castillo, ante los avances de Keiko Fujimori o la apertura de un cauce constituyente para la Colombia de las protestas.

"Cada país tiene sus particularidades y el auge de la izquierda en Chile no necesariamente terminará en alianza con Maduro u otros grupos de la izquierda regional. Los independientes también obtuvieron una victoria importante y habrá que ver cómo se desarrolla el proceso constituyente", subraya De Alba para EL MUNDO.

MAREA ANTIGUBERNAMENTAL
El analista Jacobo García toca las teclas de la compleja realidad que vive la región, profundizada por la pandemia pero que ya se comenzó a atisbar durante la marea antigubernamental de hace dos años. "Hay elementos comunes entre los distintos contextos nacionales, pero a la vez hay ciclos y resultados diferentes: Colombia derrumbándose, Chile refundándose, Ecuador encontrándose, Bolivia reconsolidándose...", asegura el experto.

Precisamente en Colombia se comparan las actuales protestas del paro nacional con lo ocurrido en Chile en 2019. Gustavo Petro, aliado de Caracas, aprovechó la presencia de los jóvenes en las calles colombianas para felicitar a los chilenos que "lograron pactar una constituyente y han logrado hoy, a través del voto popular, un resultado histórico. Ha muerto el pinochetismo", sentenció.

De momento sólo dirigentes de menor peso insisten en la necesidad de cambiar la Constitución colombiana. "Creo que es posible, pero quizás no sea lo más conveniente. Colombia ya tiene una Constitución progresista en muchos sentidos, que hay que proteger y desarrollar. Pero tampoco se puede negar que hay muchas tuercas de la Constitución que no quedaron bien puestas", reflexiona para EL MUNDO el analista Felipe Rey Salamanca, que detalla algunas de esas tuercas sin mover: el sistema de gobierno presidencial que impide salidas institucionales a crisis como la actual; una forma de Estado "centralizada y desigual"; un Congreso altamente disfuncional; un sistema judicial lentísimo; mecanismos de participación poco deliberativos y que se pueden bloquear; y, en general, "una estructura que consiente muchos privilegios políticos y económicos de distintas élites".

ANHELO DE REFORMAS
¿Cómo introducir reformas sin acudir al mecanismo de la Constituyente? En Colombia no se ve una luz al final del túnel, entre una Constituyente que parece imposible y el actual bloqueo, y cuando la gran mayoría del país siente la necesidad inmediata de reformas. Rey Salamanca apuesta por un mecanismo intermedio, una Asamblea Mixta de Reforma, compuesta por ciudadanía y representantes políticos, con "la misión específica de proponer un paquete de reformas profundas al Congreso, para que las tramite directamente o convoque una consulta o un referendo".

También la Constituyente fue una de banderas que Castillo ondeó durante la primera vuelta en Perú. En su última declaración, y ya van varias idas y venidas, ha adelantado que celebrará un referéndum previo y que la votación a constituyentes también será sectorial, como sucediera en Venezuela en 2017. Ese año Maduro inventó un nuevo sistema constituyente: no realizó referéndum (porque lo perdía) y los elegidos no redactaron ni un artículo durante tres años, en los que ejercieron como el Comité de Salud Pública de la Revolución Francesa.

Con todas las miradas puestas sobre Chile, está por ver cuál será el efecto que los trámites de la nueva Constitución tengan sobre la elección del presidente de final de año, de cara sobre todo a que la "furia bolivariana", como dice el chavismo, vuelva a cabalgar en la llamada patria grande.

"Para la izquierda es riesgoso dominar el proceso constituyente porque en sí mismo no produce cambios reales. Más bien se arriesgan a que sobre ellos recaiga la frustración cuando muchos se den cuenta que quizás cambió la Constitución, pero los problemas son estructurales y de gobernanza", apuesta De Alba.

Para el primer test sólo faltan 19 días: el 6/6 se disputan las presidenciales en Perú entre los extremistas Castillo y Fujimori.

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