Estados Unidos mira al sudeste asiático tras el fracaso en Afganistán

Estados Unidos mira al sudeste asiático tras el fracaso en Afganistán

Washington intenta reconstruir sus relaciones con las naciones del Mar de China para ser un contrapeso a la influencia de Pekín

Lo advirtió hace un mes Kurt Campbell, principal asesor sobre Asia de la Casa Blanca: "Se está produciendo un cambio histórico en la política exterior de Estados Unidos, uno que desviará el enfoque de Oriente Medio hacia Asia".

El viaje de la segunda persona más poderosa de Estados Unidos por el Sudeste Asiático pasó casi desapercibido. La visita histórica de la semana pasada de Kamala Harris a Vietman fue eclipsada por los sucesos que ocurrían a 4.630 kilómetros al noroeste, en Afganistán. Todo el foco internacional estaba puesto en Kabul y en la evacuación de miles de afganos que huían del nuevo régimen de terror talibán.

Era la primera visita a Vietnam de una vicepresidenta de Estados Unidos desde el final de la guerra en ese país en 1975. Con la pérdida del dominio (y reputación) en Asia Central tras la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, Washington pretendía impulsar su presencia y alianzas en el Sudeste Asiático para hacer frente a la huella económica y naval cada vez más profunda de Pekín en la región, impulsada por su Iniciativa de la Franja y la Ruta.

El Sudeste Asiático es el siguiente movimiento de la administración de Joe Biden después de que en mayo reforzara su alianza con sus socios del Quad (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral), un foro que integran Estados Unidos, Japón, Australia e India, y que para Washington es primordial fortalecer para ser un contrapeso a la influencia de Pekín en la región. Además, pretende asegurar, en palabras de Biden, un "Indo-Pacífico libre y abierto".

Estados Unidos intenta ahora reconstruir sus relaciones en las naciones del sur con una serie de visitas de alto perfil. Washington envió en julio a Filipinas al secretario de Defensa, Lloyd Austin, quien logró arrancar del presidente Rodrigo Duterte la renovación de un acuerdo militar que permite a los soldados estadounidenses realizar ejercicios militares en suelo filipino.

A principios de agosto, fue la ministra de Exteriores de Indonesia, Retno Marsudi, la que fue recibida en Washington por el secretario de Estado, Antony Blinken. Ambos se comprometieron a trabajar juntos por la "defensa de la libertad de navegación en el Mar del Sur de China", un área que Pekín considera aguas soberanas.

BUSCAR ALIADOS CONTRA CHINA
La semana pasada, antes que Vietnam, la primera parada del tour asiático de Kamala Harris fue en Singapur. Desde allí acusó a China de "intimidar a sus vecinos" en las disputas del Mar del Sur de China. Pero sus palabras no lograron un respaldo claro de las autoridades de la ciudad-Estado.

Tampoco en su visita a Vietnam, Harris logró la reciprocidad que buscaba. El gesto de sus anfitriones fue un golpe inesperado para la vicepresidenta. Antes de que Harris aterrizara en el país, el primer ministro de Vietnam, Pham Minh Chinh, se reunió con el embajador chino, Xiong Bo. Un encuentro fuera de la agenda oficial, en el que el Xiong anunció que China les iba a donar dos millones de dosis de la vacuna de Sinopharm en un momento en el que Vietnam está pasando por la peor ola de contagios por Covid de toda la pandemia.

El primer ministro lo agradeció asegurando que su país "no se alinearía con ninguna potencia". Un claro mensaje que tumbaba las pretensiones de Harris de regresar a Washington con el apoyo de su antiguo enemigo en su nueva Guerra Fría con China.

Los partidos comunistas gobernantes de Hanoi y Pekín tienen reclamaciones enfrentadas (islas y arrecifes) en una zona de especial importancia por su posición estratégica y como paso clave del comercio marítimo mundial. Pero Vietnam, para mantener su industria, depende de las importaciones de su vecino de arriba. China es su mayor socio comercial. Por ello, desde Hanoi suelen ser muy comedidos en sus críticas hacia el gigante asiático.

"Sabemos que Pekín continúa con las coerciones, intimidaciones y reclamaciones. Necesitamos encontrar formas de presionar para que Pekín cumpla con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar", dijo Harris durante una reunión con el presidente de Vietnam, Nguyen Xuan Phuc. Según un comunicado de la Casa Blanca, la vicepresidenta ofreció apoyar una mayor seguridad marítima de Vietnam con barcos y portaaviones estadounidenses.

Desde Pekín, que no cesan estos días de usar sus medios de propaganda para recordar el fracaso de Estados Unidos en Afganistán, creen que Washington está tratando de unir a los países de la región contra China. "Estados Unidos quiere imponer un orden basado en sus normas, que es un escenario de intervención militar arbitrario en un país soberano sin asumir la responsabilidad del sufrimiento causado, como ha ocurrido en Afganistán", soltó Wang Wenbin, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Mientras China respondía a las palabras de Harris, un buque de guerra y un guardacostas estadounidense atravesaban el Estrecho de Taiwán. Prácticamente cada mes, la Armada estadounidense mueve sus barcos por la zona en disputa alrededor de otro actor fundamental -más por su peso geoestratégico que político- en la región, Taiwán, una isla que China considera una más de sus provincias, pero que cuenta con el apoyo militar de Estados Unidos.

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