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ESPECIAL: Políticos argentinos divididos sobre situación en Bolivia

ESPECIAL: Políticos argentinos divididos sobre situación en Bolivia

La situación en Bolivia, cuyo presidente Evo Morales renunció el domingo, atraviesa la política en Argentina, donde residen entre dos y tres millones de bolivianos y la clase dirigente polemiza en torno a lo ocurrido durante las últimas 48 horas en el país andino.

"Todos estamos preocupados" por lo que sucede en Bolivia, dijo este lunes el presidente argentino, Mauricio Macri, al ingresar a la reunión de Gabinete que tuvo lugar en la Casa de Gobierno, ante una consulta de periodistas acreditados.

Al finalizar esa reunión de Gabinete, el ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Jorge Faurie, dijo en rueda de prensa que "no están los elementos para describir esto como un golpe de Estado" porque "las Fuerzas Armadas no han asumido el poder".

"Los parlamentarios electos mantienen su mandato y ellos tiene que decidir" quién asumirá la conducción del país interinamente hasta que se llame a elecciones, sostuvo el jefe de la diplomacia argentina.

Faurie rechazó describir la situación en Bolivia como un golpe de Estado pero admitió que "hay una suerte de vacío institucional hasta que se reúna la Asamblea Legislativa" mañana.

"Argentina quiere que Bolivia pueda recuperar el orden y la vida institucional", subrayó el titular de Exteriores.

Por su parte, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, señaló que "hay que ser muy prudentes" respecto a la situación en Bolivia y pidió "esperar y tratar de que esto se resuelva en paz y por las vías institucionales".

"Como Gobierno de un país hermano a Bolivia tenemos que ser muy prudentes. No podemos soslayar lo que ha venido ocurriendo en una elección que ha sido condenada en términos de su transparencia por la Organización de los Estados Americanos (OEA) y tampoco podemos permitir que haya intervención de las Fuerzas Armadas", dijo el funcionario en declaraciones a radiodifusoras.

En cambio, el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, dijo que "hubo un golpe de Estado en Bolivia", en la presentación del libro "Política y elecciones en América Latina. Una guía progresista para campañas electorales", realizada en el Centro Cultural de la Cooperación.

"Sacar a un presidente con acciones que no están dentro del marco de las reglas de la democracia no puede llamarse de otra forma que golpe de Estado", sostuvo el dirigente peronista, añadiendo que "es un día aciago, se interrumpió la democracia en Bolivia".

El día previo, Fernández había dicho que en Bolivia se produjo "un golpe de Estado producto del accionar conjunto de civiles violentos, el personal policial autoacuartelado y la pasividad del Ejército".

"Repudiamos la violencia desatada que impidió a Evo Morales concluir su mandato presidencial y alteró el curso del proceso electoral. El quiebre institucional en Bolivia es inaceptable", sostuvo el presidente electo de Argentina.

La situación que vive Bolivia cobra particular interés en Argentina, no solo por compartir una frontera de 773 kilómetros, sino porque, después de la paraguaya, la boliviana es la segunda colectividad más grande de Argentina.

Según el Censo Nacional de 2010, habitaban en Argentina más de 345.000 bolivianos, un 19 por ciento del total de extranjeros que viven en Argentina.

Sin embargo, las estimaciones de los propios bolivianos que viven en el país superan por mucho a los números oficiales y según la Federación de Asociaciones Civiles Bolivianas se estima que en Argentina habitan entre dos y tres millones de bolivianos.

El argentino Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980, afirmó por su lado que "el golpe de Estado en Bolivia es un atentado contra todas las democracias del mundo".

"No se benefician los bolivianos con la violencia, se benefician Estados Unidos, la OEA y los Gobiernos de derecha, cómplices de lo ocurrido, incapaces de convivir con una Bolivia justa, educada y soberana", consideró el dirigente de Derechos Humanos.

Por su parte, el sociólogo Atilio Borón afirmó que "el golpe de Estado" en Bolivia es una "tragedia" que "enseña con elocuencia varias lecciones que nuestros pueblos y las fuerzas sociales y políticas populares deben aprender y grabar en sus conciencias para siempre. La derecha y el imperialismo jamás van a aceptar a un Gobierno que no se ponga al servicio de sus intereses".

En cambio, el analista Jorge Castro dijo que en Bolivia "no ha habido un golpe de Estado, sino una desintegración de las estructuras estatales enfrentadas a una insurrección generalizada. Morales fue derribado por un movimiento insurreccional", afirmó.

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