Erdogan vende una Turquía útil a la Alianza

Erdogan vende una Turquía útil a la Alianza

La Turquía de Recep Tayyip Erdogan tal vez intervenga fuera de sus fronteras por encima de sus posibilidades, pero precisamente esto es lo que ayer le aseguró un encuentro en toda regla con el presidente de Estados Unidos, durante la cumbre de la OTAN.

Como si del poso de café se tratara, los turcos intentaban descifrar qué transpiraba entre su presidente y Joe Biden, dos viejos conocidos. “Ha sido un encuentro sincero y fructífero”, aclaró luego Erdogan, pese a tener sobre la mesa un campo de minas, que en algunos casos se remontan a la vicepresidencia de este último.

En primer lugar, la derivada de la adquisición por Ankara de baterías antiaéreas rusas S-400, agigantadas por el enérgico rechazo de la Alianza, pese a que Grecia dispone de la versión S-300.

A consecuencia de ellas, Turquía fue expulsada hace dos años del programa de fabricación del caza estadounidense F-35, pese a haber reservado más de cien unidades y adelantado dinero.

Mientras tanto, en la lista de agravios turca descolla el apoyo de EE.UU. a la filial en Siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y su negativa a extraditar al imán Fethullah Gülen, a quien acusa de orquestar la intentona golpista del 2016.

Erdogan ha intentado, durante la última década de concentración de poder, recorrer un sendero muy estrecho para una potencia regional. Mantener el vínculo con Washington, sin esconder su repulsa a las políticas de Beniamin Netanyahu en Palestina o a la apisonadora anti-Hermanos Musulmanes formada por Arabia Saudí y Emiratos.

Erdogan comprobó dicha estrechez –y que Biden no era Trump– cuando, después de tres meses de espera, este le llamó para anunciarle que iba a reconocer el genocidio armenio.

A diferencia de Erdogan, su ministro de Interior, Süleyman Soylu, culpó de la asonada a Washington. En las últimas semanas, tanto Soylu como otros líderes del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) están en la diana de un capo de la mafia turca prófugo en Dubái, que tiene al país en vilo con vídeos de supuestas revelaciones de guerra sucia y tráficos ilícitos. Aunque anteayer no hubo entrega, “por interés nacional”.

El caso es que la intentona del 2016 y las subsiguientes purgas –450 funcionarios solo en el Ministerio de Exteriores– acercaron a Ankara a Moscú. Sin menoscabo de estar en bandos distintos desde Libia a Siria pasando por Nagorno-Karabaj. Pero la situación económica vuelve a ser delicada y empuja a Turquía a decantarse a Occidente, sobre todo cuando Rusia vuelve a utilizar a sus turistas como arma. Ahora como castigo por la venta de drones turcos a Ucrania o Polonia.

El AKP necesita jugar muy bien sus cartas si aspira a renovar su mandato en el 2023, tras más de veinte años en el poder. La economía creció el año pasado, a pesar de la pandemia, y volverá a hacerlo este año.

La cohesión social se ha mantenido a duras penas con la prohibición de despidos y con ayudas más exiguas que las europeas. Esfuerzos extraordinarios que han redundado en una depreciación de la lira. Ahora, a la inflación palpable se le une el temor a una ola de despidos para el día después.

De ahí que en Ankara no se juegue con los dos pilares de su estabilidad, el acuerdo aduanero con la Unión Europea y la pertenencia a la OTAN. Para ello, Turquía quiere ser útil. De ahí propuestas como la de permanecer en Kabul, mientras el resto de tropas de la OTAN se retiran, para mantener el control del aeropuerto, algo bien visto por Pakistán, según Erdogan. Aunque depende, dice, “del apoyo financiero y logístico de EE.UU”. Y también “de los talibanes”, ahora en contra.

Ankara quiere ser útil a Washington, también frente a Rusia, Irán o China. No en vano, Estambul es el destino preferente del exilio uigur, de tinte islamista, como antes del checheno.

Turquía sigue siendo un país estratégico y el supuesto paria Recep Tayyip Erdogan vuela ya hacia Azerbaiyán, tras reunirse cara a cara con Joe Biden –al que ha invitado a Turquía– Angela Merkel, Boris Johnson y Emmanuel Macron, al que dijo que pueden trabajar juntos en Siria y Libia. También con Kyriakos Mitsotakis y Pedro Sánchez, al que agradeció “la postura constructiva y equilibrada de España”, a la espera de una pronta cumbre bilateral, este mismo año.

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