Emmanuel Macron, un líder audaz que se reinventa obligado por el Covid-19

Emmanuel Macron, un líder audaz que se reinventa obligado por el Covid-19

El presidente francés, que llegó al Elíseo siendo un reformista liberal, ha virado en medio de la pandemia hacia la preponderancia del Estado

Puede un presidente joven y arrogante, europeísta y elegido en tiempos de bonanza con un programa de reformas, sobrevivir a la mayor recesión económica provocada por la pandemiaque ha causado más muertes desde hace un siglo? Puede. Macron va mejor en las encuestas que cualquier líder de la oposición clásica francesa, centrifugada por los populismos extremistas. Ha virado al proteccionismo industrial, la defensa de las fronteras nacionales y la firmeza frente al islamismo y al terrorismo. Ha aderezado un discurso ecologista. Y pulverizado los récords de audiencia en TV. Será juzgado por la gestión de la crisis del Covid. Ha afrontado la pandemia con restricciones más duras y extensas que las de los países vecinos, casi siempre de alcance nacional, con un ojo puesto en la economía a la que ha regado con ayudas a las empresas y bajadas de impuestos.

"La verdad es que Emmanuel Macron ha quedado reducido a improvisar en un registro que no es el suyo. A la hora de elegir presidente, habría que preguntarse sobre lo que sabe hacer peor, será de lo que deberá ocuparse. Macron puede seducir a la gente por su inteligencia, su energía y su valor; pero es un hecho que no da seguridad. Hubiera sido un presidente ideal durante los años felices de la globalización (...), un principito de la tecnocracia combinando la apertura de la sociedad (...) y modernizando nuestro aparato económico y evitando las trampas de la desindustrialización". Este juicio severo es de Jacques Julliard, historiador y sindicalista que fue editorialista del semanario de izquierdas Nouvel Observateur durante 32 años. Ahora ejerce en el campo opuesto, Marianne, y en el diario Le Figaro, de donde proceden estas citas.

"Macron habla demasiado. Es un hombre en movimiento, en marcha hacia su verdad que no parece haber alcanzado. Su mandato podría considerarse lo que los alemanes llaman bildungsroman, un relato de educación. El Macron de 2020 no habla como el de 2017 y muy probablemente tampoco como el de 2022".

Cierto. El Macron candidato que arrasó camino del Elíseo hace casi tres años era un reformista liberal y europeísta. El Macron cosecha 2020 es un gestor de la crisis sanitaria provocada por el Covid y de la crisis económica que ha provocado. Frente a la segunda ola, tras unos titubeos en septiembre, optó por el cerrojazo en noviembre. Bares, restaurantes, museos, centros culturales, gimnasios, etc., llevan cerrados desde noviembre. Y sin esperanza de abrir a la vista. Las estaciones de esquí han dado ya por perdida la temporada. Todo lo que escapa del viejo lema metro, curro y piltra está clausurado. El toque de queda comienza a las seis de la tarde.

Ese nivel de restricciones tiene sus consecuencias. En Francia, el viernes hubo 23.292 contagios; en España, 42.885 y 400 muertos. El Covid está segando 389 vidas francesas cada día, según el último promedio semanal. Desde el comienzo de la pandemia, Francia ha lamentado 72.847 muertos. Esto es 103 muertes por 100.000 habitantes. Un porcentaje mejor que el de España (113), EEUU (118), Reino Unido (129), Italia (134) y Bélgica (177).

Al contrario que en España, la lucha contra la pandemia no ha sido objeto de grandes polémicas partidistas. Al contrario que en España, las únicas restricciones que han creado gran controversia popular han sido las que se aplicaban a escala regional o local. Obviamente, la restauración, el turismo y la cultura han protestado. Pero la política de ayudas "cueste lo que cueste" de Macron ha regado de ayudas a las empresas y a los autónomos.

El Macron de 2017 era un modernizador de la economía y un reformador del Estado. El de 2020 es la reencarnación de Colbert, ministro de finanzas de Luis XIV, que representa la preponderancia del Estado en la vida económica. Aunque aún no hay cifras oficiales, se estima que el déficit del Estado se ha duplicado en 2020, alcanzando los 178.200 millones de euros. La deuda ha aumentado casi 20 puntos hasta suponer el 118% del PIB. Esto es, 2,6 billones de euros, cima histórica. Es el precio del "cueste lo que cueste".

El Macron de 2017 quería dar un impulso a la construcción europea. Pero la UE, atrapada en la gestión del Brexit, no estaba por la labor. Frente a la pandemia ha sabido ordenar la compra y distribución de vacunas y ha respondido a la crisis económica con un plan de ayuda millonario gracias al primer empréstito común de la UE, un éxito político de Macron, secundado por la canciller alemana, Angela Merkel.

Macron no se ha librado de errores comunes a otros líderes: impreparación sanitaria, falta de mascarillas... Pero hay una cosa que ha hecho incontestablemente mejor que cualquier otro estadista: comunicar sus decisiones. En esto tampoco es el del 2017 que sostenía que la palabra del presidente de la República tenía que ser algo excepcional. Ha hablado mucho, con discursos muy elaborados, solemne, dramático, esperanzador.

El joven estudiante que enamoró a la profesora encargada del grupo teatral del colegio, hoy su esposa Brigitte, ha resultado un alumno ejemplar. Literalmente ha arrasado en la audiencia. De los 100 programas más vistos en 2020 en la TV francesa, 18 son alocuciones de Macron. Entre las 20 mejores audiencias, 13 son intervenciones presidenciales. Por supuesto, el número uno, es suyo: 14,6 millones de franceses vieron su discurso del 13 de abril. A título de comparación: La final de la Liga de Campeones entre el PSG y el Bayern Múnich fue seguida por 11,4 millones de franceses.

Esa llegada a la audiencia combinada con la tendencia de los franceses a unirse tras sus líderes en tiempos de crisis se ha traducido en popularidad. Un 49% de los franceses tiene buena opinión de su presidente, según el barómetro de IFOP para París Match de enero. Aunque haya críticas a la gestión sanitaria, "muchos franceses cuando ven la situación en los países vecinos se dan cuentan de que no hay plan B ni receta milagro. Macron hace lo que puede, se dicen. Y, a la postre, nadie de la oposición lo habría mejor", destacaba hace poco Jérôme Fourquet, director de opinión del IFOP.

El Macron cosecha 2020 puede que no sea ya el de 2017. Pero es el tuerto entre tanto líder, nacional y extranjero. Ningún presidente francés había conseguido recuperar popularidad; Macron lo ha hecho dos veces. Tras caer hasta el 24% en diciembre de 2018, casi noqueado por los chalecos amarillos, y tras otra bajada un año después en plena huelga del transporte en protesta por la reforma de las pensiones (reforma clave de su mandato, congelada sine die).

"La V República nos ha aportado estabilidad gubernamental. Estaríamos locos si renunciáramos a ella. Pero el precio a pagar no cesa de aumentar. El Parlamento tiende a reducirse a una función de aprobación. Toda crítica irrita. La oposición ha estallado en mil pedazos. El presidente se ha encerrado en un cara a cara con los extremos, como si entre ellos no hubiera nada (...), lo que está en causa es la vitalidad de la democracia. Fundado sobre la bipolaridad, madre de la alternancia, el sistema político de la V República está en ruinas", alertaba en Le Monde Philippe Bas, antiguo ministro de Jacques Chirac.

Tan cierto como que Macron quiere aprovecharse de esa polarización para ganar en 2022, aunque aún no ha anunciado que será candidato. Todos los sondeos coinciden en que disputará la segunda vuelta a Marine Le Pen, como en 2017, y que volvería a derrotarla. Las intenciones de voto de ambos en la primera vuelta se sitúan en torno al 25% con ligera ventaja para el presidente sobre la líder de la extrema derecha.

PARTIDOS TRADICIONALES
De confirmarse esta tendencia, certificaría la defunción de los partidos tradicionales que se alternaron en el poder durante siete décadas hasta la irrupción de Macron. En dos brochazos: la derecha clásica (homologada en el PP europeo) tiene votos pero no candidatos. La izquierda, tiene candidatos pero no tiene votos, anémico su principal componente, el Partido Socialista.

Más de un tercio de franceses se define de derechas. Pero sólo un tercio de los mismos está dispuesto a votar al candidato de la derecha. Un tercio de su electorado emigró a predios de Le Pen, el otro prefiere a Macron. El mejor candidato de la derecha, Xavier Bertrand, uno de sus barones, presidente de la región Altos de Francia, no pasa del 16% en ninguna encuesta.

El votante de derecha aún suspira por Nicolas Sarkozy, su último campeón (en 2007). Pero el ex presidente está pendiente de resolver en los tribunales sus causas pendientes. Sólo si sale bien librado de ellas y sólo si Macron se desplomara o decidiera no presentarse, podría aparecer como último recurso.

En este baile de candidatos, el último en invitarse ha sido Michel Barnier, el negociador del Brexit, gaullista social, una especie en vías de extinción, proeuropeo, con experiencia como ministro y como comisario, sin carisma y poco apreciado en su familia política acaba de declarar: "Pienso que puedo ser aún útil y no me falta energía". De momento, escribe un libro.

La izquierda no carece de candidatos. Sino de votos. Básicamente está dividida entre la extrema izquierda de Jean Luc Mélenchon (que en el Parlamento Europeo comparte bancada con Podemos) y el PS, al que le ha salido un competidor por el voto moderado, el ecologismo. Mélenchon, que ya está en campaña, ronda el 12% de los votos. Detrás de él, cualquier candidato socialista. La mejor hipótesis para el PS sería la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Aún no ha dado el paso pero cada semana deja una piedrecita mediática en el camino que conduce a la candidatura. El ex presidente François Hollande y su ex mujer y ex candidata, Ségolène Royal son otros tenores.

Mucho dependerá de cómo gestione Macron la segunda ola del Covid y de que la vacunación funcione. "Su éxito dependerá de su capacidad a movilizar la parte más optimista de la población en torno a un proyecto de reconstrucción", vaticinaba en su editorial de arranque del año Le Monde.

Alain Duhamel, el analista más fino de los medios franceses, con la veteranía de haber cubierto todas las campañas presidenciales, acaba de publicar un libro sobre el actual panorama político. Dudó entre titularlo "Emmanuel el Temerario" o "Emmanuel el Audaz". Se decidió por este último. Como si fuera el sobrenombre de un rey. "Tiene el atractivo singular de un demócrata postmoderno, un bonapartista civilizado y un reformador templado (...). Un líder del siglo XXI inexperto, juvenil, arrogante, solitario y provocador pero también enérgico, innovador e infatigable". Macron el Audaz, el líder que se reinventó a sí mismo.

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