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El triunfo del peronismo blinda a Cristina Kirchner ante la Justicia

El triunfo del peronismo blinda a Cristina Kirchner ante la Justicia

28/10 - 22:18 - Argentina inició este lunes la transición entre Mauricio Macri y Alberto Fernández con sensaciones contrapuestas: la esperanza que despertó la civilizada reunión, foto incluida, entre el presidente en ejercicio y el electo, y la creciente posibilidad de que la renovada fuerza política de Cristina Kirchner haga claudicar a la justicia, que la investiga en 13 causas por corrupción.

En poco más de doce horas se sucedieron imágenes de enorme importancia: el moderado discurso de Macri aceptando la derrota en las elecciones presidenciales del domingo (48 a 40%), su invitación a Fernández a desayunar en la Casa Rosada, la aceptación de Fernández y una reunión de una hora hoy en la que se los vio sonrientes. Según fuentes de ambas formaciones políticas, el encuentro se desarrolló sin recriminaciones y con el ánimo de colaborar para llegar de la mejor manera al traspaso de mando del 10 de diciembre.

Hasta José Luis Rodríguez Zapatero fue feliz: en un viaje relámpago a la Argentina para asistir a las elecciones celebró el triunfo del peronismo, señaló a Fernández como "líder de la unidad latinoamericana" y criticó a Felipe González por el modo en que encara su relación con la región.

Argentina, un país con alto déficit cuando de diálogo político se trata, no tiene institucionalizada la relación entre presidente saliente y entrante. Si en Alemania los candidatos se reúnen a debatir en la misma noche de las elecciones y en Chile a desayunar a la mañana siguiente, el antecedente más cercano es el de Cristina Kirchner en 2015, cuando Macri ganó las elecciones: la entonces presidenta tardó días en recibirlo, se negó a entregarle el simbólico bastón de mando y no participó en la ceremonia de traspaso de poderes.

"Yo, frente a la Asamblea Legislativa, entregándole los atributos presidenciales a... ¡Mauricio Macri! Lo pensaba y se me estrujaba el corazón", explicó la propia Cristina en su libro autobiográfico Sinceramente, que sirvió como base de su campaña electoral.

En ese mismo libro se declara víctima de una persecución política del macrismo que cristalizó en 13 procesamientos, siete pedidos de prisión preventiva y cinco causas ya elevadas a juicio oral. La ex diputada Margarita Stolbizer, que junto a Silvina Martínez publicó un libro de título inequívoco (Ella miente), ofrece otra versión: "La cifra del dinero robado durante los años de mandato de la familia Kirchner es cercana a los 2.000 millones de dólares".

Pese a las múltiples causas en las que está involucrada -lavado de activos, administración fraudulenta en perjuicio del Estado, asociación ilícita, encubrimiento y traición a la patria-, Cristina no entró ni entrará a la cárcel. Como senadora tenía fueros, y como vicepresidenta y presidenta del Senado ese blindaje crece: la única manera de quitarle esos fueros es llevando adelante un juicio político exitoso, que implica una mayoría especial de ambas cámaras del Congreso.

Según Hugo Alconada Mon, prestigioso periodista de investigación, Cristina alcanzó en la noche del domingo "su primer objetivo: derrotar a Mauricio Macri y sacarlo de la Casa Rosada". ¿Y el siguiente? "Su reivindicación judicial. Quiere quitarse de encima todas las acusaciones penales. Quiere mostrarle al mundo que nada supo o nada tuvo que ver con todo lo ilícito que pasó a su alrededor".

Ese objetivo suma otro esencial: liberar del peso de la justicia a su hija Florencia, en Cuba desde principios de año y afectada por problemas de salud que no están del todo claros. Florencia, de 29 años, fue a La Habana para un curso de cine y nunca volvió. Procesada en dos causas por corrupción, en las que también están involucrados su madre y su hermano, Máximo, debe informar a la Justicia por qué no regresa al país. Los medios argentinos hablan de "depresión", y la propia Cristina es misteriosa cuando se refiere al asunto: "Es una cosa muy dura todavía para mí. Porque además no esta él (el fallecido Néstor Kirchner), que era su padre, y yo me siento responsable".

Así, la inminente vicepresidenta del país pasó este año dos de 10 meses en Cuba, y acaba de pedir autorización judicial para volver a viajar. Para muchos argentinos, el regreso de Cristina al poder es una gran noticia, pero para muchos otros es una tragedia y simboliza el fracaso de Macri, que llegó al poder pidiendo que se lo midiera por el descenso de los índices de pobreza y se va con más pobres que hace cuatro años (aunque las cifras de Cristina nunca se sabrán, ya que su gobierno manipulaba las estadísticas), inflación disparada y un "cepo" a la compra de divisas extranjeras propio del kirchnerismo.

Macri tiene, sin embargo, dos datos a favor: fue el único de los candidatos que subió en apoyo tras las primarias, y con el 40% de los votos puede decirse que hizo una excelente elección, mucho mejor de lo que las desprestigiadas encuestadoras pronosticaban, hablando de 20 o más puntos de diferencia. El otro dato es histórico: hace 91 años que un presidente democrático y no peronista no completa su periodo de gobierno. Macri lo hará.

¿Podrá gobernar Fernández? Gran pregunta: la noche del domingo, el presidente electo se vio opacado por un interminable discurso de Axel Kicillof, discípulo de Cristina y próximo gobernador de la provincia de Buenos Aires, y por la propia Cristina. Cuando le llegó el turno de hablar ya no fue lo mismo, no había ocupado el lugar que merecía en el gran momento de su carrera política. Esa tensión entre presidente y vice es la gran duda que se abre en la Argentina en el regreso del peronismo.

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