“El TIAR nos toca reinventarlo”: Gustavo Tarre

“El TIAR nos toca reinventarlo”: Gustavo Tarre

Gustavo Tarre, representante de Juan Guaidó en la Organización de Estados Americanos habló con El Espectador sobre los alcances de la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y las divisiones que hay dentro de la fracción opositora venezolana

 

Bogotá fue sede, el martes, de la reunión de cancilleres y representantes diplomáticos de los países miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), mecanismo con el que buscan aumentar la presión contra el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Uno de los asistentes más renombrados fue Gustavo Tarre Briceño, representante de Juan Guaidó en la Organización de Estados Americanos y uno de los hombres más importantes dentro de la estrategia de la oposición venezolana para deponer al chavismo. En Bogotá, Tarre hizo parte de la delegación que acordó aplicar mayores sanciones a funcionarios y personas cercanas al gobierno chavista.

En entrevista con El Espectador, explica los alcances de lo acordado esta semana y se refiere a las acusaciones de corrupción que rodean a algunos miembros de la oposición y a las explosivas declaraciones de Humberto Calderón Berti, destituido embajador de Guaidó en Colombia, en contra de su antiguo empleador. Advierte que este “fuego amigo” solo beneficia a Nicolás Maduro.

¿Cómo califica la actualidad de Juan Guaidó y la estrategia de la oposición que se ha llevado hasta ahora?

La situación venezolana no tiene ningún precedente en la historia de la humanidad. Tenemos dos jefes de Estado y cada uno dice que es el presidente, pero solo uno tiene legitimidad y es Juan Guaidó, quien tiene el apoyo popular. A Maduro lo sostiene la fuerza. Eso nos sirve para entender la dificultad a la que nos enfrentamos. Estamos en tensión permanente y por eso esta última reunión del TIAR forma parte de ese proceso.

En un momento se habló del TIAR como un mecanismo que podría forzar una intervención militar, pero esa posibilidad se diluyó en los últimos meses. ¿Para qué sirve ahora este tratado?

El TIAR se aprobó en 1947, cuando la realidad mundial era algo distinto. Se iniciaba la Guerra Fría y fue una especie de tratado de defensa hemisférica en contra de una posible agresión del bloque comunista. Pero es tiempo pasado y las circunstancias políticas y los actores no son los mismos.

Considero que los objetivos del TIAR siguen vigentes, pero la naturaleza del conflicto es distinta. Hoy hay narcotráfico y redes de terrorismo internacional. También hay ciberterrorismo y manipulación de la opinión pública por parte de Venezuela, Cuba y Rusia. Entonces hay que mantener el ideal de la defensa del hemisferio, pero adaptarnos a realidades políticas que son muy distintas.

Es decir, la intervención militar está descartada...

Para que haya una intervención militar tiene que haber alguien dispuesto a intervenir. A veces pareciera que en Venezuela discutimos si vamos a una fiesta y resulta que nadie nos ha invitado y a lo mejor ni siquiera hay fiesta. Y ahora no hay ningún país dispuesto a hacerlo. El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, lo dijo hace unos días: es muy poco probable que se reúnan condiciones que los obliguen a intervenir militarmente. Puede ser que en el futuro sí, pero en este momento no. No hay por parte de Estados Unidos, ni de Brasil, ni de Colombia, ni de los demás miembros del TIAR, intención de promover una solución militar al problema. Por eso no apruebo que sigamos estrellándonos en pedir algo que no están dispuestos a dar y desaprovechar el TIAR para golpear a Maduro de otras formas, como las sanciones de esta semana.

¿Qué implicaciones tienen estas sanciones?

Se sancionó en principio a 29 personas que no podrán entrar, ni viajar de tránsito en los territorios de los países miembros del TIAR. Nicolás Maduro y su esposa, Diosdado Cabello y su entorno familiar, así como importantes miembros del chavismo, militares y empresarios, como Álex Saab y Raúl Gorrín, hacen parte de esta lista. Los envíos de dinero también estarán supeditados a fuertes escrutinios por parte de los sistemas financieros de cada país. Pero esta lista es algo primario, pues lo que se acordó es que se irá alimentando con el trabajo de cada uno de los países. Quiero dejar claro que quien haga parte de esta lista no lo hace porque nos caiga mal. Es producto de investigaciones conjuntas y en ella solo hay delincuentes.

¿Cómo está el apoyo a Guaidó dentro de la OEA? Porque ha habido varios desencuentros con países como Uruguay y México...

Es una cosa que fluctúa. Mire que uno de los países que más nos han apoyado fue Argentina y la semana que viene cambia de gobierno y no sabemos cuál va a ser su posición. Pero hay otros cambios, como el de Uruguay, por ejemplo. El triunfo del presidente Lacalle significa que un país que estaba muy en contra de nosotros ahora va estar a favor. También se dio la victoria de Nayib Bukele en El Salvador, y lo ocurrido en Bolivia, con un Evo Morales fuera de juego y una presidenta encargada que nos apoya. Yo diría que vamos bien y trabajaremos el próximo año para buscar la reelección del secretario general Luis Almagro.

El discurso de Estados Unidos se ha moderado en los últimos meses respecto a Venezuela. ¿Han sentido ese cambio?

Yo diría que no hay cambios sustanciales, sino cambios de estilo. John Bolton era un estilo muy peculiar, no muy frecuente en los Estados Unidos. Los otros son más asentados. Pero la línea siempre ha sido una sola. El apoyo absoluto al restablecimiento de la democracia. Además, hemos tenido un apoyo muy sólido, no solo del gobierno de Estados Unidos, sino también de los dos partidos. Y en consecuencia estamos muy agradecidos con el presidente Trump, y con el Partido Demócrata, que ha respaldado todas las políticas que Trump ha desarrollado respecto a Venezuela.

¿Los casos de corrupción que se han destapado ponen en riesgo ese apoyo?

Claro que es un riesgo. Pero fíjese qué es lo que ocurre. El 4 de enero hay que elegir una nueva directiva de la Asamblea Nacional. Tenemos la información verificada de que el gobierno está ofreciendo comprar a algunos diputados. Y estos diputados que fueron señalados de estar involucrados en hechos de corrupción están precisamente en ese lote que se dice estaban negociando con el gobierno y cambiar su voto. Cuando se les descubre el negociado, su respuesta es que persigan a otro y han tratado de embarrar al presidente Guaidó. Pero la credibilidad de ellos es muy baja. Es pasarse del partido de los perseguidos a los perseguidores, y van a pagar un costo político muy caro y posiblemente un costo penal una vez se demuestre que cometieron actos de corrupción.

Entonces, ¿el objetivo de este entramado era evitar que Guaidó resultara reelegido?

Así es. De hecho, quien articula todo este proceso de denuncia es Rafael Ramírez, exministro de Energía y Minas y expresidente de PDVSA. Un delincuente que acabó con la industria petrolera y hoy quiere ser redentor. La única solución para Ramírez en Venezuela es ir a un tribunal.

Otro hecho que ha golpeado fuertemente es la salida del embajador de Colombia, Humberto Calderón Berti. El exfuncionario se ha despachado contra importantes figuras de la oposición, entre ellos Guaidó y Leopoldo López. ¿Qué opina de sus declaraciones?

Soy amigo de Humberto Calderón desde hace más de 40 años y eso me obliga a decirlo de manera muy clara: todos estos hechos tienen un problema muy grave y es que el único beneficiario es Nicolás Maduro. En la medida en que entre los opositores empecemos a lanzarnos fuego amigo caemos en un error gravísimo. Y yo sí creo que si el embajador Calderón tenía tantos desacuerdos con la administración de Guaidó lo lógico habría sido que renunciara. Los embajadores somos representantes del presidente en el exterior. Y en el mismo instante en el que yo sienta que le he perdido la confianza al presidente Guaidó me voy. No espero que me destituyan.

Esta historia la hemos visto muchas veces ya dentro de la oposición en Venezuela. ¿Por qué cuando más apoyo internacional tienen es tan difícil mantenerla cohesionada?

Es que no hay derecho. Mucho esfuerzo nos ha costado a nosotros levantar este gobierno para que ahora vaya a recibir plomo de parte de quienes lo sostienen. Es algo que escapa a nuestra comprensión. El pleito fundamental es contra Maduro. Cuando caiga ya nos entenderemos y miraremos cada quién qué hace.

Calderón Berti sugirió que Guaidó recibía órdenes directamente de Leopoldo López y se dice que es él quien realmente gobierna. ¿Qué opina de estas versiones?

Si usted ve las encuestas, Juan Guaidó tiene 10 veces más apoyo popular que el dirigente que lo sigue. Entonces nadie puede dudar de que hay un liderazgo de Guaidó. Es cierto que el presidente milita en un partido y como militante nunca faltará nadie que diga que la decisión la está tomando el líder del partido y no otro. Pero uno ve estos cuestionamientos y llama la atención que no se pone nunca en duda su legitimidad. El pueblo venezolano ve a Guaidó como una esperanza. Y le digo algo más fuerte: no ve a otro. No hay un sustituto, entonces no se entiende cómo golpear a nuestro líder nos va beneficiar.

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