El T-MEC, el salvavidas al que se agarra la economía mexicana

El T-MEC, el salvavidas al que se agarra la economía mexicana

El nuevo acuerdo comercial, que entra en vigor este miércoles, es una de las esperanzas del Gobierno de López Obrador para paliar el golpe agudizado con la pandemia

México, Estados Unidos y Canadá comienzan este miércoles una nueva etapa en su relación comercial con la entrada en vigor del nuevo Tratado de Libre Comercio (T-MEC). Tres años después de que el presidente estadounidense Donald Trump pidiese la renegociación del antiguo acuerdo comercial (TLCAN), los 34 capítulos del tratado han sido renovados y han comenzado a regir el intercambio de productos entre las fronteras de los tres países. Las reglas cambian y las expectativas son más altas. El acuerdo supone la consolidación de la visión proteccionista de Estados Unidos para hacer de América del Norte un bastión del comercio internacional. Al mismo tiempo, el T-MEC representa un desafío para los tres socios que deben homogenizar sus estándares, una condición en la que México tiene el mayor camino por recorrer.

Las exportaciones mexicanas hacia América del Norte suponen casi un 35% del PIB, por lo que la renovación del tratado –que comenzó en enero de 1994– se ha convertido en la garantía del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, de que el país latinoamericano por fin tendrá el impulso económico que necesita. México se encuentra en recesión desde hace un año y el parón de las actividades económicas por el avance del coronavirus en el mundo duplica las dificultades del país para salir adelante. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que al finalizar el 2020, la economía mexicana se contraiga un 10,5% y sus representantes estiman que la entrada en vigor del T-MEC tardará un par de años en mostrar sus efectos en el crecimiento. “Esto se va a ir dando a través del tiempo y nuestro equipo no cree que tenga la fuerza en los próximos dos años para contrarrestar los factores de la pérdida de confianza y de incertidumbre que están gravitando sobre la contracción de la inversión en México”, explicaba recientemente Alejandro Werner, el director para las Américas del FMI.

Las negociaciones del T-MEC consiguieron, además de actualizaciones, una serie de nuevos acuerdos para modernizar las aduanas, la añadidura de reglas para el comercio digital, así como la inclusión de apartados relacionados con el medio ambiente, las políticas anticorrupción y la integración de las pequeñas y medianas empresas. Para José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), entre las ventajas que México ha conseguido en el tratado están mecanismos más equilibrados de resolución de disputas, la transición al contenido regional en el sector automotriz y la eliminación de la estacionalidad en los productos agrícolas. “El tratado pide cambios en el manejo de las aduanas y que se comparta información en tiempo real para combatir el comercio desleal. Son cambios importantes en el sistema aduanal y está bien que se tenga el objetivo, pero a México se le puede dificultar cumplir con estas capacidades”, añade.

Para lograr el cierre del T-MEC, México tuvo que sentarse una segunda vez en la mesa de negociación donde los demócratas –la contracara de Trump– demandaban la homogenización de los estándares laborales: salarios y derechos sindicales. Esa petición llegó hasta el Congreso mexicano donde los legisladores emprendieron la reforma laboral más ambiciosa de los últimos 30 años, que impulsa la democracia sindical y el respeto a los derechos de los trabajadores. Además, López Obrador prometió a los estadounidenses que durante su Gobierno el salario mínimo en México subiría 2% por encima de la inflación cada año. “Trump empezó su campaña en 2016 diciendo que el TLCAN era el peor tratado de la historia, pero al final se trata de un acuerdo importante para Estados Unidos. Al T-MEC no solo lo va a usar Trump [en su campaña de reelección], sino también los demócratas para hablar de política exterior y plantear a sus bases lo que lograron”, explica Pía Taracena, académica del departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana.

Una de las llaves que abre el renovado tratado es la de la inversión extranjera. El libre comercio ha permitido, por ejemplo, el desarrollo de la industria automotriz en México en los últimos 25 años. “México va a tener que generar programas de inversión y dar confianza a los inversionistas”, apunta De la Cruz. Un factor que los empresarios han puesto en entredicho al dejar al país latinoamericano fuera de los ránkings internacionales sobre inversión extranjera. La cancelación del aeropuerto de Texcoco en 2018, el frenazo en la apertura del sector energético y los frecuentes comentarios de López Obrador en contra de las empresas extranjeras han debilitado el entusiasmo por México en el exterior. El embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, explicaba la semana pasada en un foro con empresarios el contexto por el que el interés ha decaído: “Tampoco les puedo mentir y tampoco les puedo decir que es un momento oportuno para invertir en México, sí se ven cosas muy desalentadoras para la inversión extranjera (...) cualquier país tiene derecho de establecer o cambiar sus políticas económicas y sociales domésticas, pero también a la vez hay que reconocer que esos cambios pueden tener efectos muy negativos en cuanto a la inversión doméstica y extranjera”, dijo el diplomático.

López Obrador tiene previsto viajar la próxima semana Washington para sellar el tratado con Trump y quizá también con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau. Un viaje polémico por ocurrir a las puertas del arranque de la campaña presidencial en Estados Unidos y por tratarse del primer viaje al extranjero del presidente mexicano. “En los últimos años, México ha profundizado sus asimetrías en la relación bilateral. Lo delicado de la visita del presidente es que le deja demostrar a Trump que hizo un tratado que beneficia, principalmente, a Estados Unidos y que es ventajoso”, apunta Taracena. La compleja e histórica relación entre México y Estados Unidos queda nuevamente sobre la mesa y atada al tratado de libre comercio más nuevo del mundo.

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