El T-MEC, como primer paso a la integración

El T-MEC, como primer paso a la integración

Hay una plena conanza en que este acuerdo comercial traiga mejores rendimientos, resultados y crecimiento económico para nuestro país.

El pasado primero de julio entró en vigor el nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (por sus siglas T-MEC); sustituyendo al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Este es un logro institucional del gobierno mexicano en el que la sinergia entre la administración pasada y la actual rindió los objetivos de comercio de nuestra nación. Hay una plena conanza en que este acuerdo comercial traiga mejores rendimientos, resultados y crecimiento económico para nuestro país.

Veremos su desarrollo en los años por venir. Y si, al cabo del tiempo, resulta exitoso para las tres naciones firmantes ¿por qué no pensar en escalar un paso más hacia que no solo haya libre circulación de mercancías sino de personas? Es decir, avanzar como lo hicieron los países europeos, pasando de una comunidad: Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) y el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea (CEE) a una unión con la rma del Tratado de Maastrich en febrero de 1992 (entrando en vigor en noviembre de 1993).

Podríamos aprovechar, al igual que los europeos, el conjunto de otros instrumentos jurídicos y comerciales que tenemos signados con Estados Unidos y Canadá para avanzar en ese camino de la integración; primero, con estos dos países y después, en una segunda etapa, con el resto de América. Entiendo sobre las asimetrías productivas salariales y económicas entre nuestras naciones, pero también las tenía España, Portugal y Grecia con respecto al resto del continente.

Podemos empezar —me reero en un paso más avanzado de la libre circulación de las mercancías— por la libre circulación de los servicios de profesionistas, técnicos, orfebres, artesanos, ocios y trabajadores agrícolas. Al cabo, el mercado sería el gran regulador.

Apenas enuncio solo tres de los efectos benécos para México:
1) se abatiría tremendamente el cruce ilegal de personas,
2) se daría un golpe fortísimo a las bandas criminales que tracan con el paso ilegal, y
3) valdría también para Canadá.

El camino, de emprenderse, sería difícil, arduo y lleno de obstáculos. Pero si consideramos que la integración de la Unión Europea —desde el Tratado del carbón y del acero en 1951 hasta el de Maastrich en 1992— ha llevado más de 40 años, bien pudiéramos ir avanzando en la plena integración de una poderosa unión americana dando pequeños pasos “baby steps”; o como apunta la sabiduría de Lao Tzu: “El camino de mil millas comienza con un solo paso.”

Magistrado del TSJCDMX y Exembajador de México en los Países Bajos

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