El regreso de las expropiaciones abre el temor a un nuevo 'caso YPF' en Argentina

El regreso de las expropiaciones abre el temor a un nuevo 'caso YPF' en Argentina

09/06 - 15:27 - En una Argentina hipersensible y agobiada ante la crisis económica agravada por el coronavirus, los opositores al gobierno de Alberto Fernández enarbolaron una consigna: "Venezuelización"

La inagotable capacidad del kirchnerismo para cambiar la agenda y sorprender a sus rivales políticos vuelve a estar en primer plano en Argentina: con el anuncio de la intervención de una poderosa firma agroexportadora y su casi segura expropiación, el presidente Alberto Fernández abrió una caja de Pandora político-económica y habilitó la pregunta. ¿Es Vicentín la nueva YPF?

Vicentín, con 7.000 empleados, es la principal empresa argentina de molienda de oleaginosas, y eso es mucho decir en uno de los mayores productores de soja a nivel mundial. Es, también, la mayor productora de biodiésel del país, algo que explica en parte que la petrolera YPF se haga con el control de la empresa. El kirchnerismo (y el peronismo en general) tiene un amplio historial de expropiaciones, también de privatizaciones y re-estatizaciones. Es el caso de YPF y Aerolíneas Argentinas, privatizadas por el peronista Carlos Menem en los 90 y estatizadas por la peronista Cristina Kirchner algo más de una década después.

En una Argentina hipersensible y agobiada ante una crisis económica que podría alcanzar niveles desconocidos en medio de la pandemia del covid-19, los opositores al gobierno de Fernández enarbolaron una consigna: "Venezuelización". Fernández, al que se vio agotado, irritado y dubitativo el lunes al hacer el anuncio, dedicó parte de la mañana de este martes a explicar en una entrevista radiofónica que las decisiones las toma él y no Cristina, su vicepresidenta: "Lo digo públicamente para terminar de aventar esta historia negra de que Cristina me reta y me pega dos gritos para hacer lo que no quiero hacer. Eso no existe y no permitiría que eso exista".

La frase es peligrosa en un país históricamente adicto a la autoridad presidencial, en especial si el gobernante es del peronismo. Pero más allá de las intrigas políticas de la Casa Rosada, la pregunta ahora en Argentina es por qué el gobierno se atreve con una expropiación de una empresa que es grande, pero no monopolística ni esencial, en momentos en que sostiene una delicada negociación por la deuda externa con los acreedores privados, a los que les dice que no tiene dinero para pagarles lo acordado.

Y el recuerdo del "caso YPF" es inevitable: expropiada en 2012 a Repsol, el entonces ministro de Economía, Axel Kicillof, que hoy gobierna la siempre turbulenta provincia de Buenos Aires, aseguró que quedarse con la petrolera no le costaría nada a Argentina. "Es más, nos van a tener que pagar a nosotros por pasivos ambientales", aventuró. Nada de eso: Argentina pagó 5.600 millones de dólares a Repsol, pero lo hizo en bonos que implican hoy 9.000 millones de dólares para el Estado. Siempre y cuando no los reprograme. Y hay un juicio pendiente en Nueva York que podría costarle entre 3.000 y 12.000 millones de dólares a la Argentina.

Aquella fue una operación ruinosa, recordó el analista Carlos Pagni, que advirtió de que Fernández está arrogándose funciones que le corresponden a la justicia al designar un interventor en Vicentín. Podría ser un "gran negocio" para Sergio Nardelli, dueño de Vicentín, "que seguramente ya estará consultando abogados para iniciar un juicio contra el Estado". La idea del gobierno es otra: quedarse con Vicentín a costo cero, haciendo valer las deudas que la empresa tiene con bancos estatales y Hacienda.

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