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El régimen trata de tender puentes con los iraníes en vísperas electorales

El régimen trata de tender puentes con los iraníes en vísperas electorales

Sigue sin haber un número oficial de muertos dos semanas después de las protestas

Después de dos semanas desde que Irán declarara la victoria contra las protestas que surgieron como consecuencia del anuncio del alza del precio de la gasolina, el régimen iraní se enfrenta a su última gran encrucijada: ¿cómo tender puentes hacia la población después de la violencia con que las fuerzas de seguridad respondieron a las protestas? Esta preocupación cobra especial interés frente a la proximidad de las elecciones parlamentarios de febrero, que –como todos los comicios en Irán– también son interpretadas internamente como un referéndum para medir el apoyo popular a la república islámica.

Hasta ahora el Gobierno no ha dado cifras de fallecidos –ni de heridos ni de detenidos–, pero esto no significa que la población no se haya hecho una idea sobre lo que pasó. El regreso de internet –que estuvo cortado en todo el país– ha traído consigo la divulgación de decenas de videos donde se ven integrantes de las diferentes fuerzas de seguridad, incluidos hombre vestidos de civil, disparando munición real a los manifestantes. Se suman las versiones que corren boca a boca en las que se habla de familias que han tenido que pagar para recuperar los cuerpos de los suyos, o de conocidos que quedaron heridos.

Rohani ve mermada su popularidad por bromear al decir que no sabía cuándo subiría el precio de la gasolina

Las reacciones del régimen frente al descontento –e incluso aturdimiento– de la población han ido llegando, pero esto no silencia los cuestionamientos que se le hacen desde diversos frentes. Uno de los más duros llegó a través de una carta pública del ex primer ministro Mir Husein Musavi, y compartida miles de veces en las redes sociales, en la que condena la reacción “violentamente sangrienta” contra una población “exhausta”.

“Más que los pobres, que están aturdidos por la dureza de su vida, las protestas se dieron entre la clase media que ha perdido nivel en estos años”, explicaba ayer Leyla, una trabajadora social que vive en una de las ciudades satélite de Teherán.

Musavi, hoy en arresto domiciliario, fue candidato en las elecciones presidenciales del 2009, que terminaron en multitudinarias protestas, conocidas como el movimiento verde. Entonces murieron 72 personas, cifra muy inferior a la que arroja la actual investigación de Anmistía Internacional: 208 fallecidos. Desde el sistema judicial se niega esta versión. Ayer el Líder Supremo, tal como lo había hecho días después comenzadas las protestas, reconoció la existencia de muertos y pidió diferenciar entre aquellos implicados en los actos violentos y los que se vieron involucrados por casualidad. El ayatolá Ali Jamenei ha responsabilizado a grupos basados en el extranjero, pero especialmente a países enemigos como EE.UU., de estar detrás de las protestas, y ha llamado “vándalos” a quienes lideraron la quema de cientos de sucursales bancarias, oficinas del Gobierno y comisarías.

En su intento por calmar el descontento que existe entre un sector de la población, el ayatolá señaló que aquellos que perdieron la vida tras verse atrapados en los enfrentamientos deben ser considerados “mártires”. Esto también significa que sus familias tendrán beneficios económicos. En esta misma línea reaccionó ayer el presidente Hasan Rohani, que ordenó la creación de un comité para investigar cómo la población ha sido afectada por las protestas. El presidente también pidió la liberación de los presos que no estaban envueltos en los hechos violentos. Según declaraciones de un parlamentario conservador, más de 7.000 personas habrían sido detenidas en las protestas.

La popularidad de Rohani, si bien ya estaba lastimada, se ha visto aún más deteriorada en los últimos días. La razón es una declaración en la que, riendo, dijo que si bien él había dado la orden de subir el precio de la gasolina, no estaba informado de cuándo iba a suceder. Esta actitud se ha unido a las críticas sobre la manera en que el régimen respondió a estas protestas y sobre su silencio frente al número de muertos.

“Aquellos que toman decisiones saben que ignorar a la gente es muy peligroso. Podrá estar silenciosa por un rato, pero sus corazones están llenos de resentimiento”, escribió en un tuit Parvane Salahshouri, una de las parlamentarias más valientes a la hora de confrontar el proceder del régimen. Como ella, muchas otras voces lo han hecho.

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