“El pueblo armado jamás será aplastado”: Ortega lanza un grito de violencia en el aniversario de la revolución sandinista

“El pueblo armado jamás será aplastado”: Ortega lanza un grito de violencia en el aniversario de la revolución sandinista

El mitin político del 19 de julio exhibió a un régimen totalmente aislado, pero que ha decidido alinearse con Rusia, y sostener la persecución contra opositores.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, presidió este 19 de julio el 42 aniversario del triunfo de la revolución sandinista en un acto político celebrado en la vieja plaza en la que guerrilleros entraron gloriosos tras derrocar al dictador Anastasio Somoza en 1979. Lejos de esa estampa guerrillera, el colorido mitin político sirvió como reafirmación de la figura del mandatario, quien busca perpetuarse en el poder con la eliminación de la competencia electoral, materializada con el encarcelamiento de seis precandidatos opositores.

Por tercera vez consecutiva (2019, 2020, 2021), Ortega no se dio su tradicional baño de masas en la Plaza la Fe este 19 de julio, fecha clave del sandinismo. El escenario volvió a montarse en la Plaza de la Revolución. En un ambiente controlado, el mandatario fue acompañado por la vicepresidenta Rosario Murillo, sus hijos, los titulares de las instituciones estatales, las jefaturas de la policía y el Ejército que él controla. “El pueblo” que lo acompañó fueron integrantes de la Juventud Sandinista, sentados en un círculo que rodeaba una enorme estrella ecléctica que también se usó el año anterior. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la ausencia de personalidades internacionales -incluso autoridades de las incondicionales Cuba, Venezuela y Bolivia-, algo que evidenció diáfanamente el aislamiento del régimen, producto de la escalada represiva.

El único invitado internacional de Ortega fue un hombre vestido de cosaco, quien, en una lengua desconocida para los nicaragüenses, saludó al aniversario de la revolución en nombre de su país: Abjasia. Se trató del canciller del microestado, reconocido únicamente por Rusia, Nicaragua, Venezuela y otras pequeñas naciones insulares de Oceanía.

Ortega dejó claro su alineamiento con la Rusia de Vladímir Putin. En paralelo a su acto en Managua, informó que una visita de Estado, encabezada por el ministro de Hacienda, Iván Acosta, y dos de sus hijos, se encontraba en Moscú. “El imperio quiere someter a la Federación Rusa, a la República Popular de China. ¡Están locos! Las potencias quieren someter a naciones como Nicaragua”, dijo en clara referencia a Washington y la Unión Europea, que han impuesto sanciones al régimen sandinista por la represión política y el cierre del espacio electoral.

Los lazos entre Nicaragua y Rusia se han vuelto más visibles en las últimas semanas, mientras la represión contra los opositores se intensifica. El 30 de junio Managua firmó un acuerdo comercial y económico con la república de Crimea, una península disputada por Rusia y Ucrania. Más reciente fueron las declaraciones de la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, el nueve de julio, en las que apoya la narrativa de Ortega, que afirma que en Nicaragua “se está gestando otro golpe de Estado” similar al estallido social que ocurrió en abril de 2018.

Amenazas a opositores
Más allá de la parafernalia política, que incluyó un largo concierto con canciones que exaltaban el nacionalismo, el antiimperialismo y hasta la violencia para “defender la soberanía”, Ortega aprovechó el acto para vociferar contra los empresarios y amenazar a los opositores.

“El pueblo unido jamás será vencido. ¡El pueblo armado jamás será aplastado! Aquí tenemos un Ejército para resguardar la soberanía nacional y contribuir a la seguridad… y una policía de lleno comprometida con la seguridad ciudadana”, sostuvo el caudillo sandinista. Ortega aprovechó la ocasión para insistir que su Gobierno superó “un intento de golpe de Estado”, financiado por los “millones y millones de dólares” provenientes del “imperio”. “En Nicaragua han puesto en práctica el terrorismo”, insistió.

“Ortega lució aislado, necesitado de recurrir a sus canciones y simbolismos de la revolución sandinista. Además lució como alguien que pretende ser amenazante con su propio pueblo al decir que el pueblo armado no será aplastado. Pero lo principal es su fabricación de un enemigo para poder mantener su autoritarismo. Eso se vio en el fascismo y los modelos totalitarios. Necesita a Estados Unidos como el gran enemigo para poder justificar la represión”, dijo a EL PAÍS Eliseo Núñez, exdiputado opositor.

La también exdiputada Edipcia Dubón dijo que el acto del 19 de julio tuvo como fin envalentonar con consignas revolucionarias a sus bases cada vez más disminuidas, según las últimas encuestas. “El régimen de Ortega tiene una soledad aplastante, como lo demostró la última votación en la Organización de Estados Americanos”, sostuvo Dubón, exiliada en Costa Rica.

Luego de anunciar que aprobó un aumento del 5% del salario en Nicaragua, Ortega cargó contra los empresarios, con quienes mantuvo una relación de “diálogo y consenso” que se fracturó a raíz de la violenta represión en 2018.

“Esto pone en evidencia (aumento de salario) a quienes han estado llamando a no trabajar, cerrar empresas: los empresarios que maldicen la vaca y se beben la leche. No les ha quedado más camino que seguir trabajando, porque están ganando. Aunque se están quejando, están ganando. Lo que pasa es que son miserables. No tiene sensibilidad con el pueblo”, dijo Ortega.

Para el exdiputado Núñez, la “economía es la mejor baza” de Ortega. “Es una economía que no ha tenido cambios en más de veinte años. Él ha continuado haciendo lo mismo que hicieron los otros gobiernos en esa materia. Así que tenemos a un régimen cada vez más solo y testarudo que, como lo dijo Ortega claramente, cree que son las armas lo que lo van a sostener”, afirmó el opositor.

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