El partido de Mandela, en horas bajas

El partido de Mandela, en horas bajas

Sudáfrica acude el miércoles a las urnas en medio de una grave crisis económica

Durante la campaña electoral, el presidente Cyril Ramaphosa ha pedido al electorado de 27 millones de personas respaldar una vez más al Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) en las elecciones generales del 8 de mayo. Las encuestas le otorgan cerca del 60% de los votos a pesar de encontrarse en sus horas más bajas debido a los escándalos, la corrupción endémica, el desempleo (con una tasa oficial del 27%) y la grave crisis económica (agravado por un débil crecimiento y el aumento de la deuda pública). La pregunta clave es si el partido de liberación más antiguo de África gobernará o no con mayoría absoluta.

El votante del ANC es leal pero está harto de la gestión del partido gobernante y del saqueo constante de las instituciones por parte de la administración anterior de Jacob Zuma. Hace un año parecía posible que el partido gobernante perdiera el poder, sin embargo la caída de Zuma el 14 de febrero de 2018 y el relevo de Ramaphosa calmó un poco los ánimos (los medios locales llamaron a este fenómeno Ramaphoria). A pesar del cambio de timón, la paciencia de los sudafricanos con el partido que revolucionó la lucha contra el apartheid se está agotando. El ANC llegó al poder hace 25 años prometiendo «Una vida mejor para todos»: vivienda, servicios, educación y empleos para los negros que fueron discriminados durante décadas. Sin embargo, la mayoría de sudafricanos son cada vez más pobres, gran parte de la población negra malviven en «townships» y el mercado laboral aún les discrimina salarialmente. Sudáfrica no es una sociedad más segura ni equitativa: «No podemos ser una nación de personas libres cuando muchos aún viven en la pobreza», dijo Ramaphosa en una ceremonia en Makhanda.

¿Quién lidera la oposición?

La Alianza Democrática (DA, por sus siglas en inglés) - tradicionalmente asociada al voto de la minoría blanca- lidera la oposición con Mmusi Maimane (apodado el Obama sudafricano) como máximo dirigente. Maimane, criado en Soweto y primer líder nacional negro del partido, asegura ser el único de los grandes representantes políticos que apuesta por una Sudáfrica «no racial». El empresario, de 39 años, pidió a los votantes que rompan la costumbre de votar en función de la «raza».

El partido de Maimane logró unos buenos resultados en las municipales de 2016, ganando en ciudades como Pretoria y Johannesburgo, gracias a los apoyos del tercer partido más importante del país, los Combatientes por la Libertad Económica (EFF) del controvertido y desafiante Julius Malema. El partido de extrema izquierda ha impulsado reformas populistas como polémica ley de expropiación sin compensación que fue aprobada por el parlamento hace un año, una medida que ha defendido Ramaphosa -con matices- para asegurarse el voto de las bases tradicionales y que asusta a los inversores extranjeros. Malema, quién formó parte del ANC de 1990 a 2012, tiene el apoyo de los jóvenes, los más pobres y los eternamente desencantados con el partido gobernante.

Las encuestas otorgan al DA entre un 16-24% de los votos (en las pasadas elecciones logró un 22%) y al EFF, entre un 10-15% (una cifra superior al 6% logrado en 2014). Dos partidos que son polos opuestos pero tienen un enemigo común: el hasta ahora «todopoderoso» ANC.

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